Los números tampoco son de trapo
Algunos inadvertidos lectores siguen aferrados, tenaces e implacables, a la curiosa tesis de que el siglo XXI y el tercer milenio comenzaron el pasado 31 de diciembre, y es así que han enviado extensos mensajes en los que intentan una nueva ofensiva contra la correcta aseveración de que estamos viviendo el último siglo del segundo milenio y el último año del vigésimo siglo.
Recuerdo a los lectores mi argumento de que la confusión parte del hecho que festejamos el aniversario de las personas una vez que cumplieron un nuevo año, es decir, cuando ha transcurrido y finalizado ese lapso, al revés de la celebración (con los consiguientes excesos gastronómicos y alcohólicos) de los 31 de diciembre, en que el festejo es por la llegada del nuevo año. A partir del momento en que una persona (o cualquier otra cosa) nace (o comienza su existencia) está viviendo su primer año de vida, o sea su año número uno y no su año cero.
Veamos si con este ejemplo las cosas resultan más claras. El pasado 1 de marzo comenzó el gobierno del doctor Batlle. Desde entonces hasta el primero de marzo de 2001 será su primer año de gobierno, su año número uno; en esa fecha cumplirá un año de gobierno y comenzará su segundo año que finalizará el 1 de marzo de 2002, cuando cumplirá dos años al frente del Ejecutivo y comenzará su año número tres. Y así sucesivamente hasta concluir sus cinco años de mandato, cosa que se verificará el 1 de marzo de 2005.
Cuando se trata de contar cosas, el cero no existe. Supongamos que un constructor necesita, para una reforma, 10 sacos de portland. Los compra en la barraca y el camión se los lleva. El capataz, hombre prolijo y ordenado si los hay, decide numerarlos para un mejor control; para ello toma un marcador y comienza a escribir sobre cada uno de ellos un número. ¿Alguien puede imaginar a un albañil (o a un arquitecto) que escribiera sobre el primer saco el número cero? Si así lo hiciera, el décimo saco llevaría el número nueve y no el diez, lo cual podría prestarse a enojosas confusiones. Pero aun sin escribir un número sobre cada saco, parece de toda lógica que cuando ha gastado nueve bolsas y abre la última, empieza a usar el cemento de la bolsa número diez. Del mismo modo, al comenzar la obra, cuando el albañil abre un saco y extrae un balde, está gastando el contenido de la bolsa número uno aunque la misma no esté terminada, y diremos que usó una determinada fracción del contenido, pongamos unos diez kilos (poco importa cómo se exprese: 1/5, o 0,20), del primer saco.
Desde la medianoche del 31 de diciembre pasado estamos viviendo el año 2000, lo que equivale a decir que está transcurriendo ese año pero que no ha concluido, por lo que nuestra Era Cristiana tiene una edad de 1999 años y fracción. Y sólo se cumplirán dos mil años (veinte siglos o dos milenios) del nacimiento del Nazareno en la medianoche del próximo 31 de diciembre.
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