Plan Pastoral propone compromiso con los pobres y desempleados

Un evangelio social

La Iglesia Católica de Montevideo lanzará esta noche el Plan Pastoral «San Felipe y Santiago Siglo XXI», que se define como una continuación de las anteriores lineamientos y regirá las orientaciones de la comunidad hasta el año 2005.

Este acontecimiento impulsado por monseñor Nicolás Cotugno se oficializará a partir de las 19.30 horas en la Catedral Metropolitana y coincide con la celebración de los «patronos de la ciudad de Montevideo», Felipe y Santiago.

Durante este acto se entregará a los presentes un documento que resume los lineamientos del Plan Pastoral recientemente elaborado.

Luego del camino recorrido, desde hace casi dos años, en que se inició el proceso de evaluación de las orientaciones pastorales que rigieron desde 1995 hasta hasta 1999 y del trabajo efectuado el año pasado, con aportes de las diferentes parroquias, movimientos, comunidades eclesiales de base y pequeñas comunidades, se ejecutó una revisión y análisis de la realidad de donde surgen los nuevos desafíos que se plantean los católicos.

Para llegar a esta instancia, se desarrolló previamente un diagnóstico de situación de la propia iglesia y de la sociedad, en cuyo marco fue formulado el objetivo general arquidiocesano, con prioridades y los criterios a tener en cuenta para el actuar pastoral.

El vicario pastoral, padre Jorge Techera, manifestó a LA REPUBLICA que el diagnóstico de la realidad elaborado recientemente demuestra un agravamiento de varios elementos, en comparación con el análisis realizado en 1995. El sacerdote recordó que antes se denunciaba la preocupación por bajos salarios, pero ahora el reclamo va más allá, ya que el real problema está en el creciente desempleo.

Otros de los factores negativos detectado en el diagnóstico son: la inseguridad, la violencia, la desintegración familiar, la falta de valores y una consecuente falta de compromiso. El documento, que se distribuirá hoy, incluye una mención sobre la dignidad de la persona y los derechos humanos. «Los mecanismos de inclusión y exclusión, se traducen muchas veces en una violación directa de los derechos de la persona y de la comunidad. La tolerancia es considerada como un valor que puede confundirse con un relativismo ético, que puede traducirse como indiferencia y falta de compromiso y responsabilidad».

Las comunidades católicas destacan una mayor presencia de la Iglesia en los medios de comunicación y el aporte cristiano en la búsqueda de soluciones que afectan a toda la comunidad. En tal sentido, destacaron la participación del arzobispo en la Comisión Para la Paz.

El objetivo para los próximos cinco años será el animar a la Iglesia arquidiocesana, a ponerse al servicio de la nueva evangelización, que será «misionera, comunitaria, solidaria y en constante camino de conversión».

La Vicaría Pastoral en su publicación «Entre Todos» sostuvo que «a pesar de haber vivido tiempos muy cargados de actividades y de fuerte espiritualidad, como lo fue el año Jubilar 2000, fue posible lograr esos aportes. Tal vez, en tiempos menos complejos, pudo ser más profundo, pero en contraparte, se tuvo la ayuda de dos documentos trascendentes e invalorables para la Iglesia uruguaya: la Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte, elaborada por el papa Juan Pablo II, al clausurar el Año Jubilar; y las reflexiones de la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU) contenidas en las Orientaciones Pastorales para el próximo quinquenio.

El Plan Pastoral consta de tres partes. La primera establece un diagnóstico de la realidad de nuestro país, la segunda está enfocada sobre una visión de fe, y la tercera es la formulación definitiva del Plan Pastoral, en el que se incluyen sus objetivos y prioridades.

El documento referido a los «elementos de la realidad» se nutrió de los aportes realizados por las comunidades que fueron sistematizados y agrupados en varios capítulos en los que se destacan las situaciones económicas, sociales, culturales, religiosas y eclesiales.

Las prioridades enunciadas a partir de la realidad y la reflexión de fe se basan en la «espiritualidad de la comunión», la «misionariedad evangelizadora», la «globalización de la solidaridad». Se propone que, ante la extendida pobreza, la Iglesia funde una Vicaría de la Solidaridad a fin de dar respuestas a las urgencias humanas.

La Vicaría Pastoral define a este plan como un «marco de referencia y guía que plantea los lineamientos generales y nos señala algunas metas futuras: la celebración del Año Mariano (2004), el Congreso Eucarístico Arquidiocesano (2005) y la preparación del Sínodo Arquidiocesano (2005).

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