"Seré burro, pero también soy bastante corrupto"
Voy viajando mansamente, a ritmo de ómnibus dominguero y, aplicando la vieja técnica de «borrarme» para no aburrirme en el viaje, me interno en los laberínticos caminos de mi cerebro, tratando de tomar la ruta menos sinuosa y con menos encrucijadas, que esas las dejo para días de tormenta.
Y por ahí me topo con la cara bobalicona del hijo de Bush que es presidente de los Estados Unidos de Norte América. Y entonces empiezan a caer las fichas cerebrales con datos recogidos aquí y allá de este señor que perdió las elecciones pero que con la ayuda de un pariente alcalde y unos correligionarios jueces de la Suprema Corte, terminó «ganándolas».
Nosotros hemos tenido maravillosos ignorantes en el poder. (Y nada nos asegura que no los sigamos teniendo). Nunca podremos olvidar a aquel Nosequé Márquez (¿contralmirante era?), que «alegró» los oscuros días de la dictadura con sus declaraciones: «Hemos dado un giro de 360 grados» o «Estábamos al borde del abismo y dimos un paso al frente» y vayan éstas sólo como ejemplos porque hay muchas más. ¿Quién puede olvidar los discursos de Bolentini? ¿Y el hambre de eses de vario militare de aquella misma época? (Atención correctores no cambiar «eses» por la palabra que va con hache y ce, aunque no estaría mal).
Tantas eses se comían que el Goyo quiso reivindicarse cuando la llegada de la familia Real española y al darles la bienvenida en el aeropuerto dijo, remarcando exageradamente las eses: «Bienvenidosss señoresss Reyesss de Españasss».
Tuvimos, tenemos y tendremos muchos parecidos a éstos, manejando ciertos hilos del poder. Pero nosotros somos un pequeñito e insignificante país del Tercer Mundo ubicado en la olvidada América del Sur.
La cosa se complica cuando el que dice «Haiga, vedera, frezada. Me tengo que operar del péndis…» y otras barbaridades capaces de matar de un infarto al Mendieta, es el presidente de la Gran Sociedad del Norte. Y eso es lo que pasa con el hijo de Bush que se sienta en la Casa Blanca, que no sólo no puede hablar en público sin la ayuda de anotaciones, sino que, aún así, confunde y pronuncia mal gran parte de las palabras y construye tan confusamente sus frases que nadie entiende nada. Cosa que él trata de tapar llenando sus discursos de chistes estúpidos.
Frente a las críticas y burlas de los medios, él se defendió de la misma manera que todos los mediocres y burros de este mundo lo hacen: burlándose de los «intelectuales», que es una manera de decir, «me cago en el estudio, el conocimiento y la inteligencia».
Y concluyó: «La vida sigue igual, con todos mis errores. Mi mujer y mis hijos me siguen queriendo, el ejército sigue protegiendo nuestras costas y la gente sigue saliendo por la noche a divertirse».
Porque, después de todo, a un presidente de los EEUU no hay por qué exigirle más nada que saber decir «Â¡Disparen!».
Aunque mañana les demostraré que también sabe decir «Yes». Porque será muy burro y reaccionario pero… es un pelele de las grandes empresas.
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