El comienzo de la resistencia obrera
Montevideo conoció sus primeras acciones de destaque gremial, impulsadas por los trabajadores de las imprentas, agrupados desde 1870 cuando se funda la Sociedad Tipográfica Montevideana.
En 1875, marcada por una clara prédica anarquista, se fundaría con la participación de varios gremios la Asociación Internacional de Trabajadores, que diez años después se transformaría en la Federación Local de los Trabajadores del Uruguay.
Estos intentos de centrales sindicales se vivieron en medio de movilizaciones y huelgas, poniendo énfasis en aumentos de salarios, reconocimiento al derecho de agremiación, teniendo como eje principal la reducción de la jornada laboral que llegaba a quince y dieciséis horas.
Las concentraciones obreras
Con la derrota del alzamiento nacionalista de 1904, se cierra definitivamente el período de guerras civiles y el país queda unificado bajo la autoridad incontrastable de Montevideo y el gobierno de José Batlle y Ordóñez.
Se abre un camino de desarrollo económico con la formación de comercios, industrias, talleres, así como la creación de importantes complejos frigoríficos que comienza cuando en 1902 un grupo de financistas ingleses y hacendados encabezados por Manuel Lessa, dirigente de la Asociación Rural, comienzan a construir La Frigorífica Uruguaya SA, con sus instalaciones en el Cerro de Montevideo.
Pero también los obreros se organizan con mayor fuerza ante el surgimiento de este ingreso de capitalistas levantando fábricas y creando nuevas fuentes laborales que llevan a la necesidad de plantear postulados reivindicativos ante las duras condiciones de trabajo que vivían los asalariados.
Dos nuevas centrales los nucleaban, la Federación Obrera Regional Uruguaya (FORU) de orientación anarquista, por lejos mayoritaria, y la Unión General de Trabajadores (UGT), con predominio socialista.
En esos años los ingleses entre las varias empresas de las que eran propietarios, como el ferrocarril, Aguas Corrientes, la Compañía de Gas y los primeros frigoríficos, el Gran Parque Central, utilizado por el Club Nacional de Football y el Hotel de los Pocitos, se encontraba La Comercial, una compañía dedicada al transporte de pasajeros de Montevideo, servicio que se cumplía, desde el 19 de noviembre de 1906, en tranvías eléctricos. La otra empresa era «La Transatlántica», constituida por capitales alemanes y que contaba con dos directorios, uno en Montevideo y otro en Berlín, pero la empresa inglesa era más importante en red vial (132 kilómetros de vías), instalaciones, tranvías, talleres y depósitos, contando con un personal de 1.250 funcionarios distribuidos en diversas tareas.
El conflicto tranviario
En su libro «Las clases populares en el Uruguay del novecientos» su autor, Universindo Rodríguez Díaz sostiene: «Las condiciones laborales de los funcionarios tranviarios de talleres, guardas y motorman eran sumamente rigurosas, trabajaban en algunos casos hasta quince horas diarias y sin día de descanso, por un salario mensual que llegaba alrededor de los 35 pesos…».
Señalando posteriormente: «En medio de las movilizaciones y asambleas realizadas el lunes 1º de mayo de 1891, los obreros tranviarios se reúnen en local de la FORU para analizar y discutir el despido, en las dos empresas, de seis guardas, dos conductores y un revisador, enviándose una nota a las patronales para que en el plazo de tres horas reintegran a estos trabajadores.
Las empresas no contestaron el pedido». El libro afirma que: «El 11 de mayo de 1911 comenzó uno de los conflictos más importantes del Uruguay de comienzos de siglo, al enfrentarse las compañías de los tranvías eléctricos con sus empleados.
Esto derivó en la primera huelga general en el país y es llevada adelante por los integrantes de la recién constituida Sociedad de Empleados de Tranvías.
Sobre el mediodía del 11 de mayo, guardas y conductores de las compañías de tranvías comienzan a abandonar sus tareas dirigiéndose al local de la Federación Obrera para realizar una discutida asamblea que sobre las cinco de la tarde decide: «Que ante la negativa de los gerentes de las empresas a contestar el petitorio obrero presentado el 1º de mayo, se decide ir a la huelga». Piquetes de flamantes huelguistas se presentan en las diversas estaciones de trenes, diseminadas por Montevideo, para informarles a sus compañeros la resolución adoptada y exhortándolos a que se plieguen a la huelga».
