Las voces contestatarias llegaron a la cima: Porto Alegre presente en Davos
Quizá pocos acontecimientos recientes reflejen con más claridad el estado actual del mundo que el desarrollo paralelo de la conferencia de Davos, en Suiza y el Foro Social Mundial que tiene lugar en la vecina capital gaúcha.
La reunión de Porto Alegre –en la que hay una interesante participación de organizaciones y personalidades de nuestro país, entre ellas Eduardo Galeano que culminó con su exposición las conferencias del día viernes–, es la continuación de una serie de otras protestas contra el curso de la economía mundial y los males que provoca la globalización neoliberal.
Los antecedentes hay que buscarlos en las manifestaciones contra el Acuerdo Multilateral de Inversores, y las conferencias de Seattle, Washington, Praga y Niza.
Vale la pena recordar que cuando se produjeron las demostraciones contra el FMI, el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio y la Comunidad Europea, una buena parte de los medios de comunicación se empeñó en ignorar las protestas o presentarlas como expresiones demenciales de algunos violentistas que se oponían al progreso científico y sus consecuencias económicas y sociales.
Lo nuevo e impactante de la situación de enero de 2001 es que las voces –hasta ahora ignoradas de las ONGs, los sindicatos, los grupos ecologistas y todos los sectores críticos del capitalismo salvaje y desatado– han logrado una audiencia impresionante.
Para empezar en el propio lugar de encuentro, Río Grande del Sur gobernada por la izquierda, así como su capital Porto Alegre donde el PT y sus aliados han ganado cuatro elecciones para Prefecto consecutivas en los últimos trece años.
Y no sólo entrecasa, o en el vecindario sudamericano.
Lo nuevo ha sido que las voces de la protesta lanzadas en Brasil han resonado en la fría y distante ciudad de Davos, en la opulenta Suiza, donde se reúnen desde 1971, los representantes más conspicuos del poder económico y político planetario.
Atrincherados entre las altas montañas helvéticas, los poderosos financistas de la especulación privada, gobernantes y burócratas de los organismos internacionales oyeron al ministro francés de economía y finanzas, el socialista moderado Laurent Fabius, declararse «feliz porque la reunión de Porto Alegre viene a contribuir al intercambio de puntos de vista sobre la globalización».
O las expresiones del Canciller argentino Rodríguez Giavarini al sostener que «mal haríamos en no escuchar a quienes critican lo que se debe corregir de la globalización. La respuesta de Porto Alegre es parte de ese diálogo».
El prestigio –intelectual, académico, social y político–de las protestas contra el curso actual del capitalismo en el mundo es ya un dato incuestionable.
Ya no hay lugar para que se intente neutralizar estos esfuerzos mediante la distorsión de los datos o la caricaturización de los argumentos expuestos en las distintas conferencias o foros.
El proceso de internacionalización de la economía mundial, la ampliación exponencial de las comunicaciones no constituyen solo atributos de los defensores del «mundo tal cual es», con todas sus injusticias crecientes y su alocada marcha hacia el colapso ecológico.
Por el contrario, miles de organizaciones sociales de todas partes del mundo, especialmente del mundo subdesarrollado, han encontrado el camino para entenderse, aunar esfuerzos, convocar cada vez a representaciones más calificadas a participar en los intercambios, las protestas y la elaboración de propuestas con un signo humanista y justiciero.
Vale la pena celebrar estos avances en la conciencia de los problemas y esta capacidad para buscar caminos alternativos.
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