Sorpresas del diccionario
A raíz de la polémica desatada en torno a la enseñanza laica, he leído y oído innumerables veces –desde hace hace ya un tiempo– dos vocablos usados indistintamente como sinónimos: me refiero a los sustantivos laicismo y laicidad.
Si bien ambos guardan entre sí una innegable relación semántica, advertía que era erróneo atribuirles una exacta sinonimia. Sospechaba que laicismo podría ser un neologismo pues el sufijo ismo expresa doctrina, ideología, con lo cual, al emplearlo, estaríamos refiriéndonos a una postura militante a favor de la independencia de los individuos y del Estado de todo tipo de dogma; sería la doctrina que abrazan los laicistas en lucha contra la enseñanza religiosa. Y suponía que laicidad era el vocablo correcto para expresar una idea similar pero sin esa carga doctrinaria que contiene el otro y que debería reservarse para expresar la condición de laico de una persona, de una institución o de un Estado.
Para aventar dudas decidí consultar un librito muy útil, que trae mucha palabra y que nos ayuda a evitar metidas de pata. Es así que recurrí al DRAE (vigésima primera edición, 1992) y en la página 1.225 del segundo tomo (h a z) me encuentro con que de laical (adj. perteneciente a los laicos o legos) pasa directamente a laicismo (doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, de toda influencia eclesiástica o religiosa) salteándose el vocablo laicidad que no figura ni por asomo. Como me cuesta creer que la omisión deba atribuirse a una errata, debo concluir que el sustantivo laicidad sencillamente no existe en el idioma español. ¿No es absurdo?
Desconcertado, comenté el insólito descubrimiento con mis compañeros de tareas, quienes con su habitual cortesía me espetaron: «Vos siempre rompiendo las pelotas con esas pavadas… ¿Por qué no laburás un poco en vez de andar jodiendo con el lenguaje?»
Sin desanimarme, fui a la vieja –y salvadora– enciclopedia Larousse que sí registra el término con esta sensata y compartible definición: «Calidad de laico. Concepción que aboga por la ausencia, en el Estado, de filosofía o de religión oficial y de cualquier verdad obligatoria. Implica, por parte del Estado, una neutralidad en cuestiones de dogma o doctrina y se opone, así, al laicismo erigido históricamente en filosofía de los Estados que rompieron con la Iglesia Católica.» Subrayé el final de la explicación porque está confirmando la distinción que yo hacía al principio.
En definitiva –y como conclusión– se podría decir que don Pepe Batlle practicaba el laicismo ya que libró una ardua batalla para dotar de laicidad (o, si se prefiere, para laicizar) al Estado y a la sociedad uruguaya.
Sugiero entonces que no se diga más que hay que defender el laicismo en la enseñanza, sino la laicidad en la enseñanza, aunque el diccionario oficial no registre este último sustantivo. ¿No le parece bien, Pereira?
–Usté perdone, Mendieta, pero yo, que fui educado en un colegio religioso e incorporé los valores que me guían en la vida, soy partidario de que en las escuelas se enseñe el culto umbando-tibetano.
–¡Qué lo parió!
Compartí tu opinión con toda la comunidad