Definiendo claramente al enemigo
Por Horacio Buscaglia
Joan es escocesa, y durante años llevó una vida de placer, vergüenza y desconcierto. Un mozo la ayudó a sacarse el tapado en un restaurante y rozó apenas su hombro con sus dedos. Joan tuvo un orgasmo inmediato. No pudo casarse con el mozo, ni siquiera salir con él, era homosexual. Otro día un gato de Angora se frotó contra su pierna y ringui ranga, otro orgasmo mayúsculo. La posibilidad de establecer una relación con el felino no cuajó. Era gata y además estaba operada. Y para peor, era negra. Otro día un cobrador llegó a la puerta de su casa y en cuanto ella escuchó sonar el timbre tuvo otro orgasmo tan expresivo que el cobrador volteó la puerta de una patada, impresionado por los gritos de Joan. Así como entró se quedó con ella durante tres meses, donde tocó timbres, habló por portero eléctrico, hizo sonar campanillas, golpeó las manos, dijo: «Ave María purísima, hay gente en casa», hizo sonar la bocina de varios autos, tocó una corneta de cumpleaños… pero nada. Joan ni siquiera se excitaba. La desconcertada Joan tuvo intentos fallidos de amoríos con una alcachofa, un cinturón de cuero de cocodrilo, una porcelana china, con su marido y con un secador de pelo. En todos los casos la cosa comenzaba siempre con un orgasmo incontrolable que luego no se repetía. La última vez que sufrió el problema la mujer iba conduciendo un automóvil acompañada de su hermana. De repente fue invadida por una sensación de placer tan fuerte que hubo de detener el coche a un lado de la carretera. Allí perdió el sentido durante dos minutos, según explica en la revista «The Lancet» el neurólogo que la examinó. Los médicos le sometieron a varias pruebas que revelaron la existencia de una malformación arterial en el cerebro, que podía provocarle una hemorragia y que fue la causante de sus orgasmos incontrolados. Tras ser operada los trastornos desaparecieron. Hoy se la ve triste y deprimida, se separó de su marido y piensa demandar a los médicos que la operaron.
Centenares de mujeres han concurrido al sanatorio donde ella se trató, buscando la posibilidad de que les realicen artificialmente aquella malformación.
Tras cartón, como ya informamos hace un tiempo, un médico, enemigo de la raza humana masculina, un ser despreciable y peligroso como el cirujano anestesista Stuart Meloy de EEUU, inventó una implantación electrónica (tipo marcapasos) que puede producir orgasmos instantáneos en las mujeres sin necesidad del acto sexual.
¿Te imaginás?
–«Perdoná, no sé qué fue lo que me pasó, estaba desconcentrado».
–«No te preocupes, apretá aquí donde dice ON que para mí ya alcanza».
El viejo y querido pene, suplantado por una pila alcalina. ¿Dónde vamos a parar? (Nunca fue tan oportuna esta pregunta, como en este caso).
Y ya andan por allí algunos eunucos físicos y mentales que promueven los robots acompañantes fabricados a imagen y semejanza del «hombre ideal» de la compradora, y hay otros fascistas del coito, que hablan de instalar un chip en el cerebro que pueda producir los sueños eróticos que la mujer desee.
Es en contra de estos bastardos de la humanidad que hay que hacer un seminario, general Seregni, contra éstos hay que unir todas las fuerzas.
Porque esto sí que es serio, lo demás son pavadas. Paparruchas.
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