Nin : "Hay que ponerse en la piel de los productores, que les matan años de acumulación genética, porque el dios mercado así lo exige"

"Todos sabían que esto de la aftosa podía pasar: un ministro europeo ya hubiera renunciado"

–Usted el 28 de marzo pasado recomendó al gobierno que se estableciera una estrategia paralela a la política de país libre de aftosa sin vacunación. ¿Por qué planteó eso y en ese momento?

–Porque la situación mundial y regional planteaba que era prácticamente imposible que el Uruguay se pudiera ver libre de un ataque de la fiebre aftosa.

En el mundo hay una pandemia de aftosa. Toda el Asia, la India y sus países limítrofes, Japón, Corea, los países del Medio Oriente, Bulgaria, Turquía, Inglaterra, Holanda, Francia, tuvieron o tienen aftosa entre el año pasado y este.

El Cono Sur latinoamericano, también estaba en situación similar. En Boliva hay una situación endémica, Brasil tiene aftosa, Argentina tiene aftosa y lo peor es que manejó muy mal la situación, lo que nos perjudicó notoriamente. El problema fue que ocultó información, teniendo consecuencias muy graves sobre nuestro territorio. Por eso era impensable suponer que un virus que fue capaz de atravesar todo el continente europeo, que atravesó el Canal de la Mancha, no fuera a pasar por el río Uruguay. Quienes pensaron que el río era una barrera para deterlo no estaban pisando la realidad.

Además es un tema que trasciende la voluntad de los hombres. Uno puede hacer todas las barreras sanitarias que se le ocurran, pero el virus se transmite por medios mecánicos o biológicos. Es que hay muchas especies que son afectadas por la enfermedad de la aftosa, como los carpinchos, los ciervos, los jabalíes, los venados, y porque además se transmite en el aire. La respiración del animal forma como un aerosol y entonces el virus se traslada hasta 60 kilómetros.

También hay un tema vinculado a esto que es la tenencia de la tierra, donde hay argentinos que tienen campos acá. Muchos de ellos vienen en avión y no pasan ningún control sanitario. Todo esto hizo que las condiciones para que la aftosa apareciera en el Uruguay, fueran muy altas.

Cuando hablamos el 28 de marzo, existiendo ya el antecedente de Artigas, fue teniendo en cuenta estos elementos y promoviendo que el Ministerio de Ganadería estudiara una alternativa al rifle sanitario, que tiene un alcance muy limitado por una cuestión de precios. El rifle sanitario está pensado para los países ricos y que no vivan de la ganadería. De nada vale aplicar el rifle sanitario sin límite, porque después podemos transformarnos en un país libre sin aftosa, pero también en un país libre de vacas.

En ese momento se nos respondió que nuestra postura era demencial, que era una irresponsabilidad hablar de esos temas. Y creo que el tiempo, lamentablemente, nos ha dado la razón. Hoy el país no tiene un plan alternativo y como al ser un país libre de aftosa sin vacunación, nos exigieron no tener ningún tipo de virus aftósico, ahora no se puede fabricar vacunas. Y por eso estamos dependiendo del exterior para surtirnos de vacunas, si queremos un plan de erradicación de la enfermedad.

–Estoy seguro que usted coincidirá conmigo en que el gobierno puso el mejor interés patriótico…

–De eso no tengo la menor duda.

–Pero la pregunta es: ¿por qué el gobierno no escuchó?

–Creo que el gobierno está muy influenciado ideológicamente por la industria frigorífica, que hace más fuerza que los productores rurales. No olvidemos que la industria frigorífica ha sido la gran beneficiaria del sistema, quizás más que los productores. Porque si bien hay que reconocer que hubo una mejoría de la comercialización de los ganados, no hubo una diferencia de precio sustancial. Cuando se llevó adelante el plan de erradicación de la aftosa nos decían que una tonelada de carne sin aftosa en el circuito no aftósico valía tres mil dólares y nosotros la vendíamos a mil quienientos dólares. Sólo se vendieron a ese precio los cortes especiales como la cuota hilton, pero el resto se vendió a 1.800 dólares promedio.

La industria frigorífica llegó a hablar de que perdíamos el 60% de los mercados, se llegó a decir que nos quedábamos sin mercados si teníamos aftosa otra vez y esto no es cierto. Hoy pasamos a ser lo que fuimos toda la vida: productores de carne en un país aftósico y por lo tanto vamos a vender en el circuito aftósico, quizás a menos precio.

