Informe oficial determinó que más de 66 mil jóvenes no estudian, no trabajan ni quieren hacerlo

Sin perspectivas

El análisis revela que el 11% de los jóvenes de nuestro país no estudia ni trabaja, de los cuales el 15% son mujeres y el 6% son hombres. Traducido a números, significa que 66.061 muchachos y muchachas se encuentran en esta condición, de los cuales 18.852 son hombres y 47.209 son mujeres.

El estudio, denominado «Un análisis acerca de los jóvenes que no trabajan ni estudian» es una investigación de la población ubicada entre los 12 y 27 años que habita en lugares donde hay más de 5.000 habitantes, según datos de la Encuesta Continua de Hogares de 1999. El trabajo será presentado esta mañana a partir de las 9.30 horas en el Centro de Capacitación y Perfeccionamiento Docente de la Asocación Nacional de la Educación Pública (ANEP), ubicado en Asilo 3255. El Director Nacional de ANEP, Javier Bonilla, será el encargado de cerrar el simposio. También disertarán los sociológos Carlos Filgueira y Alvaro Fuentes, principales responsables del estudio, así como los sociólogos Ruben Katzman, Julio Bango y la inspectora Alex Mazei. El presentador, será el también sociólogo, Renato Opertti.

 

Barranca abajo

El estudio no sólo revela cifras alarmantes, sino que señala que durante la década de los 90, la situación de nuestros muchachos ha ido barranca abajo.

Los grupos de jóvenes que tienen entre 12 y 19 años han ido empeorando su calidad de vida. Para el grupo ubicado entre los 12 y 15 años, la proporción de los que «no trabajan y estudian pasó del 5% en 1991 al 8% en 1999″.

En tanto, los adolescentes que integran la franja etaria ubicada entre los 16 y 19 años, pasó del 9,6% al 11,6% en el mismo período. «En términos absolutos, esto significa que no trabajan ni estudian unos 32.000 jóvenes entre los 12 y los 19 años. De ellos unos 13.000 son varones, en tanto que las restantes 19.000 son mujeres, de las cuales 12.000 viven en el interior del país», señala el estudio.

La franja que va de los 20 a los 23 años parece más estable, pero en un grado más alarmante.

En 1991 eran el 11% los que no estudiaban ni trabajaban, en 1995 la cifra bajó a 10,6%, pero en 1999 subió al 11,5%.

En una situación más alarmante, se encuentran los muchachos que tienen entre 24 y 27 años: en 1991, eran el 13,7% (la peor cifra del estudio), mientras que en 1995 y 1999 la cifra pasó al 12,2%.

 

Los pobres peor

Los más perjudicados son los jóvenes que viven en los hogares pobres.

El estudio señala que «el escaso capital educativo, el bajo nivel de ingresos, una estructura familiar inestable o incompleta, magnifican la importancia que tiene este fenómeno».

En este sentido, se señala que el «61% del total de los jóvenes que no trabaja ni estudia proviene el 20% de los hogares más pobres, cifra que se eleva al 71% cuando se trata de los jóvenes entre los 12 y los 15 años de edad». Asimismo, el estudio añade que «este grupo de jóvenes enfrenta su futura inserción laboral en condiciones alarmantes»: sólo el 46% cursó «algún año de la educación primaria», un 36% asisitió a alguna clase del Ciclo Básico o a un curso de educación técnico profesional.

En cuanto al Bachillerato y la educación universitaria, las cifras son menos optimistas. Sólo el 16% asistió a los últimos años de Secundaria, y apenas el «1%» accedió a algún curso universitario.

Si se tiene en cuenta que el 61% de los jóvenes que se encuentran fuera del sistema proviene del 20% de los hogares más pobres, el panorama se torna más grave cuando se sabe que «el 46,5% de los niños menores de cinco años en nuestro país nacen por debajo de la línea de pobreza», según el Informe Anual de la Unicef del año pasado, denominado «Estado Mundial de la Infancia». «El hambre, la enfermedad y la ignorancia», agrega el informe de Unicef «nunca han sido una base de desarrollo económico sostenido de la democracia o del respeto a los derechos humanos. Cuando se ofrece a todos los niños un buen comienzo de vida, se les ayuda a desbrozar el camino que conduce al desarrollo humano. Se necesita un renovado compromiso en pro de los derechos del niño y la valentía de hacer lo necesario para cortar los lazos que atan a generaciones enteras a la miseria».

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