"Vergüenza por cantegriles"
La Iglesia Católica montevideana clausuró ayer el Año Santo, con un llamado lanzado por su arzobispo hacia las madres, para la evangelización de sus hijos, «aún cuando estén en su vientre». Propuso regalar a Cristo el sacrificio y el rezo de cada uno, al igual como los Reyes Magos obsequiaron al niño Jesús la mirra y el incienso.
En todo el mundo finalizó ayer el Año Santo denominado «Jubileo del Año 2000″, tiempo en el cual la Iglesia llama a renovar esfuerzos y buscar el perdón y la reconciliación entre las personas.
Según la tradición, el Año Santo se celebra cada 50 años y durante este período los esclavos eran liberados y se registraba una justa distribución de tierras. En los últimos siglos, el año jubilar es celebrado cada 25 años.
El Jubileo del Año 2000 duró 379 días. Comenzó el 25 de diciembre de 1999 con la apertura de las «puertas santas» y finalizó ayer, con las clausuras de las mismas.
En nuestro país, la ceremonia de clausura de este acontecimiento transcurrió entre los últimos días de diciembre y primeros de enero. Ayer, 8 horas después que el papa Juan Pablo II cerró la puerta santa, monseñor Nicolás Cotugno, arzobispo de Montevideo, celebró la misa de clausura del Año Santo. Paradójicamente, el prelado afirmó que «el Gran Jubileo no se terminó. Lo que concluyó fue el año 2000, pero todavía persiste el impulso de gracia y misericordia que el Señor nos ha dado».
También ayer fue la última oportunidad para atravesar las puertas santas en todo el mundo y conseguir a través de la confesión, el indulto de los pecados. Sin embargo, a las 12 del mediodía, hora de comienzo de la misa, el párroco de la catedral, presbítero Gonzalo Estévez, anunció que por falta de sacerdotes no se recibirían las confesiones. No obstante, precisó que los fieles tenían un plazo de unos 15 días posterior al 6 de enero para recibir la gracia en las distintas parroquias.
En su homilía, monseñor Cotugno formuló votos para que algún día, la sociedad montevideana «sienta por los cantegriles y asentamientos humanos la misma vergüenza que se tiene hoy por la esclavitud pasada».
Señaló que la gente se acostumbró a ver esta realidad y advirtió que nadie tiene la solución mágica a los problemas. Ante esta situación, Cotugno llamó a crear una Iglesia solidaria, tanto en la actividad social como política para transmitir la luz de Cristo, por encima de todo.
«Lamentablemente todavía hoy, por encima del bien real de nuestros hermanos está el partido político y el poder y no luchamos juntos para poder solucionar la situación de aquellos que viven en condiciones infrahumanas», señaló el obispo.
Instó a los católicos ser promotores de la persona humana por encima de los partidos y líderes políticos.
El arzobispo propuso a la feligresía seguir apoyando el nuevo plan pastoral del siglo XXI y redoblar esfuerzos para la evangelización que, a su entender, es posible y necesario.
El prelado hizo una comparación de los obsequios hechos por los Reyes Magos al niño Jesús, con los que deberían ser los regalos actuales de los católicos hacia la figura de Cristo.
Dijo que debían entregarse a Dios, empapando la vida de oración y rezo. Hizo, además, un llamado específico a las madres para «enseñar a rezar a los hijos desde su vientre», y «engendrar para Dios».
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