LA LENGUA NO ES DE TRAPO

De las ambigüedades líbranos, Señor

El pasado lunes 12, tras algunos días de merecido descanso (¿vio que todos los descansos son merecidos?) me reintegré a mis tareas habituales (no hay caso, estoy para los lugares comunes; se ve que los excesos de todo tipo cometidos durante las vacaciones han deteriorado un tanto mis neuronas: desaconsejo vivamente cierto cóctel de supuestas propiedades afrodisíacas, compuesto por medidas iguales de caña con butiá, caipirinha y vino lija, de efectos devastadores) y me encuentro con un titular que me costó comprender cabalmente (tal vez por eso de las neuronas deterioradas): «Poco después de pisar Uruguay, familiares reclamaron al presidente de Italia que ayude a encontrar a los 10 italouruguayos desaparecidos.»

Como durante la licencia me abstuve de leer diarios y de oír radio –por razones de salud mental–, no estaba al tanto de los últimos acontecimientos, entre ellos la visita del jefe de Estado italiano.

Pensé entonces algo que no me cerraba del todo pero que era la única lectura posible del enunciado en cuestión: Algunas personas, familiares de alguien (¿del presidente italiano, quizá?) habían llegado a Uruguay y, no bien desembarcaron, se comunicaron con Carlo Azeglio Ciampi (que podría no estar en nuestro país) para pedirle que ayude a encontrar a italouruguayos desaparecidos…

En efecto, desde el punto de vista formal, el único sujeto posible de la acción de pisar suelo uruguayo no es otro que familiares, y sólo por la lógica del contenido puede entenderse el mensaje correcto que se quiso trasmitir y que se debería haber construido como sigue: «Poco después que el presidente italiano pisara suelo uruguayo, familiares le reclamaron que ayude a encontrar a los 10 italouruguayos desaparecidos».

Ahora sí, redactado de esta forma, no hay ambigüedad posible y el mensaje es claro. Este tipo de confusiones suele darse en otros enunciados como el siguiente: A poco de haber llegado al boliche, Sosa le mandó una vuelta a Juan Pedro. Dicho así, no puede entenderse sino que Juan Pedro ya se encontraba en el despacho de bebidas cuando llegó Sosa. Si fuera al revés, habría que decir: A poco de haber llegado Juan Pedro al boliche, Sosa le mando una vuelta.

En fin, son esas pequeñas cosas (como diría Serrat) que pueden jugarnos malas pasadas y conducirnos a lecturas erróneas de lo que se quiso trasmitir.

Para terminar, a propósito de esa frase hecha que usamos para decir que alguien desembarca o baja del avión en un país extranjero (pisar suelo…), recuerdo a un político uruguayo que chapurreaba algo de francés, y que al llegar a Orly dijo muy orondo a la comitiva que había ido a esperarlo: Je suis heureux de pisser terre française, sin advertir que había dicho Esoy feliz de mear tierra francesa…

–¡Qué lo parió!

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