Tiene la Palabra

 

Respuesta del Instituto Nacional del Menor

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

 

De mi mayor consideración:

Cúmpleme dirigirme a usted a efectos de reiterar una contestación a un planteo que aparece en la sección Opinión bajo el título «El perfume de la Unión», en su edición del 30 de marzo de 2001, firmada por CI 1.609-640.

Ante tal publicación el Iname informa:

1. Que es exacto que el predio es propiedad del Instituto, ubicado en las calles Perna y Fray Bentos.

2. Que el organismo recibió en varias oportunidades a los vecinos y representantes del CCZ.

3. Que frente a ello, realizó por su Servicio Social, un Registro de Ocupantes (grupos familiares e individuales).

4. Que ante la cantidad de niños y la existencia de menores y mujeres embarazadas, si bien se realizaron los trámites judiciales de desalojo y lanzamiento. No juzga pertinente aplicar fríamente las disposiciones sino que deberá buscar el apoyo del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente para realizar un abandono del predio, sin ofrecer una alternativa a los habitantes.

5. Fruto del estudio que se entregó al Ministerio de Vivienda y a la Intendencia Municipal de Montevideo, se comenzó por Iname a gestionar una solución y se realizó un plan tentativo, pero luego las gestiones quedaron en la decisión de las autoridades del Ministerio.

6. Que del estudio aparece que los grupos de familias aceptaban en su mayoría la posibilidad de dejar el predio y aceptar soluciones en otro lugar.

7. Que existe la mejor voluntad por parte del Directorio de Iname en la búsqueda de soluciones para estos ocupantes del predio, pero solo no puede llegar a concretar las mismas.

8. Que está absolutamente abierto como lo ha hecho hasta el momento y es norma del Directorio dentro de sus cometidos de protección integral al Niño y la Familia, seguir trabajando el tema, por una solución pacífica, ordenada y socialmente justa.

Agradezco al señor Director la publicación para precisar una vez más, cuál es la posición de Iname frente a este tema.

Atentamente,

Prof. Julio C. Saettone – Presidente

 

De indios y colonizadores

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

 

Desde hace años me vengo preguntando si aún existen colonizadores e indios; aquellos que mediante canje de espejitos y collares de vidrios de colores le sacaban a los indios todo lo de valor que tenían. Ahora sólo se necesitan una maquinita, un rollo de papel y tintura verde, ya que desgraciadamente hay países ávidos de dinero en préstamos fáciles, que suscriben deuda tras deuda, hasta hacer difícil su pago. El que presta lo sabe y les ofrece más de lo que puede pagar y después los tiene comiendo de la mano.

Hay países que tienen todo lo que necesitan: fábricas de toda clase, aviones, autos, alimentos, de armas, plantaciones de toda clase, minas de metales y piedras preciosas, lo tienen casi todo. Sin embargo tienen deudas externas por más de 100 mil millones de dólares.

Otro país que debe más de 100 mil millones de dólares hace poco le otorgaron más 39 mil millones de dólares, sólo para atender gastos de su deuda externa. Ha vendido todas sus empresas públicas como lo aconsejaron, privatizándolas, y, así le ha ido. Como ahora no tiene recursos propios que le daban esas empresas que vendió, tuvo que crear nuevos impuestos y les rebajó el sueldo a los empleados públicos.

Esperemos que esto sirva de lección y de ejemplo y se abra bien los ojos ante eso de privatizar lo que da ganancia (cientos de millones de dólares) que el país utiliza para tapar agujeros causados por gastos del Estado.

Cuando no exista esa ganancia, la democracia se convertirá en monarquía, y se crearán nuevos impuestos compulsivos, que será de pagar o pagar.

Un país que quiere colonizar a otro no permite que éste pueda progresar para que no pueda pagar su deuda, y, así tenerlo de esclavo trabajando para él; sacarle todo lo que dé ganancia, achicarlo, y, si necesita dinero que recurra a él, y saque una nueva deuda, así lo tienen más ligado a él, y ya aprovecha para ponerles condiciones y tienen que hacer todo lo que a ellos les dé provecho.

Argentina vendió todo, y, según informes en mi poder actuales, Argentina sufre un persistente estancamiento, el que está combinado a una elevada tasa de desempleo. Su riqueza se contrajo un tres por ciento en 1999 y los índices de crecimiento han sido cero en el pasado año. Le espera un futuro muy difícil si no cambia su modo de pensar en regalar todos sus bienes.

