Juan Mendieta
Hace un par de dÃas, uno de los editores de Sociedad vino atribulado a consultarme sobre si debÃa dejar ‘el vÃa crucis’ –como habÃa escrito el redactor– o correspondÃa corregirlo por ‘la vÃa crucis’, razonando que si el sustantivo vÃa es femenino, la expresión vÃa crucis también debiera serlo. Sin dudarlo un instante, le respondÃ: “Y yo qué sé”, con lo cual quedó de manifiesto mi insobornable honestidad al tiempo que mi escasa cultura lingüÃstica. Consultado que hubimos el diccionario, pudimos enterarnos de que aunque vÃa es femenino, la expresión latina vÃa crucis “ú. c. s. m.” (úsase como sustantivo masculino), por lo que lo correcto es decir el vÃa crucis.
Menudo tema este del sexo de los sustantivos. Hace unos cuantos años, un bochornoso dÃa de enero tuve la mala idea de comentarle al farmacéutico mientras éste envolvÃa un medicamento: “¿Qué me dice de la calor?” A lo que el profesional me respondió con una sonrisa indulgente: “Y… que es macho”. Como el lector imaginará, quedé como un vulgar ignorante y con la autoestima por el suelo. Desde entonces, miraba con desprecio a quienes usaban el vocablo con artÃculo femenino hasta que un buen dÃa, leyendo un poema de Alberti, vi con asombro que decÃa: “se equivocó la paloma (…) creyó que el mar era el rÃo, que la noche era mañana; que las estrellas rocÃo, que la calor la nevada…”. Se me ocurrió entonces consultar el mataburros (práctica que aconsejo vivamente) y me encontré con que “ú. a veces c. f.”. Asà que la soberbia del boticario estaba fuera de lugar porque Alberti lo usaba en femenino y la Academia lo aceptaba.
Algo parecido ocurre con mar, que solemos usar en masculino (el mar embravecido) pero que en lenguaje poético suele travestirse (la mar estaba serena).
No hay que confundir estos sustantivos que admiten ambos géneros con el fenómeno del uso del artÃculo el junto a nombres femeninos. Esto ocurre cuando el sustantivo empieza por a (o ha) acentuada; y cuando digo acentuada me refiero al acento fónico y no a que se escriba con tilde. Es asà que decimos el ánfora, el agua, el hambre, el hacha (aunque decimos la hache) pero decimos la astronomÃa, la habitación. Este cambio de la por el no significa cambio de género porque ese el no es en realidad el artÃculo masculino; es la transformación de la forma antigua del artÃculo femenino ela (del latÃn illa) que antes de un nombre que comienza por consonante derivó en la y delante de vocal, en el. En el castellano antiguo se usaba esta última forma delante de cualquier vocal y no sólo de a; y entonces se decÃa el escuela, el orgÃa, el indiferencia.
Por esta razón, no corresponde usar otros determinantes masculinos delante de sustantivos femeninos comenzados por a acentuada: decimos el área pero diremos esa área y no ese área.
–No sé si he sido claro, Pereira.
–Cómo no. Aunque le diré que le estoy perdiendo la confianza, porque si usté realmente supiera de lo que habla, no andarÃa dudando y consultando el diccionario cada dos por tres. La verdá, que me decepciona. Además, yo ya sabÃa eso del artÃculo masculino con palabra femenina: ¿o usté se olvidó del gran centrofóbal de Maracaná, el cotorra MÃguez?
–¡Qué lo parió!
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