Opus Dei oficiará misa en la nueva iglesia de Tres Cruces
Aún resta la colocación definitiva de algunos pisos, terminar el altar, las pinturas de las paredes, las puertas y otros elementos de decoración. Posteriormente se irán incorporando esculturas de Jesús Resucitado.
Durante el acto inaugural, los católicos escucharán un mensaje del papa Juan Pablo II, traído por el propio Cotugno desde el Vaticano. El contenido de la grabación se refiere a la apertura oficial del templo y a la estatua del Sumo Pontífice que está ubicada a la entrada del santuario y mirando hacia la cruz, que recuerda su visita a nuestro país y la misa que celebró en Bulevar Artigas ante la presencia de miles de personas.
Esta estatua de Juan Pablo II es una obra del escultor polaco Gustaw Zemla, y fue obsequiada a la Arquidiócesis por el cónsul Juan Kobilansky y las Asociaciones Polacas de América Latina.
Se instaló además detrás del altar una pieza escultórica que representa a «Cristo Resucitado», creada por el escultor Ramón Cuadra.
La «capilla de Tres Cruces» tendrá como función primordial satisfacer la demanda espiritual de quienes arriben a la terminal, tanto desde el Interior como del exterior del país.
Las misas estarán a cargo de sacerdotes del Opus Dei, tras un acuerdo firmado entre monseñor Cotugno y la propia congregación, mientras que la atención a los pedidos de los creyentes correrá por cuenta de la novel congregación arquidiocesana, la Viannenyana, que trabaja al servicio exclusivo del arzobispado. En el subsuelo del Santuario continuarán funcionando los cursos del Centro Superior Teológico Pastoral, cuya duración es de tres años, que están dirigidos a los laicos fieles.
La capilla de Tres Cruces es un proyecto impulsado por el obispo emérito y ex arzobispo de Montevideo, monseñor José Gottardi, que no pudo concretar su sueño de ver finalizado la obra antes de expirar su misión al frente de la iglesia católica capitalina.
En octubre de 1998 se cumplió dos años de iniciados los trabajos de erección del templo religioso y coincidentemente, en ese mes, el anterior arzobispo dedicó la Capilla a la hermana María Francisca Rubatto, primera beata de nuestro país.
Para ese entonces, si bien las estructuras fundamentales estaban construidas, aún faltaba mucho para la culminación definitiva del proyecto. Según se proyectó inicialmente, en ese lugar trabajarían las hermanas capuchinas en la atención de enfermos, pero monseñor Cotugno prefirió que estas continuaran su trabajo en Belvedere y en el hospital Italiano.
Tras cambiar el nombre del templo por el de «Señor Resucitado», el prelado designó como Santuario Nacional a la capilla donde están los restos de la beata Rubatto.
La empresa Alvaro Palenga S.A, encargada de la construcción del local, trabajó los dos primeros meses sin recibir dinero, debido a la falta de fondos de la Iglesia.
Sin embargo las obras no se detuvieron, sino hasta 1999. El arzobispado Cotugno, teniendo en cuenta esta situación, decidió abrir una cuenta bancaria para que la comunidad católica brinde su aporte para posibilitar la finalización de las obras.
Sin embargo, esta entrega no fue suficiente. La solución llegó a partir de la compra de un colegio por parte del Opus Dei. El dinero recibido por la Curia fue también volcado al proyecto.
Ya desde el mandato de monseñor José Gottardi al frente del arzobispado de Montevideo, se decidió que el Opus Dei oficiara misa en Tres Cruces. Esta congregación estuvo interesado en participar de las actividades religiosas en este punto estratégico de la ciudad, tal como lo hacen en otros países, atendiendo espiritualmente a los católicos viajeros.
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