¡Qué suerte!
Horacio Buscaglia
Iba mirando por la ventanilla del ómnibus, cuando pasamos por uno de esos cráteres que produjeron las lluvias en algunas calles. Esos cráteres tan festejados y magnificados por el diario El País. ¡Les encanta que la ciudad se hunda! ¿vio? Yo siento que ellos están deseando que a Montevideo y a los montevideanos le pasen las cosas más espantosas, para poder echarle la culpa a la Intendencia.
Bueno, no sé por qué agarré para este lado. El asunto era que cuando vi el tal cráter me acordé de que mañana se cumplen 10 años de la famosa «Tormenta del desierto». La guerra del Golfo.
Aquella guerra tan limpita, tan colorida y tan virtual y que alcanzó tanto rating, salvo algunas excepciones. Recuerdo que iba recorriendo los canales de televisión y en todos veía a los corresponsales de CNN, al general Sinvocales, (Schwarzkopf se llamaba), a los mapas digitales, hasta que de pronto me encuentro con un señor hablando a cámara muy tranquilamente sobre El lago de los Cisnes o El Cascanueces: había llegado al Canal 5. Esta maravillosa prescindencia del mundo real, primero me hizo mucha gracia, pero luego, cuando los «videogame» de la guerra comenzaron a hartarnos, el 5 se transformó en un espacio de verdadera reflexión hasta cuando te encontrabas con el «Sello de Hoy».
Aquella fue una guerra tan hollywoodense, tan sin sangre, tan sin violencia, para los telespectadores del mundo, que muchos se sorprendieron cuando se enteraron de que aquellas luces que cruzaban el cielo con aquellas silenciosas explosiones que iluminaban la pantalla de colores espectaculares significaban militares y civiles irakíes muertos. 100.000 sabemos hoy, según algunas fuentes.
Y la incontable destrucción de bienes materiales así como la responsabilidad por desastres ecológicos de gran magnitud.
Quinientos mil norteamericanos, que no vimos en la tele, pelearon contra un enemigo que sus propios jefes habían armado no hacía mucho tiempo. Recuerdo cómo me enojaba cuando me preguntaban si yo estaba de acuerdo con EEUU o con Irak.
¿Y por qué tengo que elegir entre ellos dos?, decía yo.
Las heridas causadas por aquella guerra «virtual» siguen sangrando.
Y no sólo en Irak, aunque las muertes de los «aliados» fueron muy pocas (en términos militares), más de 100.000 de ellos han padecido serios trastornos posguerra.
Hoy Saddam Hussein decidió donar 95 millones de dólares a la ONU para que sean utilizados en ayudar a los 30 millones de norteamericanos que viven por debajo de la línea de pobreza, mientras justifica la pena de muerte en su país.
Clinton, mientras tanto, se ve obligado a realizar un discurso contra el racismo en las conmemoraciones por Martin Luther King, mientras en Carolina del Sur sigue ondeando, como bandera del estado, la antigua y racista bandera sureña.
Ha comenzado un nuevo milenio. ¿Se nota, no?
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