Privatizar o hacer socios de lo único que tenemos para defendernos, es lo peor que un país puede hacer. Uruguay se ha defendido hasta hoy porque mantiene esas empresas públicas. El dinero que recauda es para pagar principalmente impuestos; gastos al comercio, sanatorios, medicamentos, etcétera, y éstos también pagan impuestos al Estado. Es decir, que el dinero vuelve al mismo Estado. Todo es una cadena. Si se tiene socios o se privatiza, gran parte de ese dinero se va para el exterior y no vuelve más. Es un manantial que vertirá sus aguas al mar para extinguirse y desaparecer en un futuro no lejano. Desligarse de todo lo que se tiene como bienes públicos, achicarlo, es perjudicial para el país, trae desempleo, miseria y descontento en la gente.

Lo aportado para las AFAPs es dinero que cualquier banco privado estaría bailando en una sola pata de contento si recibiera cientos de millones de dólares «gratis» y todavía arriba se les pagará un porcentaje para gastos de administración, por un lapso mínimo de 25 años, más la ganancia por inversiones de miles de millones de dólares sin impuestos. «El sueño del pibe». Parecería que al Estado le sobra el dinero, ya que no sólo tiene que aportar los porcentajes de Montepío que le corresponde a las AFAPs, sino que tiene que aportar mediante nuevos préstamos de deuda pública, digo externa, lo que le corresponde al BPS. Lindo negocio las AFAPs.

Un país lleno de deuda externa, empobrecido como éste, sería bueno que la masa política diera el ejemplo y demostrara con hechos, y, que sus intenciones son verdaderas cuando hablan de contención del gasto público y disminuyan también los cargos políticos al 50% (senadores, diputados, secretarios y demás gama política) si es verdad que quieren ayudar al país y paguen con eso la deuda externa. Siempre he votado a los partidos tradicionales y hoy me sorprende cómo algunos partidos políticos se desesperan para entregar las industrias nacionales a manos extranjeras y no defienden lo nuestro, que tantos impuestos y sacrificios costó a nuestros antepasados y a nosotros mismos. Es para meditarlo, y tener en cuenta en el futuro, para determinar quienes nos protegen y quienes no.

Ha llegado la hora de la verdad.

Los partidos tradicionales están entrando solos en su final, porque aquí en Uruguay, según lo que conozco de política, cuando un partido que gobierna mal según el concepto de la gente, si es colorado, votan en las próximas elecciones a los blancos, y cuando es al revés votan a los colorados, pero ahora están gobernando juntos y les espera el voto castigo de la gente a los dos. Sólo queda una sola tercera opción. Así que vayan meditándolo, y sigan gobernando desconociendo lo votado en el año 1992.

Ningún partido político es dueño y ni heredero del país, solamente son empleados públicos votados para gobernarlo por 5 años, y reemplazables al término de ese mandato por nuevas elecciones en 2004 por vol
untad soberana del pueblo según la constitución vigente del país.

AL – CI: 839.307-5

 

¿Es lo mismo rentabilidad que productividad?

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

 

En la edición del 15/3/01, página editorial, aparece un artículo del Sr. Andrés Figari, titulado «El Sr. Presidente y el INC». Hace referencia a un tema del que poco se habla, en particular cuando analiza conceptos del doctor Batlle referentes al minifundio y a su paradigma del latifundio de 20 mil hás.

Suscribo con el señor Figari casi todo su análisis, sólo quiero puntualizar respecto a la no relación causal entre productividad y rentabilidad.

Desde el punto de vista idiomático el señor analista tiene razón, pero quizá esa relación debería llamarse simbiótica, en cuanto a lo que más adelante detallaré. Por tanto le agrego a lo «parecido», «causal» y «simbiótico» para aclarar mejor lo que yo interpreto del análisis que involucra al sector tan heterogéneo como es el ganadero.

Lo que me lleva a dirigirme a su diario, que leo casi todos los días, es mi discrepancia con el señor Figari en cuanto afirma que la rentabilidad es un problema del terrateniente capitalista, y la productividad es un problema para el conjunto del país.

