Hace 89 años, el lujoso buque Titanic quedó sumergido en las aguas del Atlántico
Ruben Borrazás
Los reportes de prensa establecían que «muy pocos pudieron abordar los botes salvavidas y son buscados intensamente en las heladas aguas. La moderna nave había partido del puerto de Southampton en Inglaterra con destino a la ciudad de Nueva York».
Luego comenzaría una historia con investigaciones del accidente, libros, testimonios de sobrevivientes, intentos de rescates, leyendas y diversas películas, la última de las cuales conquistó varios premios de la Academia de Hollywood y batió récords de recaudación.
El Titanic era el orgullo de la empresa naviera «White Star Line» que, con esta nave, comenzaba a imponer su hegemonía comercial en los mares del mundo. El Titanic, junto a su nave gemela Olimpic, había sido construido en los astilleros irlandeses de Belfast y botado un par de años antes de su viaje inaugural.
Sus dimensiones eran el doble de los transatlánticos que cruzaban por esos años el oceáno Atlántico. Con una eslora de 269 metros, se desplazaba a una velocidad de hasta 21 nudos (40 kilómetros por hora) por medio de tres hélices accionadas a vapor por 28 calderas, que consumían 728 toneladas de carbón cada 24 horas.
Su tripulación estaba integrada por 892 hombres y se cuenta que en unas de las paredes alguien escribió «Ni siquiera Dios puede hundirlo».
El sábado 14 de abril había amanecido como un hermoso día primaveral y todo era algarabía en el Titanic. Este surcaba majestuoso y soberbio los mares del Atlántico norte. Muchos pasajeros atesoraban las imágenes de la muchedumbre que despidió a la nave cuatro días antes –el 10 de abril– en el puerto inglés de Southampton.
A bordo del buque viajaban 2.227 personas, muchas de las cuales integraban la aristocracia de la época. En su gran salón estilo Luis XIV, bebían cocteles, bailaban o jugaban a las cartas John Jacob Astor, dueño del hotel Waldorf Astoria, Isidor Straus, poseedor de las famosas tiendas Macy´s, alternando con integrantes de la nobleza europea. Algunos estudiosos han manifestado que la lista de pasajeros tenía un valor colectivo de alrededor de 250 millones de dólares de la época. Entre los pasajeros de primera clase se encontraban tres uruguayos.
El salón comedor de primera clase tenía lugar para 500 comensales, estaba decorado al estilo jacobino con columnas doradas y cubiertos de plata finamente elaborados. Existía un gimnasio, piscina, sala de lectura decorada con paredes de caoba con incrustaciones de nácar y los camarotes eran espaciosos, con lambrices de roble y ricas alfombras.
El comedor de segunda clase contaba con espacio para 394 pasajeros y los demás compartimientos de esta clase tenían paredes decoradas con paneles de excelente calidad de maderas. En tercera clase los alojamientos estaban construidos con madera de pino y el comedor tenía las paredes esmaltadas de blanco.
Los avisos
En la jornada de ese fatídico día, el jefe de radio del Titanic, Jack Philip, había estado asediado por los impacientes pasajeros que deseaban transmitir a familiares y amigos las novedades y las emociones de la travesía. A las 9 de la mañana recibe el primer mensaje por parte de un navío de nombre Baltic, que le informó de la presencia de masas de hielo a 41º 51′ latitud Norte y longitud 50º 8′ Oeste.
En medio de todos esos mensajes personales llegó sobre las 7 y 30 de la tarde el primer aviso emitido por el vapor Californian, dando el alerta: tres icebergs flotaban a ocho kilómetros del lugar donde se encontraba la nave.
La única medida tomada por el capitán Edward Smith es pedir mayor atención a los vigías, en medio de una oscuridad que poco dejaba ver.
