"No se puede votar el ingreso de Cuba a la OEA y después censurarla bajo presión"
–Usted acaba de llegar de la 105 Conferencia Interparlamentaria que se realizó en La Habana. ¿Cuál fue el temario?
–Se trató la modificación del estatuto para que se reúna una vez por año y no dos como hasta ahora. La idea es que se acentúe el trabajo en comisiones para darle una mayor efectividad.
En este tipo de reuniones se tratan los temas preestablecidos en la reunión anterior. De todos modos, a iniciativa del Frente Amplio, la delegación uruguaya incluyó el tema de la xenofobia, el racismo, sobre todo relacionado con las migraciones en Europa, para que se acepte en esos países a los emigrantes económicos, que son fruto de la globalización. Pero este tema no fue aceptado, a pesar de contar con el apoyo parlamentario latinoamerericano, y se analizó el tema del terrorismo, que fue una propuesta presentada por la delegación cubana. La declaración final contempló a 140 países y por eso fue muy equilibrada.
También se fijó el orden del día de la próxima reunión, que se va a realizar en Africa. Los temas a tocar son la situación de los niños y los jóvenes en el mundo, sobre todo referido al tráfico de ellos, y las acciones parlamentarias a encarar sobre la problemática del sida. Dos temas que están centrados particularmente en Africa.
–¿Qué destacaría de la reunión?
—Que se desarrolló en un buen clima, positivo, y que no existieron confrontaciones importantes. También destaco que se hizo en La Habana, lo que significa que más de 140 parlamentos eligieron a Cuba como sede. En tercer lugar hay que destacar que el presidente de la Asamblea Popular Cubana, Ricardo Alarcón, fue electo presidente de esta conferencia, lo que no deja de ser un reconocimiento al Parlamento cubano. Otro asunto importante fue que en el Grupo Parlamentario Latinoamericano (Grula) se votó por unanimidad una declaración que solicita que Cuba sea readmitida en la OEA.
–¿El Congreso de Estados Unidos participó?
—No, porque no participa desde hace unas seis conferencias. Incluso ha dejado de aportar al mantenimiento de la estructura parlamentraria. Es una lástima y es malo que no participe, en tanto es la principal fuerza mundial.
A la vez se resolvió que Montevideo sea la sede de la Conferencia Interparlamentaria en octubre de 2002, lo que para nuestro país es un hecho muy importante porque la ciudad que es sede pasa a ser el punto de referencia.
–¿Cuánta gente concurre a esos eventos?
—Son unos 1.300 delegados, cifra que puede llegar a unas 2.000 personas.
–¿Castro participó de esa Conferencia?
—Participó dos veces. La Conferencioa fue abierta por la presidenta del Comité Ejecutivo, una parlamentaria de la India, y luego hablaron los dueños de casa, Alarcón y Fidel Castro.
En esa instancia Fidel dijo que le habían dado veinte minutos de tiempo y que para él ese tiempo era excesivo y que por lo tanto no los iba a utillizar. Fue así que habló diez minutos, pero a la vez advirtió que estaba dispuesto a volver al plenario. Y volvió con un discurso de dos horas.
De esta intervención destacaría ese tono de docente a que nos tiene acostumbrados. En ese momento recordó que hace 20 años se había hecho en Cuba una asamblea interparlamentaria y un poco historió lo que había pasado en ese tiempo con la marginación, la enseñanza y la salud. Intervención que fue aplaudida mayoritariamente y no digo unánimemente porque no me preocupé de hacer el conteo.
–¿Cómo surge esa invitación de Fidel Castro a cenar?
—Los frenteamplistas que estábamos allí, los senadores Mónica Xavier y Enrique Rubio, también Rosario, una compañera de la Comisión de Internacionales del FA y yo, solicitamos una entrevista con Fidel, como ocurre con todas las delegaciones.
El día sábado de tarde, a eso de las 15 horas, cuando ya cerraba el Consejo Interparlamentario, me comunican que Fidel Castro había concedido la entrevista. En ese momento Enrique (Rubio) no estaba conmigo porque no tenía que participar del Consejo y Mónica (Xavier) se había ido, por eso concurrí con Rosario.
