Desde el asiento de los bobos

El Flaco se equivocó, pero igual tiene razón

Por Horacio Buscaglia

 

¿Se acuerdan del Flaco Palleiro? Aquel del que yo les hablé el lunes pasado con motivo de la inauguración de su maravillosa exposición en el atrio de la IMM, «Qué 30 años no es nada», con sus mágicos, sorprendentes y provocadores diseños gráficos.

Bueno, ayer en este diario salió un reportaje realizado por Raúl Legnani, donde Palleiro dice que discutió conmigo porque yo he «endiosado a la televisión».

El Flaco Palleiro está loco. No le den bola. A él no le den bola, pero vayan a ver su exposición llena de colores que apuntan al corazón.

Cualquiera que me conozca o que lea esta columna sabe que yo no he endiosado ni a Dios y muchísimo menos a la televisión a la cual vivo criticando y denunciando.

La cosa fue así, vamos a decir la verdad, el viernes 23 de marzo fue mi cumpleaños y estábamos en pleno festejo en el Lobizón de la calle Yi, cuando, de sopetón, se aparece el Flaco Palleiro. Hacía añares que no lo veía. Y luego, whisky va, whisky viene, empezamos a hablar de las cosas que han pasado por estos lares y entre ellas hablamos de la publicidad política de estos últimos años. Yo no voy a decir que el Flaco estaba más en pedo que yo y por eso se confundió, eso que lo digan los testigos, pero yo ni borracho voy a hablar de la televisión en los términos que él dice. Pero como te digo una cosa, te digo la otra, el Flaco tiene razón.

La «imagen» publicitaria del político, fundamentalmente televisiva, ha suplantado el contacto «cara a cara» con la gente y esto, que ya es grave, unido a la adicción a las encuestas –que se venden y se compran como cualquier otro producto– y a la chantada «científica» de los asesores de imagen, ha generado la falta de creatividad en la que cayeron todos los líderes políticos. Todos. Mimetizándose en los mensajes y propuestas, en el lenguaje y hasta en los gestos. Si esta mimesis también tiene una correlación con lo ideológico, debería ser tema de otro artículo y quizás de otra persona más conocedora que yo de esas cosas.

Nadie puede hacer nada diferente, romper ciertos esquemas, «salirse del libreto» para cambiar la historia (meterse la pelota bajo el brazo en un Maracaná desorbitado o pegar una buena puteada en el momento y el lugar preciso), porque las encuestas –que se venden y se compran como cualquier otro producto– nos dicen a nosotros y a todos los demás –porque se venden y se compran como cualquier otro producto– que «al hacer «tal cosa» «fulanito bajó un punto y medio».

Puede decirse que la política y en particular los temas que se ponen sobre la mesa, son propuestos por los conductores de programas de televisión y por las empresas encuestadoras, que se venden y se compran como cualquier otro producto. Si los 3 o 4 periodistas que mueven la pelota en la tele no quieren hablar de determinado tema, nadie habla de ese tema ya que de hacerlo no aparecería en la tele y perdería presencia. Si a esto le agregamos la notoria manipulación de la información de los medios televisivos, nos encontramos con una panorama altamente antidemocrático en el campo de la información y la comunicación, único en toda América.

Pero, y quizás sea esto lo que confundió al Flaco, el problema es que la televisión se ha adueñado de la comunicación política debido a su incuestionable penetración en la población. Y elijo la palabra penetración, en todos sus sentidos. Y, desgraciadamente, la izquierda todavía hoy sigue sin buscar soluciones alternativas a este fundamental problema.

(Como habrás visto, Flaco, lo tuyo fue solamente una excusa para volver a hablar de mi tema preferido. De cualquier manera me debés una disculpa y no la vas a arreglar con unos tequilas. Preferiría algún «Diablo» de esos que tenés en la exposición, son impresionantes. Nos saludamos en el atrio.)

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje