Crítica visión de la Iglesia sobre la realidad uruguaya
La Conferencia Episcopal Uruguaya (CEU) presentó ayer las nuevas orientaciones pastorales que regirán el rumbo de la iglesia hasta el año 2006. En un documento de 40 páginas, la Institución Católica de nuestro país elaboró un exhaustivo diagnóstico de nuestra realidad, con sus luces y sombras, que demandó seis meses de preparación y contó con el aval de todos los obispos.
Las máximas jerarquías eclesiales se comprometieron a ser una «iglesia servidora de la vida y de la esperanza», siendo más testimonial, mariana, comunitaria, solidaria, comprometida con la familia y la ecología.
Los prelados manifestaron su preocupación por el aumento en la tendencia al economicismo, que «mide los éxitos y fracasos para numerosas personas».
El documento propone una visión crítica sobre la desocupación, el deterioro de los servicios públicos la destrucción del medio ambiente, responsabilizando de estas calaminades a la globalización y la aplicación de las leyes de mercado. Los obispos denunciaron que «muchos son los que trabajan por un plato de comida», producto de una creciente inestabilidad laboral que favorece la marginación y la pobreza, la escasez de viviendas y la multiplicación de asentamientos. «Hoy la pobreza tiene nuevos rostros», afirma el manifiesto, que recuerda a los niños en situación de calle, la discriminación a la mujer y el desamparo ante el poder económico.
Propusieron fortalecer las instituciones públicas y privadas, a fin de evitar la corrupción, y aplicar una adecuada política económica, «para establecer prioridades según las necesidades reales de las grandes mayorías.»
En el capítulo denominado «Discernimiento de nuestra realidad», los obispos establecen como signos positivos la mayor conciencia ecológica, la donación de órganos y las diversas manifestaciones que defienden nuestra identidad cultural.
Destacan también las movilizaciones en defensa del derecho a la tierra, a vivir y a trabajar en el campo y la lucha por un presupuesto digno. Asimismo enfatizan el rol del movimiento cooperativista, especialmente el de vivienda y la creciente conciencia sobre el tema de los derechos humanos.
Por el contrario, critican las políticas crediticias selectivas, la extranjerización de la propiedad, la carencia de una política de distribución de la tierra, las explotaciones forestales como agresión a la naturaleza, la imperante mentalidad neoliberal y la ausencia de utopías.
Luces y sombras uruguayas
Los obispos católicos elaboraron un diagnóstico sobre política, educación, economía, cultura, familia, medios de comunicación social, medio ambiente, informatización y fenómeno religioso.
En lo político, aprecian una mayor sensibilidad en torno a los valores éticos. Sin embargo, observan un «cierto desencanto y desilusión hacia lo político», lo que adjudican a los casos de corrupción, el partidismo político, el clientelismo, la crisis de liderazgo y la reducción de lo político a lo económico.
Detectan una cierta «radicalidad y virulencia» en los partidos que, «por no buscar sobre todo el bien común del país, degenera a veces en la división y la fragmentación de la sociedad».
Con respecto a la economía, la CEU explica que el fenómeno de la globalización, especialmente el económico, acarrea ciertas consecuencias positivas como el fortalecimiento del proceso de unidad de los países de la región. «Sin embargo, cuando sólo se rige por las leyes del mercado aplicadas según la conveniencia de los poderosos, tiene consecuencias gravemente negativas»
Ante esta realidad, los obispos afirman que no se vislumbran con claridad formas alternativas de organización económica. Recalcan que «el sector agropecuario es víctima del desamparo de una justicia social que defienda a sus trabajadores, sobre todo a los asalariados rurales que viven en situaciones realmente deplorables e injustas.
» No obstante, destacan como signo positivo las manifestaciones sociales de los diversos actores sociales, como una de las formas de participación de la sociedad civil. En lo cultural, la Iglesia Católica detectó que el disfrute compulsivo de lo inmediato dificulta el asumir compromisos estables, mientras que los valores «pierden hoy fuerza de atracción». En materia educativa, se destacó un mayor diálogo en el proceso de la reforma educativa, aunque se admite una caída de la calidad de la instrucción que se imparte. *
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