De lo antidemocrático, los colores, los pájaros y Gardel

Paró de llover. El día está gris y se olfatea que hay más agua con ganas de hacer saltos mortales desde las nubes a la tierra. Hay una pesadez notoria.

Yo voy mirando por la ventanilla con los ojos semicerrados y en un grado de conciencia cercano al cero, propio de los domingos a esta hora.

Por la ventanita de una neurona que sin querer quedó activada entra, como un pequeño rayo de sol, la imagen de la explanada municipal llena de gente y me veo a mí mismo, con 30 años menos, tratando de ver cómo se izaba por primera vez la bandera del Frente Amplio, que fue la de Otorgués.

Tratando de ver, digo, porque hace 30 años era tan corto como ahora, o más, y ya estaba un poco pasadito de edad como para pedir que me alzaran en los hombros. Esta imagen apareció no sólo porque mañana (hoy para ustedes) es 26 de marzo, sino también porque me reencontré con un viejo amigo, Carlos Palleiro, impresionante diseñador gráfico uruguayo que vive desde hace mucho en México y que justo el 26 inaugura una exposición de sus trabajos en el atrio de la Intendencia cuyo título es «Que 30 años no es nada», que   créase o no   habla de sus años como diseñador y no de los del Frente.

Casualidad, por otra parte, que a él lo alegra mucho y que piensa que más que el azar es la causalidad lo que produjo el fenómeno.

Y recuerdo afiches y tapas de disco del Flaco Palleiro y me invaden tantos colores, tantos sonidos, tantos días recorridos que me estremezco un poco en este domingo agrisado. Y me queda volando en el fondo de los ojos aquel puño-paloma que dibujado desde el exilio por el Flaco, nos ayudaba a seguir cantando para abrir las noches de la dictadura. Hay que ir a ver esa exposición para que se te vengan encima, por ejemplo, los miles de pajaritos que forman la cara de El Mago, Don Carlos Gardel, o aquel Lenin pop, con colores violetas, verdes y amarillos, que a fines del 60 casi logra dividir al Partido Comunista, antes de tiempo. Y encontrarse con tapas de discos y libros entrañables y descubrir, por supuesto, sus nuevas realizaciones donde el Flaco alcanza niveles de altísima calidad. Es uruguayo, es mi amigo y además es muy bueno. No se lo pierda.

¡’Tá que los tiró¡ Este Flaco, tiene que llegar justo ahora para emocionarme la siesta. Poco a poco la conciencia me va llegando y empiezo a ver a un abuelo sentado al lado mío y otros dos allá en el fondo, varias abuelas caminan por las veredas, en las paradas de ómnibus se ven más y más. ¿Qué pasó? ¿De golpe, todos tenemos más de 65 años?

Me levanto y me miro en el espejo, sigo siendo abuelo y también sigo con menos de 60. Y allí me acuerdo de las elecciones del BPS.

Y escucho a dos pensionistas que están detrás de mí. «Fijate que si no voy a votar, me quitan 200 pesos y yo cobro 400 de pensión» (sic).

Y fijate vos, que aunque 30 años no es nada, el tema de la obligación de votar cuando a ellos les conviene sigue funcionando en esta falsa democracia y aparentemente todos lo aceptamos como si fuera justo y lógico.

Y digo falsa democracia porque la característica fundamental de este manoseado sistema es la del libre albedrío, la de la libre elección. Y el no votar, es una opción que tenemos los ciudadanos. Es parte de nuestro ejercicio de la libertad.

Pero cuando esta burla, creada para frenar el avance de las fuerzas progresistas, ya que – como dijeron ellos hace 30 años   «La gente de izquierda va a votar llueve o truene, los nuestros no son tan militantes.», cuando este abuso antidemocrático, digo, se aplica a los jubilados, se ve con toda claridad la insensibilidad e hipocresía de los señores del poder. Obligan a una persona anciana a desplazarse a los más recónditos lugares del país, (la abuela de un amigo que vive por Villa Dolores tuvo que votar en una escuela que está por la ruta cerca del Pantanoso); obligan a gastar un dinero, que no todos tienen, en transporte; Dios, el Diablo, Yemanjá o San Meteorología quisieron que parara de llover, ¿y si no hubiera parado y la tormenta empeoraba? Y además, esos 200 pesos ¿a quién perjudican realmente? A los que tienen muy bajas remuneraciones, que son justamente los que tienen mayores problemas para gastar en locomoción.

Obligar a votar en las elecciones internas de una institución es uno de los absurdos antidemocráticos más notorios que yo haya visto.

Los señores que pueden incidir en estas decisiones ¿no lo vieron?

Quiero aclarar que el Flaco Palleiro no tiene nada que ver con esta bronca que me surgió este domingo grisáceo que por suerte se transformará en un lunes colorido, porque «30 años no es nada».

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