A pesar de los controles, no todas las balanzas dan el peso exacto
La viveza criolla alcanzó también al rubro balanzas y, con tal de ganar algún gramo, muchas son las mañas y variados los recursos empleados para obtener una ganancia extra de los incautos consumidores. Las estrategias para alterar una balanza pueden ir desde la utilización de pesas de madera con menor gramaje o de metal pero ahuecadas, pasando por la no utilización de la «tara 0″. Otros forjan el engaño al colocar grasa de carne en el plato o colgar una medallita en algún lado de la balanza provocando un desnivel que hace variar el peso. Incluso, los instrumentos electrónicos que determinan el peso exacto es posible que sean manipulados.
Recientemente LA REPUBLICA recibió la denuncia de una persona interesada en abrir una carnicería a la que le ofrecieron dos tipos de balanzas: las convencionales o «las arregladas».
«Así que se pueden conseguir balanzas adulteradas», preguntó el futuro comerciante», y la respuesta recibida fue contundente «Claro, cuando pesás un kilo, en realidad estás vendiendo varios gramos menos».
El ingeniero Luis García y Santos, director de Metrología Legal, dependiente del Laboratorio Tecnológico del Uruguay (LATU), dijo a LA REPUBLICA que todas las balanzas «al igual a cómo se hace con el mecanismo de los relojes, pueden regularse según la conveniencia propia».
Uno de los problemas que surge actualmente es el crecimiento en la diversidad de productos que se venden sin que el consumidor observe cuando es cuantificado en kilogramos, litros o metros. Estos tienen la denominación de «premedidos». La tendencia actual es vender empaquetado o envasado, principalmente en los supermercados, lo que implica que el comprador no tenga la certeza de si realmente compró un kilo exacto de, por ejemplo, yerba, azúcar o fideos o si por la compra obtuvo 900 gramos del producto. Se estima que el 80% de los productos se comercializa de esta forma.
La dirección de Metrología Legal es la encargada de reglamentar y controlar la utilización de instrumentos de medición como balanzas, surtidores eléctricos, taxímetros, termómetros, aparatos de presión, radares y calderas de presión, entre otros.
Su director, García y Santos, explicó que para poner en el mercado una balanza, su modelo debe previamente ser aprobado por el organismo técnico del LATU, que analiza las características metrológicas, técnicas y de calidad exigidas por reglamento. Todos los instrumentos de medición debidamente autorizados tienen que llevar el sello distintivo del LATU
Una vez al año, inspectores de esta dependencia estatal revisan las balanzas para comprobar su correcto funcionamiento, pero según indicó el propio jerarca, «todo instrumento tiene su forma de ajuste y más allá de que se realice un precintado, es posible su manipulación». Dijo que en el caso de la persona que ofreció una balanza adulterada, ocurre aquello de «hecha la ley, hecha la trampa», ya que este aparato puede desajustarse voluntariamente mediante la manipulación de un dispositivo electrónico, «de tal forma que la balanza marque cero y cumpla con la tolerancia».
El jerarca del LATU puso como ejemplo de las trampas al cliente por una incorrecta utilización de los aparatos de medida que el comprador no vea cuando se le pesa el producto, o no se le descuente el peso de un recipiente en el que se colocará, por ejemplo, mermelada o dulces. También se comprobó la utilización de «pesas fraudulentas», como en el caso de las denominadas balanzas «pata de cabra», utilizadas básicamente en las ferias a pesar de que su uso está prohibido. «Estas son las famosas balanzas del kilo de frutillas de 800 gramos», enfatizó García y Santos.
La viveza criolla también aparece en el suministro de combustibles, cuando por ejemplo en un tanque de un vehículo con una capacidad máxima de 50 litros, según el medidor de la estación de servicio se expendieron 60. Lo que ocurrió es que los primeros 10 litros se introdujeron en una damajuana sin que el conductor lo percibiera y el resto fue directo al tanque. Otra maniobra con combustibles se realiza pero a nivel de los transportistas cuando se colocan baldes de 20 litros, colgados de una barra en el interior de su camión cisterna, y de esta manera se recolecta el producto que luego es descargado en determinadas estaciones.
A nivel de los taxis la maniobra fraudulenta consistió en la utilización de una «ruedita de menores dimensiones» en los taxímetros, lo que genera que las fichas bajen más rápidamente.
Una serie de causas puede llevar a variar las medidas, ya sea mediante dolo o por negligencia del dueño del instrumento. *
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