Informe revela que quienes no aportan viven en zonas suburbanas y tienen un bajo nivel educativo

Perfil del evasor

Según el informe de la Asesoría Económica y Actuarial del BPS, la evasión en la recaudación del organismo «es un problema de larga data» que, si bien en los últimos años se está revirtiendo, «el fenómeno persiste».

Algunos estudios realizados en 1991 cuantificaron que aproximadamente la mitad de la evasión al organismo previsional es por la no afiliación y la otra mitad subdeclaración.

Asimismo, de la actualización de estudios de la Asesoría Económica y Actuarial se desprendió que, para el año 1999, de un total estimado de 1.300.000 puestos que desarrollaban actividades amparadas por el BPS, cerca de 343 mil no cotizaban, lo que significa que uno de cada cuatro trabajadores no hace sus contribuciones. La evasión por no declaración de actividades es «la más perjudicial» para el trabajador, porque lo margina de los derechos de la previsión social.

La evasión, según el documento, juega un papel relevante luego de la reforma, debido a que el nuevo sistema prevé que los trabajadores que no cumplan con el mínimo de años de servicios registrados y no aporten a las cuentas individuales no van a acceder a la jubilación y tendrán importes de pasividades mermados.

El objetivo del estudio, basado en datos de la Encuesta Continua de Hogares del Instituto Nacional de Estadística (INE), es aportar elementos que permitan delinear el perfil de los trabajadores que no están contribuyendo para que sirva de apoyo a la formación de políticas de concienciación, creación de incentivo y fiscalización.

El informe analiza las características personales del evasor y trata de identificar la presencia de aspectos distintivos que lo diferencian del trabajador cotizante.

¿Quienes evaden?

Los trabajadores que fueron identificados realizando actividades amparadas por el BPS pero que no estaban cotizando son en su mayoría «hombres que se encuentran en el Interior urbano».

La estructura por sexo para el total del país muestra que los trabajadores son el 60% hombres y el 40% mujeres.

Si se compara esta estructura con la composición de los trabajadores identificados como cotizantes o la correspondiente al total de activos, se identifica un mayor predominio del sexo masculino entre los evasores en cerca de 2 puntos.

Si se analiza por zona geográfica, se obtiene que el 59,2% del total de los considerados evasores reside en el Interior urbano.

Dicha proporción supera en casi 8 puntos al promedio de activos ocupados del país (51,1%) y en 13 puntos a los considerados como trabajadores cotizantes al BPS (46,2%).

Si bien dicho comportamiento es válido tanto para hombres como para mujeres, la proporción de evasores hombres en el Interior urbano es superior al total (61,6%).

Supera en 8 puntos a los de la Población Económicamente Activa (53,2%) y en casi 14 puntos a los datos de cotizantes (47,9%).

El evasor es una persona cuya edad oscila mayoritariamente entre los tramos de 20 hasta los 49 años de edad, característica que no se diferencia sustancialmente de los cotizantes.

Sin embargo, se identifica en relación a los que cotizan una mayor presencia de evasores en los tramos de los muy jóvenes y en los tramos de los mayores de 60 años.

Los evasores jóvenes son principalmente hombres, en tanto que a edades mayores habría una mayor proporción de mujeres.

Otra característica saliente en el trabajador evasor es que generalmente posee un bajo nivel educativo, cuanto más alto es el nivel de formación alcanzado menor es la proporción de trabajadores evasores.

El 45% del total de evasores tendría solo educación primaria completa, en comparación con un 27,4% del total de cotizantes.

Cuando se refieren a formación secundaria, primer ciclo y formación técnica en UTU, se mantienen proporciones relativamente similares tanto para evasores como para cotizantes.

En los niveles de magisterio, profesorado, universidad e instituciones militares, la proporción de evasores está por debajo del 40% de la proporción de los cotizantes en esas categorías.

En general los hombres evasores presentan menores años de formación educativa que las mujeres.

En cuanto al rol desempeñado dentro del núcleo familiar, los evasores en comparación con los cotizantes ocupan en términos generales lugares secundarios (son hijos mayoritariamente varones, padres o suegros y principalmente mujeres y otros familiares de cualquier género) y solo en el caso de las mujeres se observa que ocupan un lugar principal como jefa de hogar.

Con respecto al estado civil, el evasor tiene una participación mayor que el cotizante en todas las categorías (unión libre, divorciado, separado, viudo y soltero), excepto en la condición de casado/a, que es la característica principal del cotizante.

El trabajador hombre «no casado» es el que predomina entre los evasores, por lo que «parecería que el evasor se asocia con tener menores vínculos formales o familiares», señala el informe oficial al que accedió LA REPUBLICA.

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