Sobre las 10 de la noche llega un nuevo aviso: «A latitud 42º 25′ Norte y longitud 45º a 50º 30′ Oeste, hemos visto importantes masas de hielo y numerosos icebergs», Phillips no se lo llevó al capitán Smith. Una hora después, el Californian cursa un nuevo mensaje señalando que estaban detenidos, a 10 millas del Titanic, a causa de los icebergs. Fueron cuatro los avisos con peligro de témpanos de hielo que fueron ignorados y minimizados por la oficialidad del Titanic. A esta conclusión llegó, tiempo después, una comisión investigadora formada por el Congreso de los EEUU, en la cual participaron y declararon varios sobrevivientes. Pero también hubo una cuota parte del capitán del Californian, Syanley Lord, y del oficial Victor Groves.
La tragedia
El oficial Murdoch fue el primero en avistar el iceberg y ordenó frenar las máquinas, poner reversa, girar a babor y cerrar los compartimientos estancos de la nave. Toda esta operación se realiza en apenas treinta y siete segundos. La nave se trasladaba a cuarenta y un kilómetros por hora, velocidad considerada excesiva. El Titanic colisionó con la masa de hielo a las 11 y 40 horas de la noche, cuando la nave intentó virar a la izquierda. Muchos consideraron que este fue un error, ya que si hubiera chocado de frente, el barco hubiera sufrido menos daños y pocos muertos.
El iceberg abrió una brecha de casi noventa metros de largo en su flanco derecho por donde el oceáno empezó a invadir la nave.
En apenas dos horas, todo se iría a pique. Según la versión aportada por varios sobrevivientes a la Comisión Investigadora de los EEUU, los botes comenzaron a ponerse en operaciones a las 0.05 minutos del día 15, hora que coincide con el primer llamado de auxilio cursado por telégrafo. Sobre las 0.45 se dispararon las primeras bengalas que fueron avistadas por la oficialidad del Californian, que, indiferente, hizo caso omiso del pedido de auxilio. Luego declararon que creyeron que se trataba de algún frívolo festejo de los pasajeros de primera clase. Sólo había 16 botes salvavidas, que eran insuficientes. Por el mito de la insumergibilidad de la nave, las medidas de seguridad eran mínimas.
De 2.227 pasajeros que creían en una travesía segura, sólo se contaba con botes salvavidas para la mitad.
Todo se va a pique
Sobre las 2.05 horas, se dejó de emitir mensajes y se lanzó al agua el último bote. Minutos después, el nivel del mar alcanzó el puente del barco, que quedó a oscuras. Luego, se desprendió la primera chimenea, se fracturó el casco y la popa quedó en posición vertical. A las 2.20 horas, el «insumergible» Titanic fue devorado por el océano.
Sobrevivieron el 32% de los pasajeros y el 22% de los tripulantes. Entre los viajeros, se salvó el 60% de los de primera clase, el 42% de segunda y el 25% de tercera. La clásica frase «los niños y las mujeres primero», parece no haber funcionado, porcentualmente se salvaron más hombres de primera clase que niños de tercera. Mucho de lo ocurrido entre la oscuridad de la noche del 14 y el comienzo del 15 abril quedó sumergido en las profundas aguas del Atlántico y distintos estudiosos se apoyaban en los relatos de varios sobrevivientes, hasta fines de los años setenta.
Los descubrimientos
En setiembre de 1985, una expedición franco-estadounidense, dirigida por el científico Robert Ballard, localizó la proa del Titanic a casi seiscientos kilómetros de Newfoundland, Terranova.
La hallaron en un montículo de fango y arena a 3.962 metros de profundidad. Con la ayuda de un mini-robot equipado con sensores y cámaras filmaron al navío y llegaron a la conclusión de que la tres cuartas partes parecían estar intactas.
De varias exploraciones que se siguió llevando a cabo posteriormente se confirmó que la proa, en el momento del accidente, se había desgajado de la popa y se encontraba separada a seiscientos metros de distancia.
Los avances científicos y los estudios que se llevan a cabo han hecho pensar en un reflotamiento del
famoso navío. Pero «La Asociación de descendientes de víctimas del Titanic», con sede en Estados Unidos e Inglaterra, ha presionado a los gobiernos de ambos países y a diversos organismos internacionales para que se prohíba reflotar el barco.
Por su parte, el científico Robert Ballard ha sostenido lo siguiente: «El Titanic está envuelto en una aureola de misterio, porque su hundimiento significó el final de la edad de la inocencia».
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