Balance primario
Forlán Lamarque – Punta del Este
Lo cierto es que los operadores privados, distanciados del optimista discurso oficial, ya sabían de antemano cómo iba a transitar el fluir de los turistas durante el codo final de diciembre y en el transcurso de todo este mes de enero que ya culmina con impresiones desalentadoras.
El universo inmobiliario, por cierto, ha sido el más afectado, ya que el promedio de alquileres es más que tajante: hubo un 40% menos de renta de alquileres que en igual período del año anterior, lo cual coloca ya no solo el semáforo en amarillo (el de advertencia), sino en rojo (el de pare, revise lo actuado y se comprobará que se está asistiendo a la mayor crisis del sector).
Un operador inmobiliario consultado por este cronista manifestaba desde su lógica reflexiva: «Ya lo sabíamos. Este panorama no va a cambiar si me permito hacer una proyección hacia el futuro. Habrá que a la situación regional, que tuvo mejores ofertas. Pero también hay que decir que habrá que acostumbrarse a este público que llega de pronto y es el que termina fijando los precios. Y son precios por debajo de la pauta normal para un lugar para Punta del Este. O sea, un público que tradicionalmente podía veranear en sitios hermosos como Aguas Dulces, por ejemplo, y se atreve a Punta del Este y alquila por tres, cinco, a lo sumo diez días.
Se ha tratado de un público mayoritariamente uruguayo: regateó precios en todas partes, hizo culto a los hipermercados y con una casa o apartamento rentado, especialmente los fines de semana, «hacían campamento amigos y familiares y es una realidad que hay que masticarla muy bien y acomodarnos a ella», señaló el operador inmobiliario.
Esa línea de operatividad de los veraneantes no parece que vaya a tener un cambio sustantivo de aquí en más, si no se trabaja seriamente en la construcción de una verdadera política turística donde Punta del Este, que parece estar fuera del mercado, logre reposicionarse.
Si bien puede admitirse que la hotelería y gran parte de la red gastronómica adecuaron sensiblemente sus tarifas y así obtuvieron fuerte clientela en tramos cortos de hospedaje durante todo el suceder de fines de diciembre y todo enero salvando de este modo otra crisis, no puede gritarse a los cuatro vientos que ha sido una buena temporada.
Por supuesto que en toda temporada siempre hay alguien al que le va muy bien y otros que empatan y otros finalmente que salen perdiendo. Pero la industria turística no puede simplificarse como si se tratara de un torneo de fútbol: la situación es preocupante en todos los niveles de gestión comercial y/o empresarial, con el plus crítico en el área inmobiliaria, y en donde la sensación de un febrero ya perdido y una temporada baja difícil de sobrellevar ya está en los comentarios de todos los que operan y residen en nuestro principal balneario. Hubo, desde luego, un 20% más de público turista en relación al mes de enero de 2000. Pero la capacidad de gasto de ese público fue notoriamente menor, y es allí donde se decide claramente si se estuvo frente a una buena o mala temporada. A veces las imágenes lanzadas por la televisión, por ejemplo, pueden llamar a engaño: la aglomeración de público en playas, calles y yendo a espectáculos no dejan de ser reales, pero en la perspectiva global la capacidad de gasto ha sido tan puntillosamente controlada por los turistas que el saldo hasta el momento es negativo. Todos o casi todos manifiestan casi robóticamente la misma canzonetta: «Me conformo con empatar y no endeudarme», lo cual es asunto altamente preocupante para un sitio de la envergadura de Punta del Este.
Ahora llegará febrero y la mayoría ha concluido que el asunto es impredecible, aunque intuyen largamente que no va a ser un asunto grato de digerir. «Es que la gente llega y te canta el precio y tenés que finalmente aceptar. Peor es no tener las casas desocupadas. Es tremendo y habrá que prepararse para el inviernito que se nos viene», nos señaló la fuente inmobiliaria.
Habrá eventos importantes (el caso del desfile de Oscar Alvarez, ya una referencia de buen gusto, el festival de teatro, música, etcétera), pero el público es el que va a decidir qué va a hacer con su modus operandi en un febrero que huele más a remanso, a quietud que a vertiginosidad, toda una constante que ya supera el lustro.
«Nuca se sabe. De repente, en febrero, con esto de que el turismo interno se puso al alcance de Punta del Este, podemos llegar a tener agradables sorpresas. Pero no lo podemos saber por el modo que están comportándose los turistas, algo que también ha ocurrido en Brasil, con la diferencia de que en ese país las ofertas y los precios han sido, como el año anterior, muchísimo más tentadores que los nuestros», remató contundentemente el operador inmobiliario.
Ya llega febrero. La casi totalidad de los medios de comunicación levantará campamento, y apenas si dejarán un equipo a modo de guardia por si ocurre algo que le llegue a interesar a su target periodístico.
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