Rol femenino en la formación de la familia y la comunidad
En conmemoración del Día Internacional de la Mujer se realizó ayer el seminario «Valores para vivir» Mujer, Familia y Comunidad, auspiciado por el Instituto Nacional del Menor (Iname) y la Organización No Gubernamental Internacional Brahma Kumaris World University. Se hizo hincapié sobre cuatro módulos relacionados con el papel fundamental de la mujer en la formación de la familia y su rol protagónico en la comunidad.
Stella López, directora del Iname, destacó la estrecha relación que existe entre la educación y los valores, «porque una buena educación en valores que no tiene fundamentos y bases, no es tal», manifestó.
«Educar en valores no es imponer, sino que es proponer diferentes caminos para que cada individuo pueda elegir cuál es el camino que quiere en la vida. La educación de nuestros niños y adolescentes es ayudarlos a tener una capacidad de elección para las metas que ellos busquen en un futuro».
A su vez, el profesor Nicolás Dan Buis, coordinador nacional de Brahma Kumaris, destacó que la mujer, a través de otras formas de poder, como la humildad, la tolerancia y la fuerza interior, son capaces de crear unidad, de la misma forma en que la genera desde la familia.
Por su parte, María Nuñez, coordinadora para Latinoamérica del Programa Educativo Internacional «Valores para vivir», disertó sobre las cuatro caras que caracterizan a la mujer, que son aspectos valóricos que impactan a la familia y a la comunidad, «cuatro caras del ser, de la conciencia, que se expresan en distintas oportunidades», dijo Núñez.
En primer lugar, destacó la cara eterna de la mujer y sus valores: «Es una cara interna muy hermosa, que tiene que ver con la belleza más refinada del género, la belleza interna de la mujer en su estado original y transparente». Esos valores originales generan una presencia que «da felicidad, que la hacen sentir a salvo, protegida». Todo eso se da en el estado original de la mujer, sin mezclas, alguien sin tendencias negativas, con un carácter equilibrado. Su bienestar no depende de nadie ni de nada, es autosuficiente, sentada en la verdad, su presencia es una fuente de inspiración para los demás, es una especie de estado ideal.
En segundo lugar, la cara tradicional de la mujer es aquella donde necesita aferrarse a la forma externa de los valores. La cara tradicional es la que crea reglas: cuando uno pierde fuerzas, necesita ser controlado, las relaciones entran en conflicto. La mujer siempre está haciendo su parte, lo mejor que puede, sustentando a su familia. Cuando las cosas están duras externamente, se aferra a sus zonas de confort, y eso genera a su vez: tradición, resistencia al cambio, y cierto temor a perder lo que está controlando.
Entre las fortalezas valóricas de la mujer tradicional se destacaron, entre otras, la paciencia, la responsabilidad, el respeto, la solidaridad, el amor, lo maternal y el sacrificio. Por el contrario, entre las debilidades de la mujer tradicional se marcaron la aceptación, la dependencia, el miedo y la sumisión.
En tercer lugar está la cara moderna de la mujer y sus valores, donde hay una búsqueda de equilibrio en relación a la cara tradicional. La mujer quiere crear nuevas reglas, no hay conformismo ni confort con las maneras que se desarrollan, hay ánimo de cambiar situaciones y circunstancias, reconoce los límites de la tradición, florece la semilla del inconformismo, algunas fortalezas tradicionales ya no funcionan, está llamada a hacer todo para todas las personas y está desafiada a integrar la cabeza con el corazón.
Por último, la cuarta cara de la mujer está relacionada con su fortaleza y sus valores. Entre sus fortalezas valóricas en la familia, se destacan la unidad, la confianza, el ser lider, transmitir el amor; en la comunidad se destaca por el respeto por los demás, la ayuda, la solidaridad y el ser tolerante. Entre las amenazas se pueden encontrar el factor tiempo, la competencia, el estrés, la explotación, la moda y la propaganda.
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