A la media hora Fidel nos recibe en un despacho del Palacio de las Convenciones. Hablamos de Uruguay, del Mercosur, del ALCA… Mientras conversamos, Fidel nota que Rosario estaba preocupada con uno de sus pies. El tema es que por el apuro de avisarme que se hacía la reunión con Fidel, en una de sus corridas se sacó el taco de su zapato. Luego de conocer el problema, Fidel dice que hay que solucionar la situación y manda a uno de sus ayudantes a que le trajeran tres pares de zapatos (se ríe). Todo terminó con el regalo de un par de zapatos.
Luego entró alguien del equipo de Fidel y le planteó que un delegado tenía que tomar el avión en pocos minutos. En ese momento yo le preguntaba sobre la situación económica de Cuba. Pero ahí tuvimos que interrumpir la reunión, aunque acordamos que me mandaba a buscar en auto a la casa del embajador uruguayo. Y a las 9 de la noche llega el auto y con Enrique y Rosario nos vamos a la entrevista, pero esta vez en el Palacio de la Revolución.
Cuando nos encontramos, nos invita a una reunión de trabajo, donde había unas veinte personas, todas muy jóvenes, más allá de que participó Carlos Lage, viceministro encargado del área económica. Un tipo interesante.
Parece que es una reunión habitual que hace todos los sábados ese equipo con Fidel. Es un equipo que trabaja sobre los temas de la juventud y la adolescencia, tratando de generar mecanismos de compromiso con la sociedad y la educación.
Allí nos enteramos que están poniendo paneles solares en escuelitas rurales donde no llega la electricidad y a las que concurren dos o tres alumnos, a los efectos de poder instalarles allí una computadora y un televisor. Elementos mínimos para tenerlos conectados con el resto de la sociedad.
En relación a los jóvenes, está creando clubes de video, con la idea de rescatar todo el cine clásico, un poco la historia del cine en el mundo. Además hacen una apuesta fuerte a la edición de la literatura clásica. Esta reunión duró unas cuatro horas, donde se analizaban los datos acerca de lo proyectado. Nosotros participábamos escuchando y viendo cómo trabajaban.
Después nos invita a cenar. Entonces conversamos sobre la situación del Mercosur, de Uruguay dentro del Mercosur, de la perspectiva del ALCA y de la Unión Europea.
–¿Sobre Uruguay?
—Se mostró muy interesado por la situación económica y por el tema ganadero y el problema de la aftosa. Fidel está muy preocupado sobre qué vamos a hacer con la aftosa cuando estamos rodeados de Argentina. Nos preguntó qué posibilidades tiene Uruguay, en poco tiempo, de fabricar la vacuna a los efectos de parar el flagelo.
–¿Qué actitud tiene Cuba en torno a los procesos de integración mundial?
—En concreto, sobre ese punto, no hablamos. La reunión tuvo la característica de desarrollarse sobre preguntas e inquietudes de Fidel. La impresión que saqué es que Fidel quiere saber qué cosas buenas se pueden estar haciendo en otros lados para trasladarlas a Cuba. No hablamos sobre la posibilidad de la integración de Cuba a un determinado bloque, pero es evidente que los cubanos no se sienten bien estando fuera del contexto latinoamericano, más allá del ingreso a la Aladi, que valoran como muy positivo. Ahora tienen importantes acuerdos con Venezuela, acuerdos históricos con Canadá, que está haciendo importantes inversiones, y con México, que son menores en esta etapa. También tiene acuerdos con España y Francia. Supo
ngo que Cuba quiere seguir abriendo su relación mundial. El bloqueo es el muro que impide que los cubanos profundicen la relación con el resto del mundo.
–¿Se reunieron con disidentes?
–Sí, claro. Desde mi punto de vista no tienen peso en la sociedad. A la vez saqué la impresión de que son varios grupos, con discusiones entre ellos.
El planteo que nos hizo uno de esos grupos fue de carácter humanitario, en tanto el hijo de Vladimiro Rocca, que está encarcelado y que le queda menos de un año de condena, tiene una afección pulmonar. Por eso su señora solicita la libertad anticipada.
