De la ética, los pueblos, y el sector agropecuario

Goy Viera Silva *

La aparente entelequia llamada humanidad, está hermanada –o debería estarlo– con la presencia inmanente de la ética. No podría existir ningún ordenamiento racional –jurídico y/o moral– entre los seres humanos, sin esa premisa inicial. Toda propuesta de interrelación directa o indirecta entre gentes, debe incluir su correspondiente línea ética.

¿Qué es la ética? Entre otras definiciones, la ética consiste en el ejercicio de la responsabilidad que deben practicar las clases dirigentes para cuidar y estimular la dignidad, el respeto, la libertad, el derecho, la moral, la salud, el amor, la familia, la educación, y la economía, además de otros valores indispensables para las personas. Etica es gobernar.

Se ha insistido mucho con que «los pueblos tienen el gobierno que merecen». No es verdad. Sea cual sea la mentalidad de un pueblo, ella ha sido inculcada por su clase dirigente. El pueblo está siempre indefenso ante como el manejo de la educación, la ignorancia, y la propaganda. El manejo de las masas, el manejo psicosocial ha sido más funesto a lo largo de la historia que el uso de armas nucleares. Si un país ha llegado a la categoría de prostituido en su esencia, es porque sus dirigentes han proyectado su propia condición hacia abajo, imprimiéndosela al pueblo. Han tenido las armas, y el poder para usarlas contra la idiosincrasia natural del país. El manejo psicosocial incluye el progresivo embrutecimiento de las masas. En función de masa, el pueblo está indefenso.

En esta columna se ha discurrido antes sobre embrutecimiento de dirigentes y dirigidos. El de los dirigentes incluye ensoberbecimiento. El de los dirigidos –sobre todo el sector rural– implica un problema cultural.

Los productores agropecuarios, han mantenido constantes su vulnerables condiciones psicoculturales y su indefensión a través del tiempo de este país. Al mismo tiempo, siempre ha existido y existe dentro del sector que mantuvo y mantiene relaciones (incluso integrando sus filas) con: industrias, exportación, importación, cooperativas, comercio, banca, intermediación, y gobierno.

Esa ínclita minoría, que no representa para nada los intereses del sector agropecuario, domina el manejo de las gremiales rurales que, han terminado por ser un tentáculo más del libre mercadismo.

¿Qué deberían defender las gremiales rurales?

Veamos: 1) Fijación de precios para los productos, acordes al mercado internacional. (Como el circuito no aftósico y los mercados laneros)

2) Establecer sistemas de comercialización justos, uso de las balanzas de los productores, y pago en culata del camión.

3) Modificar el sistema de remates feria, donde el monto de los gastos demuestra el grado de embrutecimiento actual, y promover además la instalación y uso obligatorio de balanzas en los locales feria.

4) Legislación sobre manejo de información de mercados.

5) Obligación moral del gobierno para la solución del endeudamiento. Verbigracia, promover una ley que permita el acceso directo a refinanciación del exterior, a través de la venta de carteras al BID o AFAPs por ejemplo, con financiación complementaria hacia el futuro. ¿O acaso el sector es culpable de la situación? ¿Qué es la ética para las gremiales y el gobierno? ¿No han visto todavía que el mercado libre es inmoral? ¿O lo sabían de antemano?

6) Exigir una explicación concreta y pormenorizada al gobierno sobre el porqué de su posición en contra de la aplicación en Uruguay de medidas económicas (subsidios, devaluación, etc.) que se practican en el primer mundo. Descartada una devaluación al haberse dolarizado el endeudamiento, debe procurarse una responsable y respetuosa solución para el sector.

Hay que reconocer que este último ítem refleja la ingenuidad a ultranza, rescatada a través de la impotencia y la desesperación.

Sin ética no hay país. No hay gente.

El país es su gente. El país no es un sistema impuesto desde el exterior para beneficio del exterior.

El gobierno, por definición, debe aplicar la voluntad del pueblo. El neoliberalismo es apoyado El resto del país –la gente– no lo quiere. Esto, sin distinción de partidos. Porque cuando decimos oficialismo, nos referimos a

El gobierno está solo . ¿Qué lo impulsa? ¿Qué aliciente tiene entonces para aceptar injerencia extranjera? No es solo un sector el que está disconforme con «El mundo tal cual es», como dijo el señor Presidente. Es todo el «panel» político nacional –o casi todo– quien rechaza la imposición desde el primer mundo de la política que… ¡ni ellos aplican!

No escapa a nadie que esta última afirmación admirativa tiene implícito un déficit ético del gobierno.

* Productor Rural de Cerro Largo

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