El calentamiento global amenaza playas y cultivos de nuestro país
El legislador denunció el retiro de Estados Unidos del denominado Protocolo de Kyoto sobre cambio climático, acusándolo de promover «una política suicida», ya que es el responsable de la emisión de la cuarta parte de los gases de efecto invernadero.
Durante una exposición en el Senado, Abelenda invocó un informe de la Comisión Nacional sobre Cambio Global que funciona desde 1994 en la égida del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente. El estudio analiza, principalmente, la vulnerabilidad de nuestros recursos costeros y agropecuarios, proponiendo medidas de adaptación para enfrentar dichos cambios climáticos.
El legislador advirtó que las posibles repercusiones sobre la costa de los departamentos de Colonia, San José, Montevideo, Canelones, Maldonado y Rocha, son realmente preocupantes. «Tenemos que ser conscientes del impacto socio económico que provocaría la desaparición de la playa que bordea la ciudad de Piriápolis o de lo que implicaría una recesión de 125 metros de la línea costera en Pocitos y Punta Gorda».
Abelenda precisó que, de acuerdo a los estudios técnicos realizados, «el cambio climático aumentaría la fuerza de los vientos, originando mayor intensidad y frecuencia de las tormentas. Esos factores, sumados al aumento en el nivel del mar, impactarían en los recursos pesqueros y la biodiversidad de las lagunas de Rocha y Maldonado, depositarias de gran riqueza ecológica y comercial. Además, debemos ser conscientes de que podrían verse afectadas áreas con importantes infraestructuras de valor turístico, como es la Colonia del Sacramento».
Durante su exposición, el senador Marcos Abelenda advirtió también que el cambio climático podría afectar seriamente los cultivos de mayor importancia económica: cebada, trigo, arroz y maíz, como así también a las pasturas naturales.
«En escenarios de aumentos de la temperatura y de la precipitación, el rendimiento de los cultivos de invierno disminuirá un 30%. El maíz se vería a su vez perjudicado por el aumento de la temperatura y la mayor variabilidad de las precipitaciones. Mientras, en sentido contrario, el arroz se vería beneficiado, aunque en este último caso, el aumento de las precipitaciones podría favorecer la aparición de nuevas enfermedades».
Abelenda criticó «las relativas previsiones que el Estado uruguayo ha tomado» para enfrentar este problema, aunque admitió ser consciente de los costos económicos que ello supone.
Recordó que el denominado Tratado de Kyoto –que se firmó en diciembre de 1997– propuso reducir en por lo menos un 5,2% la emisión de gases de efecto invernadero. Dicha medida debía hacerse efectiva entre los años 2008 y 2012. Sin embargo, el grupo intergubernamental de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático ha señalado que, para no agravar más la situación, la reducción debería alcanzar al 60% y operarse en forma inmediata.
Marcos Abelenda señaló que los Estados Unidos, cuya delegación acaba de retirarse del Protocolo, «es responsable de la cuarta parte de las emisiones de gases que se producen a nivel mundial, cuando sólo posee el 4% de la población mundial. Por lo tanto, su actitud concreta frente a este problema es sustancial para el conjunto de la humanidad. Agreguemos que, desde 1990 a la fecha, Estados Unidos aumentó un 10% dichas emisiones, por lo cual su negativa a ratificar el protocolo se torna una amenaza para el planeta».
En su tercer informe publicado oficialmente el 22 de enero en Shangai, el Grupo Intergubernamental de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático advirtió que el recalentamiento de la atmósfera está ocurriendo a un ritmo mayor al previsto. En el documento se recuerda algunas de las secuelas de este fenómeno, como tormentas, huracanes y sequías.
Abelenda recordó que en julio, en Bonn, se celebrará la conferencia de ONU la Convención Marco de las Naciones sobre cambio Climático. «Esperamos que el gobierno uruguayo asuma una actitud decidida y radical que, junto al coro de voces internacionales, haga ceder a Estados Unidos de su política suicida».
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