Las trampas del pronombre lo
Con motivo del treinta aniversario del Frente Amplio –en febrero pasado– se publicó un aviso que rezaba: «30 años de una utopía que ya dejó de serla«.
En cuanto leí el enunciado que acabo de transcribir, me apresuré a corregirlo cambiando el pronombre la por lo: que ya dejó de serlo. No obstante, cuando se me preguntó por qué era incorrecto el uso del pronombre femenino –ya que está en lugar de un sustantivo femenino (una utopía)–, me quedé sin respuesta. En efecto, si todos decimos, por ejemplo, Siempre he creído en la utopía y nunca dejaré de perseguirla (lo cual es perfectamente correcto), ¿por qué debemos decir una utopía que ya dejó de serlo? Si el verbo ser es intransitivo (no admite un complemento directo) sino copulativo, ¿qué función cumple lo?
Ahora bien. Ocurre que estamos acostumbrados a tomar el pronombre lo como acusativo (pronombre personal complemento directo) masculino de tercera persona del singular: Compré un libro y lo leí de un tirón. Su plural es los; el femenino singular, la y el plural de éste, las. Si compré más de un libro, diré los leí; si en vez de un libro fue una revista, diré la leí, y si fueran varias revistas, las leí. En esto estamos todos de acuerdo, ¿no? Pero sucede que la palabreja lo no cumple solamente la función anotada. Olvidamos que –además de ser un artículo neutro (lo bello, lo terrible, lo desconocido)– también lo usamos como un pronombre singular neutro de tercera persona. En esta función, puede indicar el conjunto de dos o más sustantivos que designen cosas: Llaves, encendedor, documentos, todo lo pierde. Puede también remplazar oraciones: ¿Ya terminaste de estudiar? No lo creo. Y finalmente –y hete aquí el caso que nos ocupa–, suele indicar el atributo de una oración, sea éste sustantivo, adjetivo o adverbio: Era una utopía pero ya no lo es. Le recuerdo al lector que el atributo del sujeto es la palabra (sustantivo o adjetivo) unida a aquél por algunos verbos tales como ser, parecer, estar. Por eso decimos, por ejemplo, Llegó muy enojada y les dirá por qué lo está; Son nuevas aunque no lo parecen; Parecen faroles pero no lo son. En ninguno de los ejemplos precedentes los atributos son masculino singular y sin embargo todos son remplazados por lo y no por la, las o los.
–Espero que mi explicación haya sido satisfactoria…
–Más o menos, Mendieta… más o menos. Lo que no me queda claro es eso de que el verbo ser es copulativo, porque pa’ mí, verbo copulativo, pero copulativo de veras, tendría que ser fornicar, ¿no halla?
–¡Qué lo parió!
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