Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa
Indirectamente, en su columna del pasado lunes, mi colega el Corto (digo colega sólo porque compartimos la redacción del diario plural) vino a plantearme una duda que vale la pena tratar aquí. Transcribo la parte en cuestión: «Una cosa es ser ignorante, otra cosa es vanagloriarse de ello, y muy otra cosa (Mendieta, este muy no sé si está bien pero igual lo pongo porque me gusta) es ser tonto, bobalicón, sandio, nabolión».
Pero cómo no, Buscaglia, cómo no… si no fuera así, se lo diría. Así que ya sabe: no sólo porque le gusta, sino porque además es perfectamente correcto. Y paso a explicarle por qué.
El vocablo otro/a –que según el diccionario ‘aplícase a la persona o cosa distinta de aquella de que se habla’– puede funcionar como adjetivo o como sustantivo (U.t.c.s.: úsase también como sustantivo).
En esta última función lo encontramos en expresiones tales como Otros vendrán, o Este no me gusta, prefiero el otro.
Pero lo que aquí nos interesa es su funcionamiento como adjetivo. Es la función que cumple en Lo han visto con otra mujer, o en Otros problemas quedaron sin resolver. En el primer ejemplo, acompaña al sustantivo mujer y en el segundo, a problemas. Nótese que actuando como adjetivo jamás va pospuesto al sustantivo que acompaña; siempre delante: nadie dice, por ejemplo: Voy a ponerme la corbata otra (como se puede decir voy a ponerme la corbata roja) sino Voy a ponerme la otra corbata. Lo mismo que mismo; que nadie dice Pero ésta es la película misma de ayer sino es la misma película. Curioso, ¿no? Pero sigamos con lo nuestro.
Todos los adjetivos (palabras que sirven para determinar a un sustantivo) admiten a su vez un determinante, vale decir, una palabra que los califica, que los modifica, que los distingue; esa función es cumplida por los adverbios. En el caso de la columna del Corto, no veo impedimento alguno en que el adjetivo otra se vea incrementado por el adverbio de cantidad muy. Muy otra cosa es como decir una cosa muy distinta o muy diferente. ¿No halla, Pereira?
–Es talmente como usté dice, Mendieta, pero pa’ seguir en tema, ¿por qué no le dice al patrón que sirva la otra?
–¡Qué lo parió! Usté sí que no es ningún sandio ni nabolión, Pereira; ¡es más ligero que el virus de la aftosa!
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