El problema de la tenencia de la tierra es un tema de discusión nacional. El latifundio y el minifundio son consecuencias de filosofías políticas, que rigen este país desde siempre y que no todos los ganaderos compartimos.

Si bien el latifundio es el cantón de los poderosos, el minifundio es el reducto de los productores que sudan la gota gorda todos los días para darle de comer a los uruguayos, donde también habemos ganaderos. La rentabilidad es una exigencia imprescindible para cualquier empresa comercial, poque nadie pone un peso donde va a perder, antes lo timbea.

Por tanto, esta cualidad del negocio ganadero no es sólo de los latifundistas, es también con legítimo derecho la aspiración del chiquitaje, si no ¿de qué vivimos? En cuanto a lo que afirma el señor analista de que no existe causalidad entre productividad y rentabilidad, me parece que se equivoca, existe simbiosis.

El aumento de la productividad, que es el tema de esta cuestión, es casi imposible sin inversión, que tiene su costo, y si no respeta ese costo no hay rentabilidad posible, sino pérdidas.

Por tanto, la causa de la productividad y la rentabilidad, va más lejos de lo que el señor analista juzga de que nuestra visión no va más allá del rabo del nuestros ganados. No acepto que se nos endilgue tremenda miopía.

En lo personal he sido desde hace muchos años un luchador, es cierto que sin éxito, por la reivindicación de la causa de los rurales ganaderos. La explotación del obrero rural que el señor analista anuncia, es una afirmación hiriente para la mayoría de la gente del campo. Eso no es así, no se puede clavar el puñal porque resulta fácil.

Mucho más explotación existe en los cinturones urbanos, donde ya hay desesperación por el hambre, cuyas soluciones sociales pasan normalmente por las exacciones tributarias a que son sometidos los ganaderos, que hasta ahora han aguantado a pie firme.

El país está estancado porque los gobiernos son tendenciosos hacia los intereses comerciales de los capitalistas urbanos y poco serios y menos preocupados por la productividad sana de un país agropecuario.

Aquí la cuestión es no envenenar el ambiente porque ya la piola viene sucia. Aquí hay que analizar como corresponde quiénes tienen la plata de este país, por qué y dónde está.

Ese sería el análisis, con profundidad, con argumentos, con conocimiento y con gran dosis de respeto a los involucrados en dicho análisis. El tema da para más, pero no podría estar tranquilo con mi conciencia si no pego el grito a tiempo.

Apunte para otro lado señor analista.

Haroldo Estévez

 

Televisión biodegradable

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

 

En un sketch de Viendo a Bondi de los años sesenta, Pepe estropajo está por comerse un sandwich, sentado en el cordón de la vereda. A su lado, el actor Díaz Lastra, que protagoniza a otro mendigo, le pide la mitad del sandwich porque tiene hambre.

Pepe se lo da para que él mismo lo parta en dos, pero Díaz lastra toma el sandwich y le corta una puntita, se lo devuelve a Biondi, y se dispone a comer el resto, mirando a cámara’

Pepe dice: ¡no me sacaste la mitad, me sacaste la raíz cúbica! ¿Ustedes se imaginan un chiste parecido en un programa actual de humor? ¿Es verdad o sólo una leyenda que en nuestra pantalla se ofrecieron ciclos inteligentes como cosa juzgada, divertidos como «Operación ja-ja» o interesantes como «Yo fui testigo»?

Los diálogos de telenovelas como Rosa de lejos o La extraña dama ¿ fueron escritos por doctores en filosofía?

Tal vez para ayudar a que nuestra decadencia cultural sea perfecta, la televisión argentina haya querido hacer su aporte con esta absurda metáfora de la posmodernidad: los reality shows y sus versiones vernáculas de «Expedición Robinson», «Gran hermano», «Bar TV» y demás engendros, que lejos de lavarnos el cerebro (tarea ardua que ya cumplieron las decenas de ciclos de entretenimientos de la última década) sólo nos lo quieren planchar y doblar en cuatro.

1) ¿Qué contenidos poseen? Ninguno. no participan personas con algún tipo de mérito intelectual o espiritual cuyos diálogos o acciones enriquezcan en algo al espectador.

2) ¿Qué mensajes promueven? La competencia como valor esencial y un modelo de grupo en el que la virtud máxima final es el individualismo triunfador.

Luis Buero –

 

 

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