La lengua no es de trapo

Pleonasmos y errores

le a los militares tareas policiales». (El Observador, 12/01/01).

 

No sé por qué misteriosa razón los hispanohablantes tienen tantas dificultades con los pronombres personales. Confusiones o errores impensables en otras lenguas están a la orden del día en la de Cervantes.

Véase qué curiosa sintaxis es la que ofrece el enunciado que sirve de ejemplo para la columna de hoy.

En primer lugar, el castellano es probablemente el único idioma que admite lo que los gramáticos llaman dativo de interés, que no es otra cosa que el uso del pronombre personal complemento indirecto de manera casi pleonásmica. En efecto, se supone que la función de un pronombre es remplazar un sustantivo para no andar repitiéndolo al santo botón; por eso, si estoy hablando del perro, diré que le compré un collar nuevo, y empleo ese le en remplazo del sustantivo perro. Sin embargo, diré que le compré un perfume a mi mujer, oración en la que el pronombre le está perfectamente de más. Pero en fin, así son las cosas y no pretendo cambiarlas.

Lo que sí debo señalar como incorrecto es la falta de concordancia entre ese pronombre y el complemento indirecto a que se refiere, error en que se incurre muy a menudo. Parece claro que si es a los militares (en plural) a quienes se asignan tareas policiales, el dativo de interés debiera ser también plural: «…es un grave error darles a los militares tareas policiales.» Personalmente sugiero evitar en lo posible este dativo de interés. Siempre y cuando no suene demasiado extraño, prefiero decir es un grave error dar a los militares tareas policiales. Creo que se gana en sobriedad.

Todo este tema de los pronombres nos conduce a otro fenómeno curioso que saca de las casillas al poeta Sarandy Cabrera. Me refiero al llamado leísmo, consistente en usar el pronombre le (que funciona como complemento indirecto, según acabamos de ver) en lugar del acusativo lo. En vastas regiones de España suelen oírse expresiones como la siguiente: Le invito a una copa, cuando el pronombre que corresponde es lo. La Academia terminó aceptando este vicio pero a condición de que se trate de persona masculina. Es decir, cuando el complemento directo es un ser humano varón. Ni mujeres ni animales ni cosas en función de acusativo admiten ser remplazados por le o les. Pero todo eso es en España, porque acá, no me diga que no suena afectado… ¿no le parece, Pereira?

–Talmente. Yo nunca digo le invito a una copa porque siempre espero que me inviten a mí…

–!Qué lo parió!

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