Sobre el amor con Norma Aleandro
Su espectáculo denominado sugestivamente «Sobre el amor y otros cuentos sobre el amor» es, acaso, una comprobación más de su destreza, de su alta sensibilidad, de los distintos niveles de su registro en un escenario. Norma Aleandro, esa actriz mayor , llena con sus amplias gestualidades, con su carisma, con su envidiable manejo corporal, con su manera de ir imantando al público como si se tratara de una tierna o a veces cortante visceral hechicera.
Su unipersonal –apenas perturbado por la secuencial presencia de un guitarrista al momento de abordar canciones de tono amoroso, más bien textos poéticos musicalizados–fue mágico.
Uno pudo viajar por Lope de Vega o Baltasar cuando la actriz recitó poemas o involucrarse en el realismo mágico de Gabriel García Márquez (el relato de un ahogado, de un muerto que llega para que las mujeres del pueblo trabajen sus lógicas de deseo sobre ese cuerpo ya inerte) o cuando incorporó al espectáculo un excepcional fragmento de «La señorita de Tacna», el texto del novelista y dramaturgo peruano Mario Vargas Llosa.
Apoyándose en sus modelos (Sherezade y su abuela), Norma Aleandro no hizo otra cosa que presentar y representar pequeños ensayos amorosos como metáfora de la conducta de los individuos, de lo que hacemos y deshacemos, de las pertenencias y las fracturas, de las pasiones en diferentes formulaciones y escenarios epocales con solamente moverse de un lado a otro del escenario, mágica, pesada en sus dichos, irremediablemente Norma Aleandro logró el encanto de la imparidad con estos relatos sobre náufragos, o sea nosotros mismos en un azogue lidiando en las púas de los amores y los dolores, los duelos y las celebridades.
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