Si queremos planificar el futuro, lo primero que tenemos que tener es ganado, hacienda y material genético. Si eliminamos a todos los animales enfermos difícilmente podamos pensar en el futuro, sobre lo cual no se está hablando.

–¿Cómo ve el futuro?

–Lo veo muy complicado porque estamos ante varias responsabilidades. Tendríamos que haber previsto algún contacto, por lo menos, para ir surtiéndonos de las dosis necesarias para un plan alternativo al rifle sanitario. Se habla de que hay comprometidas unas 100 mil dosis de vacunas en algún laboratorio brasileño.

Hay que repensar nuestra industria frigorífica. Es cierto que han existido avances, que vendemos carnes mucho mejor preparadas que antes, pero básicamente seguimos vendiendo carne sin ningún tipo de valor agregado, sin ningún proceso extraordinario. Si nuestras carnes tuvieran valor agregado, estaríamos ayudando a eliminar los riesgos de la aftosa, en tanto es una enfermedad producida por un virus que muere a 60 grados de temperaturas, durante 20 minutos. Entonces las carnes cocidas y preparadas, podrían ser una alternativa para el país y para conseguir esos mejores precios que todos buscamos.

Me aprece que no hay que tener únicamente en cuenta para abordar este tema, los beneficios que trae al subsector cárnico. También hay que tener en cuenta que hay otros sectores como el lácteo. Hay un gran componente lácteo que está respaldado con un material genético que ha costado generaciones enteras de trabajo, que no puede ser destruido alegremente, en la búsqueda del beneficio del mercado de carnes.

Esto ha pasado un poco en Soriano, donde se deben estar ordeñando 40 o 50 mil vacas por día, cuya producción no se sabe qué destino va a tener en los próximos días. ¿Qué se va a hacer con esa leche? Y esa pérdida de leche, ¿cómo va a repercutir en otras áreas de la economía? ¿En la industria láctea, en las fuentes de empleo en Conaprole y en Parmalat? Todos estos datos hay que tenerlos en cuenta para pensar un futuro diferente que nos permita salir adelante.

Todo este fenómeno de la eficiencia y de la economía llevada a sus extremos más agudos, es lo que nos lleva a olvidar algunas partes humanas del problema. Por eso nosotros estamos hablando de la necesidad de humanizar el problema. Hay que saber lo que significa para un productor ver entrar al ejército y a los técnicos y a los funcionarios del Ministerio, a matarles las vacas a tiros.

Esta enfermedad tiene mucho de componente político, porque la aftosa también ha servido a los países ricos para justificar los subsidios y no comprar carne a nosotros.

–¿Es una forma que tiene el primer mundo de regular el mercado a su favor?

–Seguro. De regular el mercado y de justificar sus propios subsidios. El consumidor europeo dirá que los sudamericanos producimos carne mucho más barata, pero les responden que nosotros tenemos aftosa y ello no. Con esto justifican el subsidio. No olvidemos que es una enfermedad que no le hace nada a la vaca ni al hombre, porque no mata. La aftosa no mata, lo que mata es el hombre.

La visión que ha tenido el gobierno es una estrategia muy estrecha y condicionada por una opinión eminentemente cárnica, intereses que son muy importantes y que nadie los discute, pero que no pueden dejar de considerarse otros intereses que conforman todo el tejido social.

Este tema hay que humaniza
rlo y hay que ponerse en la piel de aquellos productores que les están matando años de esfuerzo y de acumulación genética, de mejoramiento, de inversión familiar, porque el dios mercado así lo exige.

–¿Qué diferencia hay en que el foco haya aparecido esta vez en Soriano y no en un departamento como el de Artigas?

–En Artigas no abarcó los 5 kilómetros a la redonda, porque en realidad marcó un semicírculo y no un círculo. Afectó unas siete mil hectáreas como esas de Artigas, de campos duros y pobres, lleva media unidad ganadera por hectárea. En Soriano lleva 1,3 unidades ganaderas por hectárea. La concentración de ganado es mayor, pero también el valor de ese ganado. En Soriano hay un alto componente de ganado Holando. Esto nos está indicando que el rifle sanitario va a costar mucho más en Soriano que en Artigas.

