Joven obligada a prostituirse en Italia inició juicios en Uruguay
La chica que se oculta por seguridad y que accedió a contar su historia a LA REPUBLICA es delgada, tiene el pelo ondeado, habla bajo, se muestra con dudas y cuando sonríe –lo hizo pocas veces durante la entrevista– deja ver una dentadura blanca, sin alegría.
Llegó a Durazno, su lugar de nacimiento, ahora con 26 años de edad, acompañada de su pareja y una hija de seis años peleando su tenencia. Sólo nos pidió que no diéramos su nombre por razones de seguridad. Hace 15 días su casa fue apedreada y aparecieron personas a golpear a su puerta preguntando por el nombre que figuraba en el pasaporte falso con el cual la habían sacado del país. Por otro lado se sospecha que el teléfono de su abogada defensora, Adriana de los Santos, está intervenido ilegalmente, según lo informó una fuente policial.
Corría el año 1990
La protagonista de esta historia –a quien denominaremos María– tenía en ese entonces 16 años y decidió viajar de Durazno a Montevideo con una propuesta de trabajo y el nombre de un joven –desconocido para ella–, pero que era «amigo» de una vecina suya con la cual hoy prefiere no tener contacto.
En Montevideo no encontró mayores posibilidades, sobre todo no las había para una chica sin estudios. Su carta en la manga era el joven, amigo de su vecina, que al ubicarlo le causó buena impresión. Ãl le prometió un empleo en una casa de familia en Italia. La propuesta parecía tentadora, sobre todo teniendo en cuenta su situación de desamparo.
Ya su vida corría por rieles paralelos a lo que puede considerarse normal. María, que había nacido en 1973, no tuvo la suerte de que sus progenitores la reconocieran, y mucho menos de que se tomaran la molestia de inscribirla en el Registro Civil. En los hechos ella no existía. Recién ahora, en diciembre de 1999 cuando regresó al país con toda una historia dura sobre sus hombros, fue inscripta por su madre, lo que le permitió por primera vez en sus 26 años de vida tener un nombre verdadero y documentos que la acreditan.
Este aspecto de uruguaya indocumentada en su propio país, también fue aprovechado por la persona que le ofreció el trabajo en Italia. Rápidamente se apresuró a conseguirle un pasaporte falso, al que le incluyeron una foto de la duraznense, que en ese entonces se podía cambiar de nombre sin que nadie se diera cuenta, y sin que a nadie le importara.
Increíblemente a pesar de no tener documento alguno, en 1987 María contrajo legalmente matrimonio en su departamento natal, con un joven con quien tuvo un hijo. Ambos viven actualmente en Las Cañas y con ellos estuvo en estos días. El reencuentro «fue muy lindo», dice María, hubo muchas emociones e incluso el planteo de parte de él de reanudar juntos sus vidas.
La vida en Italia
No tuvo tiempo de desempacar, ni de conocer a la familia que la recibió ni de visitar la ciudad antes de prepararse para conseguir un trabajo. De inmediato su instinto le dijo que algo no estaba bien, y no falló. Unas pocas horas después de su arribo ya estaba «haciendo la calle», prostituyéndose. Otra uruguaya que viajó con ella y que casualmente llegaba a la misma casa, corrió la misma suerte.
«La familia» que la recibió era un matrimonio uruguayo con sus hijos casados. Luego descubrió que las mujeres de ese grupo también se prostituían.
Las indicaciones para el trabajo no fueron muchas, tal vez las clásicas. Todo estaba tarifado. Tenía que estar 15 minutos con cada cliente y si se pasaba ese tiempo aumentaba el precio. Por día debía tener relaciones sexuales con 20 o 30 hombres.
La ubicaban en calles transitadas y siempre había un bar cerca desde donde «me vigilaban».
La «jornada laboral» comenzaba a las 9 de la mañana y se extendía hasta el mediodía. Luego de almorzar y un descanso, se volvía a las calles a las 8 de la noche y hasta las 4 o 5 de la madrugada.
