La lengua no es de trapo

Cada vez se escribe peor

«Soy una gran admiradora de vuestra revista, desde hace muchos años las guardaba cuando salían los tangos de Gardel que se las mandé a un sobrino que está en Miami.» (De la carta de una lectora de «Sábado Show», 7/4/01).

Como el lector recordará, en la últa nota me ocupé de este mismo enunciado para analizar el disparate del empleo del pronombre vuestra y anunciaba que en próxima columna me ocuparía del horror sintáctico subrayado unas líneas más abajo.

Es realmente alarmante comprobar la negligencia con que se habla y se escribe comúnmente al menos en nuestro país. El descuido por la ortografía (algo de lo que son responsables en muchos casos los ordenadores) pasa a un segundo plano si nos detenemos a observar cómo se prescinde de elementales normas de sintaxis.

Me apresuro a aclarar que en la lengua oral es mucho más corriente caer en faltas de concordancia y en errores sintácticos porque al hablar es imposible hacer un borrador previo, y es así que aparecen las vacilaciones, los estee, los digo , los ¿no?, los o sea, los es decir y todas las muletillas habidas y por haber, incluidos los bueno y los la verdad, tan cara esta última a los futbolistas (bueno, la verdá que no estamos rindiendo como nos pidió el ténico…). Pero al escribir no hay excusas, y por sencillo que sea el mensaje que nos proponemos transmitir, debemos observar las reglas con sumo cuidado de manera de comunicar con precisión nuestro pensamiento. La lectora –y ferviente admiradora de la revista paisana sabatina– cogió la pluma y dejó que ésta estampara fielmente su pensamiento sobre el papel, tal vez porque le pareció más espontáneo… El resultado es ese galimatías que apareció publicado, en el que no es posible acertar a descubrir cuál es el sujeto, cuál el predicado, ni qué función cumplen ciertos pronombres.

Veamos un poco. Dice la señora: «Desde hace muchos años las guardaba cuando salían los tangos de Gardel (…)». Hasta aquí, nada que objetar salvo que habla de la revista en singular y luego dice que las guardaba en plural, pero en fin; es un pecado menor. Pero a continuación, puede leerse: «(…) que se las mandé a un sobrino que está en Miami.» ¿Algún analista será capaz de determinar la función gramatical que cumple ese que? ¿Será una conjunción o un pronombre relativo? Parece más bien esto último aunque suena un tanto absurdo puesto que habría que concluir que lo que le mandaba al sobrino eran los tangos de Gardel. Y entonces uno se pregunta por qué la admiradora de la revista no escribió lisa y llanamente: «Desde hace muchos años las guardaba, cuando salían los tangos de Gardel y se las mandé a un sobrino que está en Miami». O también: «Desde hace muchos años las guardaba, cuando salían los tangos de Gardel; incluso se las mandé a un sobrino que está en Miami».

–Yo, a mi ahijado que está en Bombay, le mando Bitácora todos los domingos.

–¡Qué lo parió!

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