Tres compatriotas, del paraíso al infierno

R B

 

Tres uruguayos integraban la lista de pasajeros en primera clase del Titanic, Francisco Carrau Rovira, José Pedro Carrau Estévez y Ramón Artagaveytia. Francisco y José Pedro Carrau eran primos, tenían 28 y 17 años respectivamente. El primero era el responsable de abastecer con mercadería europea a los grandes y tradicionales almacenes, al por mayor, que la familia Carrau tenía en Montevideo. En esta oportunidad lo acompañaba José Pedro, quien le cumplía tareas de secretario en los negocios.

Jóvenes inquietos y entusiastas, los primos Carrau aceleraron sus trabajos en el viejo continente para poder abordar el viaje inaugural del Titanic, escribiendo una carta, fechada el 11 de abril en Southtampton, en la que comunicaban a sus familiares la decisión tomada. Un cubano sobreviviente de apellido Prado, que trabó amistad con ellos a bordo del barco, sostuvo que la última vez que vio a los Carrau éstos se encontraban charlando en la borda, momentos antes de la tragedia y cuando varios se preparaban para saltar a los botes.

Ambos primos no creyeron en la inminencia de la tragedia y le dijeron con acento burlón que si se tiraba al mar, «contraería un fuerte resfrío». No los vio más.

Don Ramón Artagaveytia era un poderoso comerciante y poseía tierras en la Argentina. Hombre maduro –cuando lo del Titanic tenía 71 años– viajero incansable, ya había vivido en su juventud una experiencia dramática en el mar. Regresando desde Buenos Aires en el vapor «América», éste se incendia al explotar una caldera cuando este barco, que venía corriendo carreras con el vapor «Salto», entraba en la bahía de Montevideo. Atlético y buen nadador se arroja al agua y alcanza la costa a nado cerca de la playa del Cerro.

Se encontraba en Londres cuando se entera de la salida del Titanic y decide ser parte de la aventura del viaje inaugural. Amigo personal del doctor Luis Alberto de Herrera, invita a éste y a su esposa Margarita Uriarte, quienes se encontraban en Europa, a que lo acompañen. La pareja rechaza la invitación y Artagaveytia se lamenta diciéndoles: «No saben el viaje que se pierden». Un descendiente de los Carrau manifestó, años después, que José Pedro Carrau logró salvarse, mientras que a Francisco se le dio por desaparecido en el mar.

El 17 de abril de 1912, «La Tribuna Popular» escribía la siguiente: «En nuestros círculos sociales ha producido una impresión dolorosa la noticia que circuló en el día de ayer de la gran catástrofe ocurrida en el poderoso transatlántico inglés naufragado cerca de la costa de Norte América y más impresión producirá el saber que en ese vapor viajaban dos estimados compatriotas, los señores Francisco y José Pedro Carrau». Diciendo más adelante: «Se telegrafió entonces a Londres y de allí los señores Carrau y Cía. recibieron ayer un despacho en el que se expresa lo siguiente: José Pedro Carrau y Francisco Carrau se hallan a bordo del Titanic. No hay noticias de los pasajeros, pero sí grandes esperanzas de hallarse en salvo. Estas noticias han causado aquí un movimiento de ansiosa expectativa».

Por su parte, el diario «El Día» informaba el 21 de abril: «El cadáver del señor Artagaveytia fue encontrado y el cónsul uruguayo en Nueva York, Sr. Metz Green, iría a Halifax a efectos de recogerlo y hacer la tramitación para enviarlo a Montevideo en el barco mercante «Vosari».

El cadáver de Ramón Artagaveytia llegó a Montevideo en un sarcófago forrado en plomo y se encuentra en el panteón de la familia ubicado en el Cementerio Central.

En 1952 se intentó reducir sus restos y se encontró el cuerpo intacto y momificado. El detalle de este hecho se encuentra en el libro de registro de actas de la referida necrópolis montevideana.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje