Tiene la palabra

Encontraron a mi hermano… muerto

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

El internet acerca y desacerca al mundo, pero esta vez me trajo un correo electrónico que me acerca a mí mismo, porque en él me cuentan que fueron encontrados los restos de mi hermano, asesinado en 1976 en Bolivia, por el gobierno de Banzer cuando era dictador no electo.

Entonces me trae también un montón de recuerdos que están ahí, y que de cuando en vez aparecen y golpean o acarician, según sea el ánimo de la memoria o de la soledad que anima la memoria. Ahora miro la computadora y de alguna manera me imagino que te estoy viendo, Enrique o Guille. ¡Qué importa el nombre hermano!

Lo primero que se me ocurre es que nunca llegamos a conocernos y, sin embargo, nos conocimos tanto. Pero los pensares van de un lugar a otro como queriendo ubicar rincones pasados y pisados alguna vez, ideas, miradas, hechos marcados por el vértigo de una época que se construía en cada minuto.

Me acuerdo entonces cuando te iba a visitar a Punta Carretas, aquel ambiente de solidaridad y ternura casi inimaginable entre aquellos jóvenes tupamaros presos, que como los de afuera construían la historia en cada hacer, en cada decir, apurados a veces pero siempre construyendo. Después vino el viaje al «destierro» en Chile para seguir edificando sueños, pero siempre con la mirada en el paisito.

Aquellos encuentros con Costa Gavras para asesorarle en la película Estado de Sitio, que contaría un pedacito de la historia tupamara.

Los viajes a Cuba y la posterior instalación en Buenos Aires en aquel 1973, año del retorno del espejismo peronista al que fustigabas duramente.

En la capital argentina había que crear la Junta de Coordinación Revolucionaria junto a Miguel Enríquez del MIR chileno, la gente del ELN boliviano y Mario Roberto Santucho del ERP, de quien dijiste alguna vez que era una especie de Bebe argentino.

Había que construir una estructura que unificara organizaciones revolucionarias en la palabra y en la acción, sobre todo en la acción. Era un desafío y te dedicaste entero, como te dedicabas a cualquier desafío desde que eras gurí. Te jugaste la vida en cada minuto para llevar adelante esa construcción, pero siempre estabas pensando en el paisito.

En los compañeros que caían cada día, en los que trabajan uniendo retazos para pelearle un lugar a la derrota. No podías ver eso desde la otra orilla sin mojarte en el río, entonces en julio de aquel 73 te fuiste a Montevideo.

Me acuerdo que yo y Daniel vivíamos en Buenos Aires y cuando insistimos en ir a Montevideo en las vacaciones nos dijiste que no podíamos movernos de allí. Sabías que si caías te podían presionar con nosotros. Un compañero me decía el otro día, también por correo electrónico, que recordaba cuando su viejo lo fue a visitar en el penal de Libertad y le comentó que estabas en Montevideo.

Me lo contaba con el asombro y la admiración que saben conservar los años. Recordaba también los tiempos del liceo y aquellos viajes a Salto para reconstruir la memoria de nuestro viejo que había muerto cuando vos tenías doce años y yo dos. Y la vieja se quedaba con cinco hijos a cuesta. Batllista el viejo, pero de los de antes, jugado con su medicina de pueblo en aquel Constitución de los 50 y 60. Buscabas aquellas raíces que permanentemente estamos buscando. La situación de julio del 73 en Montevideo era demasiado jodida y los contactos fallaban uno tras otro, hasta aquel último que te clarificó el panorama. El compañero, que en ese instante estaba preso, llegó al lugar de la cita con los milicos atrás, pero te vio y no te cantó. Los había llevado al lugar masacrado por tanta tortura, pero te vio y no te señaló, transformando aquello en un alerta de cómo estaban las cosas.

Lo único que quedaba era cruzar el charco nuevamente y seguir la construcción de la Junta, seguir produciendo recursos para un día regresar a reorganizar el MLN allá adentro, donde debía estar. Pero a veces la historia corre más rápida que los pensamientos y las estrategias, y mientras vos te jugabas en cada acción había otros constructores del verso, renunciantes, que sin poner el pellejo hablaban mucho y dividían para terminar pasándola bien en algún lado.

