LA LENGUA NO ES DE TRAPO

No se olvide: los adverbios son invariables

Juan Mendieta

Antes de atacar el tema que hoy me propongo analizar junto a usted, amigo lector, quiero agregar algo que me quedó en el tintero (mejor dicho en el teclado), y que tiene que ver con valorar y valoraciones, tema tratado en la columna anterior.

Como se dijo, valorar significa siempre dar valor en sentido positivo. Ahora bien, piense el lector cuántas veces se habrá encontrado con el calificativo invalorable acompañando a los sustantivos ayuda, aporte, apoyo, cuando se quiere expresar un elogio mayúsculo: Gracias a su invalorable apoyo, pudimos resolver el problema; Ese dato fue un aporte invalorable, etcétera. En rigor, si decimos que alguien nos dio una ayuda invalorable, estamos manifestando que esa ayuda no tiene valor alguno puesto que no es posible valorarla, es decir darle valor; exactamente lo contrario de lo que se pretendía expresar.

Sin duda lo que corresponde es el uso de cualquier otro de estos adjetivos que sí dan la idea de algo de gran valor: inestimable, inapreciable, incalculable, con los cuales expresamos que la ayuda o el apoyo fueron tan importantes que resulta imposible darles su justo valor. ¿Quedó claro?

Pero lo que me proponía tratar hoy son las dificultades que ofrecen ciertas palabrejas que pueden funcionar tanto como adjetivos cuanto como adverbios. Veamos lo que se había escrito y que felizmente los correctores advirtieron: «Una cuestión legal de mucha mayor importancia». ¿Por qué, si decimos mucha gente, muchos autos –haciendo la concordancia en género y número–, la proposición citada es incorrecta? Por la sencilla razón de que en el caso de mucha gente, muchos autos se trata de un adjetivo que debe concordar con el sustantivo, mientras que en el otro caso funciona como adverbio que modifica a un adjetivo. Y como cualquier abombao sabe, : no tienen género ni número y no acompañan por tanto las posibles variaciones de los adjetivos. Recordemos que los adverbios agregan algo –modifican o se refieren– a un verbo, a un adjetivo o a otro adverbio. Si digo Esta noche beberemos mesuradamente, la última palabra es un adverbio de modo que modifica al verbo beber.

–Diga Mendieta, ¿qué le parece si la seguimos la semana que viene? Porque usté se pone a hablar de beber y a mí se me agranda la sed que traigo…

–¡Qué lo parió!

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