Educación para la vida
Este instituto religioso pretende revitalizar las zonas verdes de Carrasco, ejecutando la limpieza de predios, dialogando con la comunidad e impulsando un proyecto tendiente a una correcta utilización de los espacios públicos. Por otra parte, el director Scuro expresó «que actualmente las industrias y los asentamientos contaminan el arroyo Carrasco».
Emplazado en el corazón del barrio Carrasco, el Colegio Jesús María tiene una matrícula de 1.400 alumnos y desarrolla una pedagogía educativa donde el estudiante aprende tanto del portero, del auxiliar administrativo como del director.
Jorge Scuro, responsable del establecimiento católico, indicó que en este instituto «tanto docentes como funcionarios deben ser concientes que están educando. Por lo tanto, es necesario estar preparado para transmitir valores humanos.»
Además de la planificación de estrategias educativas, el colegio desarrolla una campaña de limpieza de terrenos y rellenos de pozos, ejecutado por los alumnos. Incluso, cuando encuentran personas arrojando desechos en espacios públicos, se dialoga con éstas intentando que resistan de esa práctica contaminante. El director del Jesús María anunció la ejecución de un proyecto tendiente a mejorar las áreas verdes del barrio, donde se pretende emplazar un cerco natural que rodeará a dos canchas de fútbol y la mejora de plazas públicas.
Este colegio es cofundador de la Asociación Pro Recuperación del Arroyo Carrasco (APRAC), cuyo objetivo «es procurar que los bañados vuelvan a cumplir su función original, que fue desvirtuada durante la época de la dictadura», aclaró el educador. En ese entonces –acotó el director– se mandó disecar los espejos de agua pensando que se podría recuperar las tierras fértiles y productivas. Sin embargo, las mismas no son útiles para estos fines.
El propósito de APRAC es crear un gran parque en base a la recuperación de estos humedales, pero la zona sufre con la contaminación originada por las industrias metalúrgicas, las curtiembres y los asentamientos irregulares, lo que afecta a las playas Miramar y Carrasco.
Para el religioso, esta situación, sumada a otras razones, originó la ocupación de tierras por parte de personas carenciadas, que buscaban en las cercanías de Carrasco una oportunidad laboral. Según el director Jorge Scuro, «este barrio es una provechosa fuente de trabajo para servicios de jardinería, doméstico y de especializaciones». En tal sentido, consideró un beneficio la edificación de viviendas en los barrios próximos que dan empleo, pero advirtió que en estos asentamientos se produce una serie de desechos que contaminan aún más el arroyo Carrasco.
Comparte la opinión del presidente Jorge Batlle de que la sociedad, a través de la escuela pública, proponga en su formación en valores humanos como la solidaridad, la franqueza y el rechazo de la corrupción. Reconoció que estos valores no son propiedad de ninguna religión.
En torno al siempre controvertido tema de la educación sexual, cabe destacar que el colegio, desde el año 1969, forma a sus alumnos a través de un programa orientado a adolescentes. «En épocas de la dictadura le fue prohibido a Jesús María impartir clases de educación sexual, argumentando qué se hacía para congraciarse con los alumnos en temas que a ellos les gustaba y después hablarles de marxismo», recordó Scuro.
A su entender, el libro sobre educación sexual publicado por el Codicen es «aséptico» y fue elaborado sin consultar a los expertos en el tema. Dijo que la homosexualidad es una «realidad de hoy y de siempre», pero esta conducta «no se puede presentar como un modelo que tiende a la establecimiento de una pareja estable que pretende reproducirse».
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