La lengua no es de trapo

Ambigüedades y confusiones

Juan Mendieta

Las trampas que a diario nos tiende el idioma parecen no tener fin.

?Recuerda el lector el caprichoso uso de la preposición a antes del complemento directo? Pues bien (como se advierte, contesto por él y doy por sentado que sí lo recuerda), veamos la siguiente oración –tomada de los cables que informan sobre las elecciones en EEUU– en la que, según el acusativo vaya precedido de a o no, el mensaje que se transmite puede sufrir un cambio importante: No se conoce el vencedor; No se conoce al vencedor. En la primera se da a enteder que no se sabe aún quién, de los dos candidatos, resultó vencedor (no se conoce el nombre del ganador). En la segunda, en cambio, lo que debe entenderse es que hay un vencedor cuyo nombre nos ha sido proporcionado pero de quien no conocemos ni su trayectoria ni su programa. ?No está de acuerdo?

En fin, el idioma nos depara estas curiosidades que vale la pena comentar. También la presencia o ausencia de tilde puede hacer variar radicalmente el contenido del mensaje. Observemos estos dos enunciados: Es fácil imaginar que escribirán y Es fácil imaginar qué escribirán. El primero puede ser dicho en referencia a parientes o amigos que viven lejos y de quienes suponemos que mantendrán comunicación epistolar. La segunda expresa una suposición sobre el contenido de las misivas. Algo similar ocurre con este otro enunciado: No tengo que comer (por indicación del médico debo abstenerme de ingerir alimentos) y No tengo qué comer (tengo hambre y la despensa está vacía).

Pero las ambigüedades no terminan aquí. En tiempos del último rebrote de fiebre aftosa –hace de esto uno dos meses– pudimos leer un titular realmente sobrecogedor; decía así: Se mataron reses por la aftosa. Como la autoeliminación no es una costumbre demasiado extendida entre los bóvidos rumiantes, semejante información me llenó de congoja y de sorpresa. No bien comenté el insólito suicidio con el jefe de página, éste me advirtió que en modo alguno se trataba de una decisión extrema de los bovinos para evitar una agonía terrible sufriendo los estragos del mal. No, los animales afectados por la fiebre recurrente habían sido muertos, víctimas del rifle sanitario. Ese se no oficiaba como pronombre reflexivo (como ocurre en Se mató por un desengano amoroso tirándose de un décimo piso) sino como una de las formas de voz pasiva, como es el caso en Se ignoran los motivos que tuvo para tomar esa trágica decisión.

–Un caso clarísimo de autosuicidio, ?no Mendieta?

–!Qué lo parió!

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