Como vos no estabas para el verso preferiste abrirte y seguir el mismo camino en otras tierras. «La revolución se hace en cualquier parte», decías. Eras demasiado joven y creías en la política como un manifiesto de la ética, ahora te imagino demasiado ingenuo, sin la «calle» necesaria que tenían otros. Entonces, como correspondía, repartiste lo que le tocaba a cada quien y te fuiste a Bolivia tras una ilusión: la posibilidad de tumbar la dictadura de Banzer mediante la alianza del ELN con el ex presidente Juan José Torres (el general proletario lo había denominado Rodolfo Walsh) y su gente. Y a iniciar la construcción nuevamente porque, como era obvio, mucho de lo que decía tener trabajado la gente del ELN, era verso. Pero bueno, no estabas para cuestionar versos sino para hacer, para seguir construyendo ese mundo mejor que habías visto construir en Cuba, habías leído en los libros y lo viste en aquella solidaridad de Punta Carretas. Alguien podría decir ahora que tus acciones no eran pragmáticas sino demasiado soñadoras, idealistas tal vez. No sé, a mí se me ocurre ahora que tus acciones eran tupamaras, eran las actitudes que debía tener cualquier tupamaro de verdad en aquel momento, no los renunciantes y los que se acomodaron sin pensar en aquellos que estaban presos. Hace poco, conversando con algunos compañeros llegamos a la conclusión de que ser tupamaro era como una forma de ser o un estado de ánimo, más allá de la organicidad o el apego a una estructura o a un aparato. Creo que cada paso que dabas estaba marcado por ese estado de ánimo, por esa forma de ser. Pero ahora me dicen que tus restos están en La Paz mientras Banzer reprime a los campesinos, indígenas y trabajadores en la calles, igual que en aquel 1976. Y recuerdo que de la misma forma que vos ponías todo en la construcción, había quienes ponían todo en la destrucción, y mediante el Plan Cóndor se unían para golpear a las fuerzas de cambio del Cono Sur.

Y en uno de esos golpes llegan a vos y Silveti (secretario de Juan José Torres), allá en Cochabamba. Un tiroteo de dos horas hasta dejar la última bala antes de caer herido, antes de que te lleven a morir en la tortura. Después, la mentira de los comunicados oficiales se encargaría de decir que habías muerto en el enfrentamiento. Después el ministro del Interior boliviano, general Pereda Azbún, se fue a reunir con sus pares uruguayos en Montevideo para darles cuenta que la red del Cóndor había cumplido su cometido.

Disculpá, no me quiero poner demasiado dramático porque ni vos ni yo somos amigos del drama, pero la memoria de la soledad a veces nos transforma y hace que la palabra se duela.

En todo caso, ahora, cuando la memoria de la soledad, y la palabra, y los ojos, y el alcohol y el correo electrónico te acercan nuevamente, me pregunto de qué sirven los restos. Más allá de tus restos, o de un lugar donde llevarte alguna flor, está el recuerdo vivo de tu hacer, la memoria viva de ese estado de ánimo de que hablamos antes, cuando la situación de la América es mucho peor. Cuando las redes del cóndor siguen interconectadas aunque supuestamente se terminaron en aquellos años.

Cuando imponen el Plan Colombia, que es algo así como una continuación del cóndor porque en esencia persigue los mismos objetivos. Entonces se me ocurre que lo importante es mantener vivo ese estado de ánimo. No vas a tener u
na estatua, imaginate que ni el Bebe la tiene en un Montevideo frenteamplista, ni una calle, ni una fundación con tu nombre, y al fin de cuentas cuál era tu nombre después de tantos.

Tal vez ni siquiera estés en la historia, que siempre es contada por los triunfadores. Eso no importa, estás ahí y aquí y en cualquier rincón hermano, y por eso siempre habrá una oportunidad como esta para enviarte un abrazo y decirte que habrá patria para todos.

Kintto Lucas

 

Copce inicia acciones penales

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Con fecha 18 de mayo del corriente, circuló una nota firmada por las señoras Norma Sandres, Martha Dávila e Isabel Larrea, en la que se involucra a nuestra Cooperativa Copce utilizando entre otros un comparativo con las «Patronales reaccionarias».

Dicha nota fue además publicada en el matutino LA REPUBLICA en su sección «Carta de los Lectores» con fecha 23 del corriente.

