El entorno familiar y social tienen directa influencia sobre conductas adictivas

Un tercio de hospitalizados padece afecciones por tabaco o alcohol

El psiquiatra Gabriel Rossi, integrante de la Junta Nacional de Drogas, explicó que hay sustancias que son adictivas y otras que se pueden clasificar por sus efectos. Por un lado, existen estupefacientes que son muy perseguidos, como pueden ser la cocaína, el LSD o la marihuana, cuyo consumo suele ser reprimido por las autoridades.

Destacó que existen drogas estimulantes (como la cafeína), depresoras (como el alcohol), o distorsionantes de la realidad (como las alucinógenas), que son legales.

En cuanto al consumo, estudios realizados por la Junta Nacional de Drogas niegan que haya aumentado el consumo de alcohol en nuestro país. Sin embargo, destacan que existen un cambio cualitativo en el consumo.

Hoy en día, el consumo de alcohol se produce en ámbitos diferentes. Antes existía una cultura de bar muy arraigada. Sin embargo, actualmente se consume con mayor frecuencia en plena vía pública y en forma muy explícita.

«De alguna manera, estamos inmersos en una sociedad de consumo donde muchas veces el valor de la persona está determinado por lo que tiene. Es decir, el valor social que adquiere el tener que consumir sustancias y lo que un individuo es por consumirlas», dice Rossi. Destacó que el hábito «está asociado a la diversión y a lo relacional-social».

El profesional informó que en Uruguay se mueren muchas más personas por consumo de drogas legales que por consumo de drogas ilegales. Afirmó que de tres camas de hospital en nuestro país, una está ocupada por una persona internada por algo relacionado con alcohol o con tabaco. «Estas son situaciones que tienen que ver con un consumo legal avalado y estimulado, situaciones que a veces son difíciles de manejar porque hay intereses de mucho poder económico».

Por otro lado, Rossi señaló que el consumo de una droga está relacionado con un momento, un medio y un contexto: existe el momento de consumo de un individuo de una sustancia legal o ilegal, en determinado medio (en el hogar, con amigos, o en el barrio) y dentro de un contexto que tiene que ver con que ese consumo esté avalado o no. «Este es un tema cultural y religioso, porque consumir alcohol en los países árabes está en contra del Corán y consumir marihuana en algunos países no está penado», indicó.

Con respecto a la infancia, el psiquiatra manifestó que en los cuentos infantiles existen las sustancias y tienen como característica el poder transformar, dar poderes, cambiar de estado rápidamente.

Por ejemplo, el popular Popeye aumenta su fuerza a través del consumo de espinacas.

A juicio del especialista, la mayoría de los cuentos infantiles representan un mundo donde el personaje necesariamente, para estar de determinada manera, tiene que tomar algo. Esa situación provoca que desde niños, las personas tengan encuentros con las sustancias.

El profesional recalcó que cualquier sustancia que se presente hábilmente, «conectará con ese mundo simbólico ya creado por el mundo adulto».

La idea es tratar de dar una imagen a los niños y adolescentes de que las drogas existen, que hay diferentes tipos de drogas, y que, de alguna manera, «hay algunas con las cuales convivimos, otras con las cuales no convivimos y otras con las cuales vamos a elegir no convivir».

Una forma de conocerlas, es no plantearlas desde el terror. Al respecto, Rossi sostuvo que muchas veces es contrapreventivo decirle a los adolescentes que consumir determinada sustancia les va a hacer tal efecto, porque igualmente la consumen para saber cuál es ese efecto. Como cuando las consumen el efecto no es tan terrible, la prédica de los adultos pierde credibilidad.

No todos los individuos que consumen drogas son adictos.

En tal sentido, Rossi explicó que existen distintos procesos de consumo: hay un proceso que tiene que ver con un consumo experiencial (la primera vez que una persona consume), otro con el consumo ocasional (de vez en cuando), otro con el consumo habitual (todos los días) y el último con el consumo problemático, donde se dan las situaciones de adicción y es el único tratable.

No todos los consumos son problemáticos, porque para llegar a éstos se necesitan muchos años y las situaciones de adicción se dan cuando hay un acostumbramiento del cerebro. El psiquiatra también señaló que hay factores sobre los que no se puede intervenir directamente, como los hereditarios que no se pueden cambiar (esto no significa que necesariamente si uno de los padres es alcohólico, el hijo va a ser alcohólico también).

Destacó que también existen factores en los que se puede incidir, que son los factores individuales, familiares y sociales.

Entre los factores individuales debe existir un grupo de referencia como factor de protección.

Los factores familiares tienen que ver con la comunicación afectiva entre padres e hijos y con la coherencia del modelo paternal que es, por un lado, sentir preocupación por lo que el hijo hace fuera de la casa, y por otro, dentro de su hogar. Esta es la situación cuando un padre toma alcohol o la madre toma tranquilizantes.

«Esto es un modelo de relacionamiento, ya que se les está vendiendo un modelo a los hijos al comportarse de determinada manera y los hijos pueden llegar a copiar las conductas de los padres», dijo Rossi.

En tal sentido, expresó que la percepción del riesgo del adulto es muy importante, porque es distinta a la percepción de riesgo del adolescente. El adulto, por su experiencia vital, percibe la probabilidad de un posible mal final para determinados actos, mientras que el adolescente no lo vive necesariamente como un problema, sino que se siente atraído por el riesgo que le puede ocasionar el consumir determinada sustancia.

Finalmente, Rossi explicó que no hay país en el mundo donde estén legalizadas las drogas. «Lo que se hizo en algunos países –afirmó– fue separar los consumos».

Citó el caso de Holanda, donde se plantea que hay drogas blandas y drogas duras. Entre las primeras, se encuentra precisamente la marihuana.

En ese país, se crearon lugares (coffee-shops), donde se puede consumir marihuana pero no alcohol, porque la suma de ambos puede ocasionar trastornos de salud.

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