Desde el asiento de los bobos

Nadie y nada

Por Horacio Buscaglia

 

–Buenos días, señor. Ando buscando a alguien que tenga tiempo para escucharme.

–Que pena. Yo tengo tiempo para perder, tengo tiempo muerto y tengo para hacer tiempo. Pero para escuchar, no gracias, recién tiré.

–Nadie me da bola.

–¿Y por qué no habla con él, si le da bola?

–Nadie escucha a nadie.

–Ah, es por eso que no habla. El que sólo se escucha a sí mismo, no llega muy lejos.

–Nadie quiere llegar a nada.

–Me lo imaginaba. Hoy todos quieren ir para allí, la nada se ha puesto de moda.

–Pero eso ya pasó en los años 50, con los existencialistas.

–Yo me refiero a la «nada por aquí, nada por allá». Al ilusionismo.

–Me gustaría tener una ilusión.

–Sí, pero las ilusiones no se adaptan al cautiverio. Los sueños son más dóciles y aprenden enseguida.

–Es cierto, y son muy buenos con los niños y algunos resultan ser muy guardianes.

–Eso sí, a los sueños hay que sacarlos a pasear de noche, si no se ponen inquietos y no te dejan dormir. Se desesperan.

–Nadie espera nada.

–¿Nadie la espera y ella no llega?

–Es que Nadie hace nada.

–Y después que la hizo, ¿qué hace con ella?

–Nada.

–Ah, recicla

–Nada sirve para nada.

–No tiene por qué repetírmelo. Ya lo entendí, me lo acaba de explicar.

–Aquí no pasa nada.

–Le cambiaron el recorrido, ahora pasa por la otra cuadra.

–Nadie entiende a nadie.

–Por eso Nadie se lleva muy bien con nadie.

–En fin, nadie habla con nadie

–Y es por eso que Nadie sabe lo que hablan todos.

–Sí, Nadie sabe, pero no lo cuenta.

–Y bue… Nadie siempre fue así.

–¿Así cómo?

–Como si fuera nada pero con cara.

–Con cara de querer ser alguien.

–Ser alguien o ser otro.

–Nadie quiere ser otro más.

Hablando de eso, no podría hacerse un lugar para poder escucharme.

–Podría hacérmelo, pero cuando termine de construirlo, usted, seguramente, ya no querrá hablar de nada.

–Por supuesto, porque de eso hablamos hasta ahora. Yo no quería hablar de nada, sólo quería encontrar a alguien que me escuchara.

–Bueno, si es así me voy.

–Adiós y muchas gracias por todo.

–De nada.

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