El escritor Mario Benedetti criticó a Estados Unidos, a la globalización "hipócrita" y a la falta de apoyo a la educación

"Temo que la humanidad se esté suicidando"

Hugo Acevedo

El poeta, novelista, cuentista y ensayista recibió a LA REPUBLICA en el café literario «Tabaré» de la librería Mosca, donde firmó libros a numerosos admiradores y posó para la foto junto a una auténtica legión de jóvenes que por momentos le abrumaba.

En extenso reportaje exclusivo concedido a nuestro diario, el autor de «La tregua», «Gracias por el fuego», «Viento del exilio», «Andamios» y «La vida ese paréntesis» entre otros inolvidables títulos, observó con ojo crítico las angustias e incertidumbres del nuevo milenio, elogió la apertura de Jorge Batlle en el tema de los desaparecidos, descalificó a Julio María Sanguinetti y manifestó su profundo respeto y admiración por el Premio Nobel de Literatura José Saramago, a quien consideró el último gran referente contemporáneo.

Con su hablar pausado, con acento siempre punzante, sensible y hasta irónico, Benedetti no soslayó ningún tema, hablando incluso de la muerte a la cual consideró una consecuencia lógica.

–Usted, además de un exitoso escritor, es reconocido como una voz crítica importante de nuestro tiempo. Cuando este turbulento siglo XX sea un mero recuerdo en su memoria, ¿Lo va a extrañar?

–Fue un siglo realmente muy duro. Me preocupa este recurrente tema de la globalización y que Estados Unidos haya quedado como única potencia a nivel planetario.

No es que yo esté de acuerdo con lo que fue la Unión Soviética, pero la unipolaridad actual es un problema muy peligroso.

–Creo advertir cierto pesimismo en una persona que todos identificamos con el optimismo. ¿Esta percepción es correcta?

–Yo siempre he afirmado que los pesimistas son optimistas bien informados. Pero, al margen de la ironía, confieso que estoy muy preocupado por el futuro.

Ya tengo 80 años de edad y seguramente me debe quedar poco de vida. Llegará un momento en que sobrevendrá la muerte, que, en mi opinión, no es ningún privilegio ni castigo especial.

Pero quiero que se entienda bien: a mí no me preocupa que la gente vaya muriendo, sino que existe el riesgo de que muera la humanidad y que siga caminando hacia el suicidio.

Aspiro a que quede una humanidad creativa a través de las generaciones y que no desaparezca.

República bananera

¿Cuál sería el camino para revertir esta crítica coyuntura que se observa a nivel planetario?

–Para que haya un cambio positivo a nivel mundial, la alternativa es que en Estados Unidos surja una oposición firme. Es decir, que los norteamericanos derroten a a su propio modelo.

–A propósito de Estados Unidos, parece una tentación reflexionar, aunque sea brevemente, respecto al complejo desenlace electoral que culminó con la elección de George Bush.

–En esa elección, Estados Unidos demostró que no se diferencia en mucho de las repúblicas bananeras que creó. Además, yo tengo la impresión de que fue un resultado injusto y que hubo trampas.

–En una entrevista anterior que yo le realicé, usted me afirmó que, en su opinión, los tres motores de la historia habían sido Jesús, Marx y Freud. Si usted tuviera que seleccionar referentes del siglo XX, ¿a quién mencionaría?

–Creo que son muchos y sería injusto mencionar algunos nombres por temor a excluir a otros. Creo que el último gran referente es, sin dudas y por más de un motivo, José Saramago.

–No quiero inducirlo, pero yo hubiera apostado a que usted me iba a mencionar enseguida al «Che» Guevara.

–El «Che» fue muy importante, pero prefiero no mencionar otros nombres.

Saramago es un referente y un colega, pero además es una persona una gran inteligencia y sentido de la solidaridad, que es un patrimonio que en estos tiempo afronta una profunda crisis.

–En su discurso literario que es siempre muy crítico y comprometido, usted ha asociado a la globalización con el neoliberalismo. ¿Es la globalización un fenómeno meramente económico o tiene componentes éticos?

–Creo que es un fenómeno económico pero también ético. Creo que lo que más caracteriza a la globalización es la falta de respeto a los pueblos más pobres y una demostración de la vanidad del poder y del dinero.

Suele hablarse mucho de la globalización económica y política, pero jamás se menciona la globalización de la hipocresía. Sin dudas, vivimos un mundo hipócrita.

–¿Por qué motivo vocablos como oligarquía, latifundio o revolución –terminología que era muy habitual hace treinta años– parecen hoy despertar cierto rechazo incluso en quienes se autoproclaman como progresistas?

Lo que sucede es que el mundo cambia y también cambian, en consecuencia, las palabras que lo caracterizan. Quizás habría que modificar las expresiones del discurso por otras más acordes con la realidad actual.

–Entonces, ¿no es un problema de contenidos sino de formas?

–Nunca se puede soslayar el contenido. De todos modos, hay que modificar el lenguaje, pero siempre manteniendo los contenidos.

–¿A usted le parece que tenemos un gobierno divertido?