La noticia toma de sorpresa a la población de Montevideo, que se encuentra inmersa en un hecho que le complica sus desplazamientos y que comienza a vivir unos días de agitación gremial como nunca había conocido, sacándola de su rutina diaria.
El conflicto tranviario duró diez días, entre idas y venidas.
La mediación del dirigente del Círculo de la Prensa y diputado nacional Héctor Gómez fue fundamental ya que lleva a que las patronales otorguen un aumento de salarios para guardas y conductores que de $35 por mes pasan a $40, en jornadas de nueve horas y con derecho a seguro por accidentes, mientras que los operarios de talleres ven reducida su jornada a nueve horas y la promesa de un aumento salarial. Pero no acceden a reintegrar a los nueve despedidos, un hecho que divide las posiciones dentro del gremio.
El levantamiento de la huelga es inmediato, pero hay un grave error, el acuerdo fue verbal, las empresas no firman ni se comprometen a nada públicamente y cuando los trabajadores se reintegran entre la medianoche del domingo 21 y el lunes 22 de mayo a ocupar sus puestos se encuentran con la sorpresa de que no todos serán reintegrados y a ellos se suman veinte funcionarios, de los que participaron activamente en los días que duró el conflicto, pasarían a ser suplentes y habían despedido a otro empleado. Los huelguistas no entendían nada.
La huelga general
A la tarde del día 22 la huelga era un hecho, los pocos tranvías que circulaban lo hacían manejados por rompehuelgas y con custodia policial en las plataformas.
Al caer la noche en el local de la FORU, en un clima enrarecido por los sucesos del día, una asamblea de casi dos mil trabajadores, entre los que se encontraban dirigentes de varios gremios que conformaban las llamadas 37 Sociedades de Resistencia y hasta algunos políticos, se vota la huelga general por tiempo indeterminado.
La huelga general comenzó en la mañana del 23 de mayo y se plegaron a ella, fábricas, talleres, y muchos comercios, contándose con diversas demostraciones de solidaridad. No faltaron los enfrentamientos de huelguistas con la Policía, con lesionados de ambos bandos, las pedreas contra los tranvías manejados por rompehuelgas. Nadie contabilizó detenidos por estos hechos.
El jueves 24 comenzó a aparecer una fórmula de negociación, ante la promesa de los gerentes de las empresas de aceptar el reingreso de los despedidos.
A la noche los obreros tranviarios se reúnen en asamblea con la presencia de delegados de las 37 Sociedades de Resistencia, las discusiones se prolongan por horas ya que varios delegados pretenden darle a esta huelga un carácter de corte revolucionario y de estallido social.
Recién en la madrugada del viernes 25 se vota la fórmula planteada por las empresa y se decide levantar la huelga, «con el voto en contra de algunos delegados gremiales que no consideraban las bases del acuerdo logrado lo suficientemente amplias y seguras», según el historiador Universindo Rodríguez.
Durante el correr de ese día se pone en conocimiento de los demás sindicatos de la decisión de los tranviarios avalada por la Federación Obrera y se hace saber a los gerentes de las empresas la aceptación de la fórmula, con lo cual la vuelta al trab
ajo se posterga hasta el otro día.
El regreso
Sin incidentes los huelguistas volvieron a sus tareas y en la mañana del viernes 26, comenzó a normalizarse el ritmo de la ciudad, jaqueada por casi setenta y dos horas de conflicto gremial, nadie podía imaginar que se había escrito la primera página de las historia de huelgas generales en nuestra país. Esta se había circunscripto a la ciudad de Montevideo y parte de Canelones, se recibieron algunas adhesiones de otros lugares del interior.
Las dificultades de traslado y comunicación de la época no permitía llegar a todo el territorio nacional. Luego, los análisis de esta huelga por parte de los gremios, llevaría a enfrentamientos, discusiones y hasta escisiones, por parte de las distintas tendencias que pretendían hegemonizar y dirigir el movimiento obrero de principios del siglo XX.
Con los años que habrían de venir, Uruguay conocería otras huelgas generales, con otras organizaciones y con otros postulados.
Una de ellas, duró también varios días y tuvo alcances heroicos.
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