En este foco, matando siete u ocho mil reces, a 300 dólares, son 2 millones 100 mil dólares, más el lucro cesante, más los otros focos que vayan apareciendo, el fondo de que se dispone rápidamente se acabaría. ¿Vamos a seguir matando sin indemnizar? ¿Vamos a sacar recursos de la economía para seguir matando animales y eso no habrá que descontárselo al beneficio que tiene mantener a un país libre de aftosa sin vacunación?

Me parece que se hace imprescindible cambiar de estrategia, en base a una decisión técnica pero también política. Técnicamente hay sólo dos caminos para eliminar la aftosa: con vacunación o sin vacunación.

Cuando entra un funcionario acompañado por los soldados y le dice «a usted le vamos a matar el ganado», estamos ante una decisión política. Porque le puede decir que no le van a matar el ganado y que van a empezar a vacunar en anillo.

–¿Qué pasa con el ganado que está enfermo?

–La enfermedad tiene una evolución similar a la de la gripe en el hombre. No mata al ganado. Le hace descender en su producción, aparecen problemas de bicheras, se agusanan, pero no lo matan. La mortandad por aftosa es menos del uno por ciento. Y hablo de esto con conocimientode causa, porque en 1977 apareció la aftosa en mi predio. Después que pasa la enfermedad el animal queda como inmunizado.

Me parece que el tema de la aftosa está muy esteriotipado por una cuestión ideológica. Es que nos han metido en la cabeza los países dominantes y ricos que no podemos tener aftosa, porque ellos no la tienen. Cuando en realidad lo que hacen con ese planteo es crear una barrera no arancelaria, para impedirnos acceder a sus mercados. Me parece que hemos caído todos en la psicosis de que teniendo aftosa se termina el Uruguay. El Uruguay no se termina porque podemos vivir como hemos vivido antes, con dificultades, con menos mercados, pero debemos plantear un objetivo para adelante y para eso la obligación del Ministerio es mirar con un poco más de amplitud el problema y no sólo mirar los mercados cárnicos.

–En países europeos hay una cultura desarrollada en relación al cuidado del medio ambiente. ¿Cómo estamos en Uruguay?

–El diseño de políticas en defensa del ambiente con una orientación ultraliberal, es incompatible. Solamente el Estado a través de sus representantes puede organizar la lucha en defensa del ambiente, dicho esto sin desmedro de las organizaciones ambientalistas y no gubernamentales.

El ultraliberalismo, el neocoservadorismo, lo que hace es dejar actuar únicamente al mercado, que no le importa ni la genética, ni el esfuerzo generacional, ni siqueira el ambiente. Lo que quiere el mercado es lucro, ganancias en el más corto lapso posible, aunque ello signifique dejar elementos de seguridad o de conservación ambiental y de defensa de lo natural.

Dicen que Inglaterra tiene solamemente 40 veterinarios oficiales y que el resto está todo desmantelado. Y por eso no tienen a nadie que controle. En Uruguay algo similar está comenzando a suceder y la gente está advirtiendo esa contradicción entre el sistema ultraliberal y la defensa del ambiente.

–En esas sociedades europeas cuando pasan cosas como la de la aftosa, protestan y muchas veces caen los ministros. ¿Se debe ir el ministro de Ganadería y Agricultura?

–Al ministro hay que exigirle responsabilidades políticas, porque esto era muy previsible. La aftosa apareció hace seis meses en Uruguay y se controló, es verdad, pero todos sabíamos que esto podía pasar. Incluso algunos teníamos la certeza de que esto iba a pasar por las condiciones del propio virus. Un ministro de Ganadería europeo en estas condiciones ya hubiera renunciado.

–¿El resumen de su propuesta?

–El rifle ya cumplió con su cometido, sirvió en Artigas, pero la realidad regional nos indica otra cosa: a la aftosa no se la combate a los balazos. Y por ello la única manera de inmunizar al ganado es vacunando. Esto va a costar dinero pero mucho más dinero vale todo el rodeo nacional, donde hay más de 4 mil millones de dólares que están en peligro. Y un plan de vacunación costaría entre 20 y 25 millones de dólares.

Bien vale pensar el país a más largo plazo, sabiendo que perderemos algunos mercados, pero empezamos la lucha. Y esta es la mejor manera de no bajar los brazos. Hay que pelear con racionalidad, no a los balazos.

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