Diversas resultaron las emociones que provocó entre nosotras semejante injusticia, pero por votación unánime de las compañeras, decidimos:

1. Contestar públicamente las ofensas gratuitas y alusivas que se incluyen en la nota referente.

2. Iniciar acción penal por difamación y daños y perjuicios contra las firmantes.

3. Hacer uso del derecho de réplica que nos asiste en el matutino LA REPUBLICA.

Lejos de aplicar «políticas habituales en patronales reaccionarias», lo primero que debemos aclarar es que con fecha 10 del corriente mes de mayo las señoras Norma Sandres, Martha Dávila e Isabel Larrea, cobraron respectivamente las sumas de $ 4.071, $ 3.367 y $ 3.769, por concepto de saldo de comisiones generadas por ventas para UCAR Cooperativa. Según recibos que se encuentran en nuestro poder teniendo en cuenta además:

A. Que las compañeras socias de Copce no cobraron aún a la fecha de la presente los haberes correspondientes al mes de marzo 2001.

B. Que UCAR no abonó aún a la fecha de la presente las comisiones generadas del mes, lo que habitualmente hace con un cheque a 60 y/o 90 días el día 28 o 29 del mes.

Analizando detenidamente las siguientes fechas, nos preguntamos qué puede haber detrás de toda esta «comedia»:

– 10.05.2001 Se les abona a estas señoras los saldos adeudados.

– 14.05.2001 Las señoras se presentan en el sindicato a plantear «su justa demanda» ¿?

– En esta ocasión la señora Norma Sandres manifiesta en presencia del compañero Domingo Curras que «días antes la compañera Adriana le había adelantado el último dinero que había en caja para pagar la luz de su casa.

– 18.05.2001 Las señoras hacen pública la nota referida.

– 23.05.2001 LA REPUBLICA publica la nota enviada por las señoras.

Es bueno recordar, como las señoras manifiestan, que las personas que intervinieron en la experiencia con UCAR eran cinco y no sólo ellas tres.

Es bueno recordar también que la trayectoria sindical de las compañeras socias de Copce, como defensoras de los derechos de los trabajadores, no tiene dos días de conocida y es menester resaltar, que como en esta oportunidad, y como lo sabe todo el Gremio, no es la primera vez que las socias de la Radio, postergan su propio salario para abonar las prioridades que se entiendan convenientes, y este era un caso de prioridad, digamos que por principios.

Entendemos asimismo que no es éste el ámbito para contestar el resto de los calificativos y juicios de valor que surgen de la nota firmada por estas tres señoras, que atentan y agravian a personas, pero por sobre todo a la Cooperativa, por la que todo el Gremio tanto ha dejado.

La justicia será pues el ámbito para verificar quién dice la verdad, a pesar de que somos conscientes de los perjuicios que podemos sufrir. Pero por una vez, entiendan compañeros que no podemos tolerar agresiones gratuitas, ahora de personas ajenas a nuestro Gremio.

Como finalizan las señoras su nota: «Queda en ustedes llegar a sus propias conclusiones».

Consejo Directivo de Copce:

Adriana Giménez, Nahyr Canale y Caroline Smit

 

Agradecimiento al personal del Pereira Rossell

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

De mi mayor consideración:

Me dirijo a usted a efectos de explicar y exponer mi más profundo agradecimiento al cuerpo médico, nurse, auxiliares de enfermería, auxiliares de servicios y tisanería, del sector Pediátrico C del Centro Hospitalario Pereira Rossell, con motivo de la internación que debiera tener mi hija Ionara Jackeline González Piquillén desde el día 8 al 17 de mayo inclusive.

En virtud de las carencias que hoy en día debido a la crisis poseen los hospitales del Ministerio de Salud Pública, a pesar de ello en dicho lugar hay un alto grado de profesionalismo, humanidad y calor humano en todos los sectores anteriormente nombrados.

Deseo agradecer públicamente el esfuerzo por la recuperación de mi hija y el trato recibido.

Lo que demuestra el excelente grado de profesionales que tenemos en nuestro país.

Que muchos no valoramos y que no necesitamos cruzar las fronteras para encontrarlos.

Sin más, saluda muy atentamente,

Bernardo Javier González Beloqui – CI 4.116.041-7

 

A los lectores

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