Ellos nos pideron que hiciéramos gestiones discretas, pero al día siguiente los vi en televisión española con un planteo más político. Este es un tema complejo, más cuando en una semana no se conoce la realidad de un país. Menos cuando no vas a investigar la realidad de ese país.
–¿Qué evaluación hace de la Cuba de hoy?
–En 1985, cuando yo estuve, Cuba se sentía con muchísima fuerza. Después vino el derrumbe del mundo comunista, la pérdida de mercados y de intercambio comercial, y surgió lo que ellos llamaron el «período especial», donde la población cubana sufrió mucho en cuanto a la alimentación.
Ahora la vi con mucho optimismo y no sólo por Fidel. Creo que desde el punto de vista económico están saliendo bien, en base al aumento de la generación de petróleo propio, aumento de las exportaciones de níquel y del turismo, que ha pasado a ser el segundo generador de divisas, después del azúcar.
Un taximetrista me dijo que ya el tema no es la alimentación y la vestimenta, sino acceder a un mayor confort en cuanto a electrodomésticos. Claro que el turismo va generando diferencias sociales, porque vive distinto el tipo que trabaja cercano al circuito del turismo que el campesino. Más allá de que en definitiva la divisas que se optienen por el turismo se van volcando a la sociedad por medio de la acción de Estado, que redistribuye las riquezas y desarrolla planes en educación y salud, que son los sistemas mejores de América Latina. Visité la Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas, donde hay 164 uruguayos becados que acá no podían estudiar por los costos. Y, la verdad, los muchachos están encantados.
–Se está por condenar a Cuba por violación a los Derechos Humanos en Ginebra. ¿Qué actitud tiene el PS ante ese planteo auspiciado por Estados Unidos e instrumentado por la República Checa y Polonia?
—Le hemos planteado al ministro Opertti que Uruguay debe atenerse a los princios de no intervención y autodeterminación de los pueblos. Y que en base a eso Uruguay debe abstenerse como política de Estado ante este caso. Si 140 parlamentos se reúnen en Cuba y nombran a Alarcón como presidente de la Conferencia, están mostrando un consenso en cuanto a la situación de Cuba.
En cuanto a la opción que se plantea hoy de arrinconar a Cuba o de tratar de darle aire para que siga desarrollando su proceso, es en el mundo mayoritaria la idea de darle aire.
–¿Se violan los derechos humanos en Cuba o se violan los derechos políticos?
—Yo no fui a investigar a la sociedad cubana, ni tuve el tiempo suficiente para hacerlo. Recuerdo que estuve con disidentes que no reclamaban que se eliminara la pena para sus familiares, sino que solicitaban libertad anticipada. Pienso que en Cuba no se violan los derechos humanos y sé que en esto hay una actitud de confianza, más que otra cosa.
Sobre lo otro, yo no admitiría en Uruguay ningún régimen que no fuese la libre confrontación partidaria y la rotación de los partidos en el gobierno. Me gustaría que Cuba hiciera lo mismo. Ahora ellos dicen que están haciendo un proceso de profundización de la participación de la sociedad a través de los sindicatos, de las organizaciones sociales y barriales.
En lo personal no me gusta tener en en mi país a un sistema como el de la Cámara de los Lores, pero no condeno a quienes construyeron esa forma parlamentaria. Tampoco me gustan las monarquías, pero nos llevamos muy bien con muchas de ellas.
No creo que las relaciones entre los países se deban establecer sólo en base al monto de las relaciones comerciales. Si tú me compras poco y tienes un mercado pequeño te censuro y si me compras mucho y tienes un mercado inmenso me llevo bien, como parece que pasa con Cuba y China. No se puede votar el ingreso de Cuba a la OEA y después censurarla bajo presión. El retorno de Fidel a la OEA contó con el apoyo unánime de la delegación uruguaya, entre los que se encontraban los diputados Washington Abdala y Gustavo Borsari y los senadores Luis Alberto Heber y Rafael Michelini, entre otros, además de Enrique (Rubio).
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