A la intemperie
Milagrosamente los ocupantes salvaron sus vidas, pero sus pertenencias quedaron sepultadas bajo los escombros. Ahora, resguardados por chapas, viejas aguardan una urgente ayuda del Ministerio de Vivienda y la Intendencia, que hasta el momento no llegó. Mientras esperan, suplican para que la vetusta finca lindera no se les desplome del todo.
Otra vez el rostro de la desgracia apareció entre los más pobres, al golpear el comienzo de otoño a dos familias residentes en el «bajo» de Ciudad Vieja. Mientras el viento y la lluvia azotaban todo el país, los ocupantes de la finca ubicada en Piedras 580, casi llegando a Juan Carlos Gómez, no se imaginaban el repentino cambio que tendrían sus vidas. El fuerte viento derribó un largo y viejo muro de 12 metros de altura que se partió a la mitad y una parte cayó sobre una vivienda y la destruyó totalmente. La otra parte fue hacia una ruinosa casa ocupada por marginados, y le provocó serios daños a la estructura.
Sólo escombros quedaron después de la precipitada caída y un pavoroso temor entre aquellos que lograron salir de lo que pudo ser una tragedia. Sus ocupantes: una modesta familia compuesta por un matrimonio con cuatro hijos y que tiene además un ahijado y una pequeña de 3 años a su cargo padecen desde el pasado miércoles la realidad de quedarse sin nada. Estas víctimas del derrumbe sienten el rigor de las lluvias, al igual que el resto de los uruguayos, pero deben enfrentarla en pésimas condiciones. Durante estos días, estas ocho personas se guarecen bajo precarias chapas que sobrevivieron a la avalancha de concreto.
A un costado de la casa afectada, una vieja finca en estado de ruina también sintió el estruendo del muro. Sus habitantes –intrusos carentes de techo propio– abandonaron rápidamente la deteriorada edificación y buscaron otros sitios más seguros.
Entre los residentes se encontraban varios homosexuales, una empleada pública y una humilde señora, madre de 8 hijos y que tiene a cargo una pequeña nieta. Esta última señora, Haída Baldovino (38 años), pese a lo dramático de su vida (perdió una vivienda que se incendió y en Sayago dos drogadictos destruyeron su precaria edificación) sabe que sin tener nada igualmente podrá salir adelante junto a sus hijos. Momentáneamente está viviendo en una pequeña pieza, pero no tiene a dónde ir. Tampoco puede volver a la vieja casa porque en cualquier momento la construcción puede caerse. En Ciudad Vieja, las fincas ruinosas son las típicas viviendas que pretenden ser remodeladas por parte de las autoridades nacionales para dar solución de techo a centenares de personas.
Tiempo de ayuda
Un equipo de LA REPUBLICA se trasladó hasta la calle Piedras para hablar con los damnificados. En el lugar se encontraba el matrimonio César Torres y Ana María Schuch, acompañados de sus hijos Oscar (21), Giovanna (18), Erika (17), Héctor (15), el ahijado «Tyson» (19) y la pequeña Victoria (3), hija de una prostituta portadora del virus del sida.
Sumamente nerviosa Ana María relató cómo acontecieron los insucesos: «Diez minutos antes del derrumbe sentí como que el muro se desplazó y enseguida llamé a Bomberos. Desesperada le dije que se nos estaba por venir encima y quedaríamos atrapados, a lo que respondieron que debíamos ir al propio destacamento a radicar denuncia. En eso que estoy hablando siento un fuerte ruido, largo el teléfono y corró a buscar a Victoria, que se había ido al baño. La tiré para afuera y enseguida se desplomó el muro», narró con preocupación la madre. Su hija Giovanna, que estaba en su cuarto, quedó atrapada por los escombros, y Oscar, que corrió atropelladamente, pudo salvarse de milagros del derrumbe.
La situación de la familia es angustiosa. El jefe de familia trabaja de sereno en una cooperativa de vivienda y gana $ 1.200 al mes. También realiza changas que le permiten llegar a los $ 4.000 mensuales. Realiza trabajos de carpintería, sanitaria, construye cabañas y jacuzzi pero todos esos conocimientos no los puede aplicar porque sus herramientas quedaron bajo las ruinas.
Pidieron ayuda a la Intendencia capitalina y al Ministerio de Vivienda pero no tuvieron una respuesta positiva, según narraron. Solicitan que Bomberos o quien corresponda tire abajo lo que resta del muro, que está a punto de caer, ya que puede provocar un grave accidente. Necesitan la ayuda de todos y cualquier cosa les sirve. Les hacen falta materiales de construcción para levantar una pieza y también comestibles y ropa. Ana María necesita urgente el medicamento «Estrofen», en gel o comprimidos.Por su parte, su vecina Haída Baldovino, madre de 8 hijos, está carente de todo y requiere incluso de lo más indispensable, como una cama, mesa e implementos de cocina.
Para colaborar con estas familias se puede llamar a los teléfonos 9151582 y 9169371.
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