A veces también «me obligaban a estar en la calle de tarde».
El negocio con María le reportaba a «la familia» unos U$S 1.500 diarios, de los cuales ella no veía ni un peso. Debía entregarlo todo y a cambio recibía comida y ropa.
Trabajaba vigilada «amenazada de que me mataban». Nunca le pagaron, la presión era psicológica.
Este régimen de esclavitud duró un año.
La fuga
Desde el primer momento su pensamiento se concentraba en escapar. Sin dinero, exhausta, y anímicamente destrozada las salidas se acotaban. Una de las chances que tenía era empezar a contar su historia a sus clientes con la esperanza de que alguno la ayudara.
Un día la suerte se apiadó de ella por un instante y uno de sus visitantes nocturnos, que la había frecuentado no más de tres o cuatro veces, decidió «rescatarla» y llevarla a vivir con él.
Esto cambió su vida. Fue presentada a la familia de este muchacho, unos ocho años mayor que ella, y decidieron mantener en secreto la historia que les llevó a conocerse. La pareja, que no formalizó en matrimonio, tuvo una hija que ahora tiene seis años.
Lo cierto es que a este hombre le está «eternamente agradecida», por haberla sacado de la calle, tiene un hijo suyo, pero sus sentimientos no son claros hacia él.
En diciembre pasado, María, su compañero y su pequeña hija llegaron de paseo a Uruguay, por lo menos eso era lo que él pensaba. Lo cierto es que María ya sabía en su corazón que quería quedarse en Durazno, y así se lo hizo saber una vez llegados. Hubo discusiones fuertes, desencuentros y el intento del padre de la niña de secuestrar a su propia hija fue frustrado a minutos de subir al avión cuando se dio aviso a Interpol.
La chiquilla, que sólo habla italiano, está ahora con su mamá, pero extraña y quiere que su papá esté con ellos, como antes.
Al juez que tramita el caso de tenencia de la menor iniciado por María, la niña le dijo que le gusta Uruguay pero que quiere estar con papá y mamá, con los dos.
Testigo de asesinato
En el medio del infierno que sentía que era su vida, justo vio cómo un miembro de «la familia» asesinaba, en un bar, de un balazo a una persona.
Llegó la policía y la llevaron a declarar como testigo porque en ese momento María, como todos los días, estaba en la calle «trabajando». Quería decir lo que vio pero el riesgo que corría su vida era tal que desistió de la idea y negó haber visto algo.
Los uniformados igual aprovecharon la oportunidad de haberla detenido –era una prostituta más, sólo que extranjera– y se iniciaron los trámites para ser expulsada del país en dos semanas.
«La familia» la escondió unos días, no la dejó irse y luego todo siguió sin mayores cambios.
Denuncias en Uruguay
El mes de enero pasado se presentó denuncia contra los integrantes de «la familia» que la explotó en Italia y la obligó a prostituirse. En el expediente constan los nombres de ese grupo.
Mientras se dilucidan las investigaciones María espera con temor.
La abogada que la representa abrió varios frentes judiciales en juzgados de familia y penal además de darse intervención a la Policía.
Por un lado se inició un trámite para obtener la tenencia de la niña y otro para conseguir la nulidad de su matrimonio (el que contrajo con el uruguayo con quien tuvo un hijo). El otro frente judicial y policial es donde se trata de establecer cómo en 1990 esta chica fue sacada del país con documentos apócrifos. En Italia María no hizo ninguna denuncia.
Continuará
María hasta hace poco estaba segura de no querer regresar a Italia. Sin embargo la semana que viene llegará otra vez a Uruguay su compañero, el que la rescató de las
calles. Viene con la intención de llevársela de regreso junto a la pequeña hija de ambos.
María ahora duda si debe quedarse — que es lo que ella quiere– o si debe volver con su compañero a Italia, a quien no ama, pero evitaría así que su hija siga sufriendo y que se críe sin su papá. Varias dudas quedaron planteadas respecto al trabajo de su compañero, de lo cual prefirió no hablar.
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