"Me exigían mucho"
«Vine a España con mucha ilusión pensando que era una oportunidad para ingresar en su Ejército, pero pedí la baja porque nunca me había sentido tan presionado».
Así de rotundo se expresa el uruguayo José Fabián Miglioni Cisneros, de 18 años, que posee la nacionalidad española y que abandonó el cuartel de Hoyo de Manzanares (Madrid), apenas dos semanas después de comenzar su formación militar. Hoy vive de la caridad del cónsul de Uruguay en España hasta que su madre pensionista pueda conseguir un crédito para comprarle un pasaje de vuelta que cuesta cerca de mil dólares
José Fabián es uno de los 30 jóvenes hijos de emigrantes españoles que llegaron a España para incorporarse a las Fuerzas Armadas profesionales y renunció a continuar en sus filas.
«Quiero aclarar que en ningún momento los militares me insultaron o me maltrataron, pero a medida que pasaban los días me di cuenta de que esto no era lo mío. Me exigían mucho…», comentó al diario madrileño La Razón.
Desde Montevideo, su madre, Eva Cisneros, acusó a la misión diplomática española en Uruguay de no atender la petición de su hijo para lograr su repatriación. Mientras, en Madrid, en una modesta pensión, José Fabián afirma que se siente en cierta medida «engañado», porque lo que le explicaron en Uruguay los militares españoles no se ajusta a la realidad que ha vivido en estas últimas dos semanas. «Me dijeron que pasaría un período de formación de dos meses para conocer cómo son las Fuerzas Armadas españolas y adaptarme al nuevo tipo de vida y que en ese tiempo ganaría unos U$S 500 dólares al mes, pero después todo cambió, y eran sólo 50.000 pesetas durante ese tiempo de formación».
En Montevideo, su madre, Eva Cisneros, ha tratado de conseguir infructuosamente un préstamo para pagar el boleto aéreo de regreso para su hijo, lo cual no ha podido conseguir porque no le alcanza la pensión. Mientras tanto, un funcionario del Consulado uruguayo en Madrid paga de su propio bolsillo la manutención y la pensión del joven.
La Razón preguntó a Eva Cisneros sobre los motivos que indujeron a su hijo a abandonar el Ejército: «El régimen de vida no tenía nada que ver con las cartas, folletos y los CD informativos que le enviaron y que mi hijo me dejó cuando se fue». Asegura que Fabián le dijo que lo iban a echar de la pensión y que probablemente si no se soluciona pronto su salida lo enviarán a un albergue donde pernoctan los mendigos. «Mi hijo me ha dicho que antes de irse a un albergue prefería quedarse frente al Consulado uruguayo, durmiendo en un parque. Incluso, cuando salió del cuartel, durmió una noche en una plaza».
Eva Cisneros precisó que un funcionario del Consulado de Uruguay en Madrid, que se identificó como Jorge Figuereiro, le dijo que no disponían de dinero para abonar el pasaje de vuelta de su hijo. En opinión de su madre «los chicos fueron engañados». Cisneros había señalado a LA REPUBLICA que su hijo se sentía en una cárcel y había pasado hambre. Desde el diario madrileño se informó que el joven iba a almorzar a comedores públicos donde concurren los mendigos.
Me llamaba desde el cuartel y me decía que se sentía como si estuviera en una cárcel. Me contó que en una misma habitación dormían ocho chicos, que los hacían subir colinas de trescientos metros con mochilas cargadas con un peso enorme. Incluso, un día fue arrestado en la formación porque no estaba en posición de firme», concluyó. *
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