–Yo no creo, en modo alguno, que este sea un gobierno divertido. Sin embargo, Batlle tiene la ventaja de que su predecesor fue Sanguinetti y ser mejor que Sanguinetti realmente no es muy difícil.

El se equivoca en muchas cosas y hay muchos sectores que lo presionan. Creo que hay algo que lo ayuda que es el apellido, que es un apellido de prestigio. José Batlle y Ordóñez fue el político más interesante y más creativo que tuvo el país.

Además, Batlle no puede ser reelecto. Por eso, pienso que pese a los errores que ha cometido, Jorge Batlle no quiere dejar enchastrado su apellido. Creo que hay que abrirle una carta de crédito que a Sanguineti no le hubiera abierto jamás.

Es destacable su actuación en un tema tan punzante como el de los desaparecidos. Se ha portado mucho mejor que Sanguinetti. El ejemplo más concreto es la aparición de la nieta de Juan Gelman. Mientras que Sanguinetti dijo durante un año que no pasaba nada, Batlle tuvo un alarde de sensibilidad.

Ojalá que esos factores positivos primen sobre sus factores negativos, que los tiene y son muchos.

La cultura por la borda

¿Cuáles son esos factores negativos?

–Esos temas ya habría que analizarlos con una óptica económica o política. Sin embargo, hay un tema que mucho me preocupa que es la falta de apoyo a la Universidad. Todos saben que yo siempre estuve ligado a la Universidad. Fui docente e incluso la Facultad de Humanidades me entregó el título de profesor emérito.

Es increíble que no se haya puesto un acento mayor, empezando por el propio Presidente de la República, en la asistencia financiera a la Universidad.

Aunque pueda disentirse con mi opinión, yo creo que no hay país que pueda enfrentarse en forma estimulante con el futuro si no mejora su nivel cultural.

Los gobiernos, en general, tiran por la borda la cultura y la educación.

Espero que Batlle se sobreponga a esa tendencia, pero, hasta ahora, no ha dado muestras de tener una actitud diferente.

–¿No será una actitud deliberada para apostar a una sociedad gregaria y fácilmente manipulable?

–No creo que llegue a tanto la intención aviesa de los gobernantes. Lo que sí considero es que tienen un gran prejuicio, porque cuando los pueblos son analfabetos e ignorantes se les puede dominar con mucha mayor facilidad.

Además, en nuestro tiempo hay otro fenómeno que es la televisión. Hoy, aun los pueblos más ignorantes, se enteran de lo que sucede a través de este medio.


En contraste a lo que sucede hoy, José Batlle y Ordóñez fue un hombre muy preocupado por el tema educativo.

–Es cierto. Además, a partir de sus creencias, se confesó ateo, se preocupó por los sindicatos. En una oportunidad, durante una concentración de trabajadores frente a Casa de Gobierno, Batlle les dijo que siguieran con la huelga, porque él había inventado la ley que la legalizó.

–Usted siempre ha demostrado preocupación por los jóvenes, habiendo cosechado la admiración de más de una generación.

–Los psicólogos políticos saben que los jóvenes son peligrosos. Todos los grandes transformadores de la historia comenzaron a elucubrar sus cambios durante su juventud. La estrategia parece ser neutralizar a esa juventud, incluso en la música. Yo no tengo ningún prejuicio contra el rock, pero parece haber un propósito de que las letras sean vacías, estructurales y con versos estúpidos.

De todos modos, siempre nos queda la satisfacción de observar que algunos jóvenes están reaccionando a tiempo.

Otro síntoma positivo es que algunos jóvenes se acerquen a los cantantes que dicen cosas importantes o a los recitales de poesía.

–¿Cuáles son sus expectativas respecto al año 2001? ¿Percibe un año sombrío o alentador?

–La expectativa que tengo es que, de una buena vez, prime la justicia social, no sólo en el tercer mundo sino también el primero. Por ejemplo, en Estados Unidos hay actualmente dos mil quinientos condenados a muerte. Es una medida regresiva.

–¿Qué balance puede hacer de su carrera literaria y de su vida?

–Siempre traté de ser coherente, lo que me trajo disgustos. Si naciera de nuevo, creo que no me arrepentiría de casi nada.

–¿Internet será la muerte del libro?

–Siempre que aparece un medio nuevo sucede lo mismo. Cuando apareció el cine, se pronosticó la muerte del teatro y lo mismo sucedió cuando irrumpió la televisión, pero no fue así. Cuando yo escribo un cuento en la computadora, recién al leer la impresión me percato de que existe. Sin dudas, el libro sobrevivirá, porque es irremplazable.

Yo aprecio la utilidad de la computadora. Sin embargo, recuerdo que, hace años, escribí «La tregua» a mano en Sorocabana, aprovechando que trabajaba en Ciudad Vieja y tenía dos horas de descanso.

–¿Se considero exitoso o fracasado?

–Ni una cosa ni la otra. Más bien soy difundido.

–¿Cuándo aparecerá su nuevo libro?

–En marzo. Se llamará «El mundo que respiro» y será un libro de poesía.

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