La comunidad israelita asiste a desocupados con alimentos y ayuda económica

Judíos empobrecidos

El crecimiento de la tasa de desempleo y los continuos cierres de industrias y fuentes laborales están desvirtuando la creencia generalizada de que no existen judíos pobres.

La Comunidad Israelita del Uruguay viene intensificando sus propuestas sociales, a fin de enfrentar este complejo panorama.

Las autoridades de la institución vienen aplicando un paquete de servicios, con el propósito de evitar «la pobreza hereditaria».

Unos 130 núcleos familiares son asistidos por el Departamento de Servicio Social, que entrega a diario comidas calientes a domicilio, canastas con alimentos o un aporte en dinero.

También se intenta solucionar el problema de la vivienda, ayudando en el pago de alquileres o mediante la experiencia de cooperativa.

Desde el punto de vista sanitario, el miembro de la comunidad con problemas económicos es asistido con la subvención de la cuota mutual o recurriendo a los profesionales comunitarios, que, sin cobrar por sus servicios, realizan muchas veces delicadas intervenciones.

Otro proyecto está destinado a la expansión laboral para quien perdió su empleo o se encuentra en riesgo de quedar desocupado.

El presidente Salomón Zivov explicó que siempre hubo judíos pobres, y están presente en todas las clases sociales, pero desde hace unos años se vienen detectando dificultades en sectores que antes no las tenían. Se refirió, en tal sentido, al descenso en la calidad de vida de la clase media, que pierde posiciones sociales por efectos de la desocupación y la inestabilidad laboral.

Zivov aclaró que a pesar de la pobreza un judío no dejará de ser alfabetizado. «No existen judíos analfabetos», afirmó enfáticamente. Esta realidad –explicó el presidente de la CIU– se basa en los valores sustentada por la educación hebrea desde la Europa preinmigratoria, que permite comprender el sentido de la vida y fomenta la solidaridad. Es que sus integrantes tienen imperiosamente que saber leer y escribir a fin de poder leer el Antiguo Testamento.

La colectividad judía tiene, por tradición, la obligación de ayudar a su hermano que esté necesitado o enfermo. En los últimos cinco años, el número de personas que asisten a la Comunidad Israelita del Uruguay buscando ayuda viene en aumento.

La frecuente demanda por trabajo y alimentación tuvo una respuesta. En 1996 se creó el Centro Integral de Expansión Laboral (Cidel), que apunta a superar las políticas asistencialistas que reproducen la pobreza, poniendo a la persona en una relación de exclusión y dependencia crónicas.

En 1999, fue instaurado el movimiento Voluntarios en Red, cuya organización sirve de puente entre las necesidades de la gente y los recursos humanos disponibles. Los programas de servicio social aplicados varían según las distintas realidades, pero estos siempre contemplan al nucleo familiar en su conjunto.

A su vez, para cada situación se activan varios programas simultáneamente, «ya que la movilización de un solo programa generalmente lleva al fracaso», sostienen los integrantes del Departamento de Servicio Social.

La CIU atiende una población heterogénea, integrada por personas marginadas, ancianos, o con deterioro de salud físico o psíquico.

Muchos de ellos no tienen capacidad de respuesta social, por lo que la demanda está orientada a la subvención para insumos básicos de alimentación, salud y vivienda.

Hay otro sector de la población que es recuperable y se beneficia de socioterapias, psicoterapias, padrinazgo, ejercido por adultos voluntarios y el acercamiento generacional de personas ancianas en situación de aislamiento.

Para los ancianos dependientes se desarrolla una compleja red de sistema de apoyo, que incluye un servicio de auxiliares gerontológicos a sanatorio o domicilio, que al mismo tiempo permite crear fuentes laborales a partir de la capacitación en esta materia.

En el área laboral, a través del Cidel, se facilita la inserción o reinserción en el mercado de trabajo, de quienes están afectados por el desempleo. Se presta orientación laboral, dictándose cursos y talleres de capacitación, apoyo al autoempleo y a emprendimientos sociales, para auxiliar a los desocupados o quienes están en riesgo de perder su fuente de trabajo.

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