Desde el asiento de los bobos

Usted, ¿qué tiene que ver?

Por Horacio Buscaglia

Allá, por los principios de enero, una de las primeras columnas que escribí, fue sobre la llegada de Gran Hermano a nuestro país. La versión española, porque ahora trajeron la argentina. ¡Son tan originales los programadores de televisión!

Y, dicho sea entre nosotros, si Gran Hermano es una Gran Basura en las versiones españolas, alemanas o holandesas, ¿te imaginás lo que debe ser en la versión porteña? En fin. No lo vi pero me lo imagino.

Según cuentan, la asesora holandesa que vino a controlar la adecuación a las normas del formato internacional, planteó una diferencia fundamental: «Todos los participantes son lindos», dijo sorprendida, «no debe ser así. Tienen que reflejar las características generales de los televidentes». Los productores argentinos le aclararon que eso podía funcionar en Europa o EEUU, porque –dijeron– «de otra manera, en Argentina, no lo mira nadie». La convencieron. Y también tenemos la lección de sociología que yo mismo escuché de boca de uno de los productores porteños: «Se va a tener que ver algo de sexo, algún puterío o a alguien sentado en el inodoro, sino ¿quién va a querer mirar el programa?

Bueno, en realidad yo quería contarles que en Cannes, Francia, se está realizando el 38º encuentro del Mercado Internacional de Programas de Televisión (Miptv). Y hay un cable que es bastante revelador sobre algunos aspectos del tema.

En este Miptv participan muchas empresas de producción y distribución internacionales de «formatos». En la jerga del negocio de la televisión se les llama «formatos» a los programas con un marco fijado de antemano, (idea, desarrollo, duración), tales como Gran Hermano, Survivor y otras telebasuras.

«La televisión comercial contribuyó considerablemente a la uniformización internacional de los programas», declaró la directora de ventas de una firma especializadas en «formatos». Y agregó: «En diez años, en los principales paises occidentales, los canales de servicio público (con objetivos culturales, sociales, etc.), que siguen prefiriendo los programas nacionales, dejaron de ser interlocutores privilegiados en beneficio de los canales privados».

¿No sé si te quedó claro lo de la uniformización y lo desprestigiado de lo nacional?

«Uno no permanece indiferente ante un programa que ya tuvo una enorme audiencia en otros países», resaltó otro de estos ejecutivos tan preocupados por la cultura y las señas de identidad de cada sociedad.

Sin embargo, dicen, los formatos con «personajes reales» como Gran Hermano, por ejempo, están declinando (será por eso que caen por estos lados). Sucede que «la gente está un poco harta de ver las mismas personas en la tele o en Internet. Es divertido al principio pero termina por cansar» acotó el bueno del director de ventas de MTV International, Jacob Houlind. Así que sugieren agregar más psicología, inclusive «análisis freudianos» al comportamiento de las gente encerrada en una casa, una isla o un yate. (Aprontate)

Pero Jacob, comprometido con los verdaderos intereses del ser humano, propone el voyeurismo al mango, dice: «Lo que cansa es que estos reality show ocurren siempre en lugares artificiales. Ahora hay que seguir a la gente en su propia casa». Aseguró que su firma ya tiene un programa así, donde los concursantes pondrán su vida real en las manos de los productores.

«Iremos más o menos lejos en la provocación, según el país donde lo llevemos», reconoció San Houlind. Cuando se le preguntó si eso no es mucho más telebasura que lo anterior, respondió: «Sí, lo acepto. Es una política. Uno no puede evitar mirar tal programa»

Creo que es innecesario que yo haga algún comentario, sólo recordarles que yo se les avisé. El 9 de enero terminaba esta columna anunciando: Muy pronto el Gran Programa será vernos a nosotros mismos. Me imagino sentado frente al televisor viéndome sentado frente al televisor viéndome sentado frente al televisor viéndome sentado frente al televisor…

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