Nadie está libre
Horacio Buscaglia
Hacía más de diez minutos que estaba viajando en el bondi cuando la veterana que estaba sentada a mi lado, que se había mantenido callada aunque movía sus labios imperceptiblemente, dijo: «Nadie está libre».
Yo gruñí algo muy parecido a una respuesta.
‘Y si no, fíjese en la Gladys, pobre, 20 años de viuda solitaria y de pronto queda embarazada». Yo: Gruñido con cierta intención.
Ella: «Dicen que fue una cuestión celular».
«Hormonal» dije yo, sin mirarla, para no facilitar la conversa.
«Celular, porque fue con un teléfono» dijo y ahí sí que la miré. Me vio la cara y se apresuró a decir: «Sí, se pasaba dale que dale con el celular. Se había agarrado el vicio, en cualquier lugar que estuviera, zácate».
Yo, atragantado, digo «¿Pero usted me está diciendo que la Gladys se…?». «Claro» – me interrumpe ella – «La pensión apenas le daba para pagar la cuenta de llamadas». Yo: «Aaah». Ella: «Y usted vio que esos teléfonos son contaminantes, parece que hasta cáncer producen».
Yo, con suavidad didáctica, «Si así fuera, sería en la oreja, no veo cómo se puede quedar…».
«Ah, no sé m´hijo, yo de estas cosas modernas no me confío. Andá a saber si ella no se lo apoyaba en la falda. Yo sé que ella lo usaba hasta cuando iba al baño, porque muchas veces estaba hablando conmigo y yo escuchaba cómo tiraba la cadena. Y vos sabés que esas cosas andan por el aire, coaxiles se llaman, son como los poros de los árboles que se te meten en los ojos y te dan conjuntivitis. Si una cosa natural te hace eso en los ojos, imaginate una cuestión radiactiva como esa y que se te meta allá».
Yo, didácticamente más duro, «Una cosa es conjuntivitis y otra…». «Eso, eso es lo que le dije a la Gladys. Porque en los ojos, te maquillás, te ponés lentes negros y disimulás. Pero un embarazo no lo tapás ni con el pasamontaña del comandante Marcos. Y lo peor es que no sabe si fue del 094 o del 099″. Yo, ya entregado; «¿Y eso es grave? ¿Hay diferencias?». Ella, sobradora, «Pero claro m´hijo, ¿en qué mundo vivís, vos? ¿No sabés que hay coaxiles salvajes? Si la picó uno de esos, la cosa se pone brava, no te patean, repican la campanilla y ¡tienen más de 30 combinaciones diferentes! Te lo digo porque lo mismo le pasó a mi sobrina la Margó, pobre, pero ella fue con un teléfono público. Es más complicado, se embarazó con tarjeta. Y… nadie está libre».
En eso se paró el policía que estaba sentado detrás nuestro y le dijo a la veterana: «Vamos». Ella se levantó y cuando le dije: «Hasta la próxima, señora», el policía me miró con una sonrisa y me dijo: «Â¡Qué señora ni que ocho cuartos!, este es el Cholo Pandorga, simulador y escruchante, que lo estoy llevando a la comisaría». Ahí, la viejita Cholo me miró con un gesto candoroso y dijo: «Nadie está libre», y levantó las manos mostrándome que estaba esposado.
Mientras iban hacia la puerta me acordé de la billetera, revisé el bolsillo y no estaba.
Tenía cien pesos, no dije nada, «la señora» se los merecía.
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