Entorno familiar y social determina conducta de niños
Si bien en Uruguay no existen estadísticas sobre la cantidad de niños que sufren de depresión, se sabe que va en aumento y cada vez a más temprana edad, al punto que de cada dos niñas, un varón está deprimido.
Se estima que alrededor de 30.000 niños en nuestro país sufren de depresión y la mayor parte de ellos no se trata porque no se percibe como tal.
Al respecto, Natalia Trenchi señaló que debe existir un entorno en donde lo psicológico, lo familiar y lo social se tienen que juntar para que un niño se deprima.
Un niño se deprime si tiene, en primer lugar, vulnerabilidad biológica, es decir que lo que se hereda es la vulnerabilidad para deprimirse; y si a esa vulnerabilidad biológica se le asocian diferentes causas psicológicas, familiares y sociales, ahí se produce entonces el trastorno.
«No hay ningún manual que indique cómo reaccionar en cada caso, porque tampoco existe una manera de ser un padre perfecto, ni tampoco se puede aspirar a tener hijos perfectos».
Existen diferentes aspectos o causas familiares que pueden hacer que los niños se porten mal, y cualquiera de estos sucesos «si están presentes, hacen aumentar la probabilidad de que aparezcan trastornos en la conducta de los niños», dijo Trenchi. Una de las causas de la depresión es la adversidad: en nuestra sociedad tenemos una adversidad muy frecuente, que es el síndrome de pobreza (en Uruguay, casi la mitad de los niños nace bajo la línea de pobreza).
Otras causas pueden ser el estrés en los padres, la discordia familiar, la depresión de la madre o del padre, o las adicciones en los padres.
A su vez, las fuentes de estrés como resultado del ejercicio del rol de padre pueden ser la crisis de conocimiento y de competencia (no saber cómo actuar en situaciones imprevistas con los niños), crisis de responsabilidad, crisis de desarrollo (el «difícil» proceso de dejar de ser hijo para ser padre), crisis filosóficas (saber qué clase de personas se quiere formar, qué vida se le ofrece a los niños y para qué mundo se los educa), crisis de expectativas, renunciando al hijo soñado. Al respecto, la psiquiatra señaló que el hijo real difícilmente sea el hijo soñado y se debe poder aceptar a los hijos porque si no, no se puede establecer una estrecha relación con ellos.
Por otro lado, Trenchi subrayó que el estrés produce múltiples manifestaciones. Algunas de las cosas que sienten los padres cuando están estresados es la sensación de desborde por las responsabilidades, tristeza, frustración, infelicidad, soledad, incomprensión, falta de confianza en sus habilidades como padres, malestares físicos, trastornos de sueño y alimentación, disminución de la paciencia (que trae como consecuencia un aumento de la tendencia a perder el control), creciente desinterés por actividades que antes le gustaban hacer a los padres, consumo de drogas (incluidos los psicofármacos, el alcohol y la nicotina), evitación de las tareas, aumento de ausentismo parental (alejándose de las tareas como padres y poniendo excusas como el «no tener tiempo a causa del trabajo»).
Uno de los riesgos que señaló Trenchi de cuando no se está con los niños el tiempo necesario es el abuso de la televisión, la cibernética y los videojuegos, «y esto es uno de los tantos motivos por los cuales los niños incorporan comportamientos no adecuados», señaló. A raíz de todas esas situaciones, se da un círculo vicioso entre la situación de estrés de los padres, que provoca una mal relacionamiento con sus hijos, y esto conduce a que empiecen a aparecer consecuencias en los hijos.
«Los hijos de padres con estas características –afirmó–, son niños inseguros, desobedientes, agresivos, tristes, posesionistas, irritables, no saben cómo relacionarse con los demás, tienen baja autoestima, y además van incorporando una imagen muy pobre de lo que es ser pareja, de lo que es ser una familia, de lo que es ser madre o padre, todo lo cual alimenta el estrés». Una causa de por qué el niño se porta mal es el «sistema tóxico de disciplina», es decir, la puesta de límites con efecto negativo para la salud mental del niño. Existen estilos de disciplina pasivo, autoritario, sobrecontrolador, arbitrario (depende del estado de ánimo que tienen los padres un día cualquiera), violento (verbal, física o emocional), permisivo, negligente e ineficaz.
Por el contrario, Trenchi señaló que el estilo de disciplina saludable sería aquel que se da en el marco de una relación cálida y afectuosa, con autoridad democrática (respetando los derechos tanto de los padres como de los hijos), seguro y consistente, respetuoso de la etapa de desarrollo en que está el niño, sin desbordes emocionales, que enseñe a tomar decisiones, que estimule lo positivo más que castigar lo negativo, que enseñe criterios, que enseñe la relación entre lo que se hace y las consecuencias en el entorno como parte del orden natural de la vida.
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