Más problemas con pronombres
«Cayeron tal cual los anunciamos, sin causar daño alguno» (Berp! 30/03/01. Se refiere a los restos de la estación espacial Mir).
No sé por qué arcana razón, estos pronombres personales tienen la virtud de confundir al escriba más pintado. La frase que tomamos hoy es ilustrativa de las dificultades que se presentan a la hora de elegir el pronombre correcto. Si le parece bien, procedamos a analizar el asunto.
Se trata, a todas luces, de un pronombre personal que oficia de complemento directo, lo que equivale a decir que remplaza a ese complemento; es un pronombre masculino de tercera persona del plural. Lo empleamos cuando el complemento directo que queremos remplazar es masculino y plural; por ejemplo, podemos usarlo en oraciones como la siguiente: Compré dos paquetes de cigarrillos y los dejé sobre el mostrador, donde dos paquetes de cigarrillos es el complemento directo de los dos verbos que aparecen en el enunciado (comprar y dejar) y, por tratarse de un sustantivo masculino plural, empleo el pronombre los; si hubiera sido un paquete, diría y lo dejé sobre el mostrador. ¿Tamo de acuerdo? Bien, veamos entonces cuál es el complemento directo de anunciar en la frase que nos ocupa. A nadie en sus cabales podría ocurrírsele que el complemento directo de anunciar (vale decir, lo anunciado) sea los restos de la Mir (único sustantivo masculino plural existente en el enunciado y al que parece referirse el pronombre los), por la sencilla razón que pueden anunciarse diversas cosas pero nunca los restos de algo. Puede anunciarse una visita, precipitaciones aisladas, tormentas dispersas o cualquier otro hecho que puede suceder pero jamás un objeto concreto como una taza, el llavero, las camisas u otros, ¿no le parece? Entonces, aplicando una lógica elemental, no cabe concluir otra cosa que no sea que el complemento directo de anunciar (lo anunciado) debe ser la caída de los restos de la estación espacial sin causar daño alguno. Lo que se anuncia es el hecho de la caída (y la ausencia de consecuencias desastrosas de la misma) pero no los objetos que caen. Por tanto, debería haberse escrito: «Cayeron tal cual lo anunciamos, sin causar daño alguno».
–¿Fui claro, Pereira?
–En un cien por ciento. Ahora, y ya que puso el ejemplo de los boletines meteorológicos que siempre anuncian precipitaciones aisladas y tormentas dispersas, lo que yo me pregunto es cómo serán las precipitaciones comunicadas y las tormentas reunidas, ¿no halla?
–¡Qué lo parió!
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