¡¡¡Basta de inocencia y a pisar fuerte!!!

Jorge Croce *

Mamuelito y el «mostro» Pascuchito en el Carnaval de las Promesas

«…es un monstruo grande y pisa fuerte, toda la pobre inocencia de la gente…»

(Solo le pido a Dios, León Gieco)

 

Estuve en La Paloma.

El lugar, que antes se caracterizaba por el faro, por el puerto y la pesca, por las playas y el agua oceánica, tiene, desde hace un tiempo, en plena avenida principal, un nuevo referente, que es un delicioso teatro de títeres «infantil».

(O no tanto vista la platea y el tono de voz de los festejantes concurrentes).

Allí, merced al manido argumento de llevar al «sobrinito», tuve oportunidad de sacar a luz ese niño que todo ser humano tiene adentro y que llevo y reivindico con orgullo.

La re-conocida (por muchos), obra base del teatro de títeres, que cuenta como personajes principales a Mamuelito y el «mostro» Pascuchito, es de una frescura infinita y da para dejar volar la imaginación hasta límites no imaginados (valga la contradicción).

La verdad es que me quedé pensando en el significado del fondo de la «obrita» (diminutivo aplicado con el mayor respeto para los actores, más bien teniendo en cuenta a los «espectadorcitos» a los que supuestamente va dirigida).

Y de la aparente simple línea argumental me surgió una parábola que quiero compartir con los lectores.

Es obvio que se trata del diálogo imposible entre los dos personajes del título, personeros del bien y el mal, respectivamente, y la resolución final de la situación, mediante la intervención de un tercer personaje, encargado de exorcizar al «mostro» o sea, el personaje que cumple el papel del «matamostros».

En el medio de la situación, evidentemente, surge el mensaje referido al «mostro», definido como grande y que pisa fuerte, toda la inocencia de la gente, como dice la conocida canción de León Gieco.

Y no pude menos que relacionar mi parábola con personajes de la realidad que vive la gente.

Ese diálogo imposible entre Mamuelito y el mostro Pascuchito, me llevó como de la mano, al diálogo intentado por líderes de las cúpulas políticas, que representan o dicen representar, cada uno de ellos, al cincuenta por ciento del electorado uruguayo.

Un diálogo donde también es factible encontrar un «mostro» grande y elocuente, que por su poder, puede pisar y pisa fuerte, destrozando la inocencia de la gente.

Que además tiene, al igual que el «mostro» Pascuchito de la obrita, la condición o cualidad, de ser un personaje entre pintoresco y de despistante simpatía.

Claro que por encima de la simpatía es de aplicación aquel sabio refrán que nos dice que, aunque el «mostro» se vista de simpático, «mostro» se queda.

Es imprescindible tenerlo en cuenta.

Las perversidades las hace igual, aunque revestidas de una pátina divertida y hasta simpática, de acuerdo al presunto público a quien va dirigida la obra.

Presentados como el bien, el mal, los personajes desarrollan su accionar, y la obra se resuelve cuando aparece el «matamostros».

Ese es el final necesario que intenta poner las cosas en su lugar.

Y para terminar, en mi parábola, el «matamostros», no es ni más ni menos que «la gente».

Esa misma gente a la que el monstruo de la canción, destroza la inocencia.

Y mi parábola tiene un lugar y un tiempo real. Es hoy y aquí.

La primera instancia, aunque no sea de nuestra realidad, de interpretación literal en aquello de matar al monstruo, sino para pegarle un revolcón impostergable, que lo frene definitivamente en sus perversos intentos es el 18 de febrero.

Y ojalá sea cierto que haya destrozado la inocencia de la gente.

Porque esa divina condición, que hace tan puros y queribles a los niños, en los mayores suele ser un mal síntoma de inmadurez que suele ocasionar muchos males y trastornos ¡Basta de inocencia ante el «mostro» simpático, de aire forzadamente bonachón y dicharachero!

En el fondo, son «bolas de humo», similares al hongo atómico, que intentan que no se vea el fondo de sus acciones, y sobre todo, de sus verdaderos intereses.

El 18/2 la gente, con o sin inocencia destrozada, dará su opinión.

Seguramente predominará el patriótico interés general sobre los mezquinos intereses individuales de los Noachas del gobierno.

De los Noachas, de sus panegiristas, que a falta de argumentos intentan convencernos de que todos somos corruptos como ellos, y de los cómplices que se han quedado callados, hasta que baje la marea.

Que por algo constituyen un equipo de terror.

¡Salud a los «matamostros» del pueblo!

Hasta su victoria, siempre.

Hasta el 18, pues.

* Dirigente de la CI

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