El Ramón Collazo sigue de fiesta

A primera hora actuó abriendo el espectáculo, en la categoría de negros y lubolos, Sinfonía de Ansina.

Pagando tributo a no haber hecho ni un solo escenario antes de concursar, la comparsa de los Oviedo, si bien desplegó lucidamente todos sus atributos tanto en vestuarios como en bailarines, trofeos, personajes típicos, le faltó el empaste necesario para que funcionara correctamente al nivel del coro y movimiento escénico. El enorme sacrificio que seguramente debió hacerse para presentar decorosamente una agrupación tan numerosa, entiendo que no se vio compensado con el resultado alcanzado.

Para destacar de la actuación, la presencia debutando de Rosana Muniz que junto a Yamila Oviedo cumpusieron una bella imagen al frente de la comparsa. La presencia de Pedro Ferreira hijo, con la escoba, fue también otro de los muy buenos momentos de Sinfonía que arrancó merecidos aplausos por su técnica y su prestancia.

Deberá revisarse para el futuro lo injusto de estos handicaps que otorgan los conjuntos participantes en las primeras de cambio en el concurso oficial. No tanto, la ubicación en el mismo.

Lo que deberá trabajarse es sobre cómo arbitrar actuaciones que les posibiliten por lo menos tres o cuatro escenarios antes de concursar.

A segunda hora actuó murga la Gran Siete conformando un espectáculo de buen nivel en cuanto a todos los elementos técnicos que la rodearon. Buenos vestuarios, excelentes maquillajes conformando un todo con el trabajo notable de peinados, responsabilidad de la galardonada Mariela Gotuzzo.

Cantando la murga realizó un espectáculo parejo donde el coro bien ajustado y en sus mejores pasajes, parado de frente a los micrófonos, rindió muy bien.

El nivel de la murga se inscribe dentro de lo realizado en los últimos años, sin arriesgar demasiado, como conformándose en escalar posiciones escalón a escalón.

Tiene textos por momentos chispeantes, divertidos, por momentos exageradamente intelectualizados, medidos claro está, con la poco docta vara de raciocinio mediocre y limitada erudición literaria y musical, adjudicado a algunos perodistas carnavaleros (entre los que no tengo por qué sentirme excluido), por el director responsable de la Gran Siete, al cabo del carnaval 99.

Aun con esas limitaciones, estimo haberme sentido atraído por lo realizado por La Gran Siete, no obstante ser consciente que corro el riesgo de, también en esto, haberme equivocado groseramente.

Luego del intervalo uno de los mejores espectáculos de la jornada. Espantapájaros de Medianoche, realizó una soberbia demostración, en una evolución permanente en sus actuaciones desde su creación, ésta es innegablemnente la más acabada.

Se puso especial énfasis en dotar a la puesta de elementos técnicos, enriqueciendo visualmente un trabajo de alta calidad con convicción, con firmeza.

Tanto en la parodia de Martín Aquino como en la notable recreación de García Lorca, el Tano Di Lorenzo maneja a sus personajes con calidad y dotándolos de profunda credibilidad.

Lo alegre, lo divertido, no resulta en este caso un injerto «traído de los pelos». Resulta algo absolutamente natural que no se quiebra por la irrupción de situaciones dramáticas.

Se conjugan, como la vida misma, en un incesante fluctuar de lo alegre a lo triste, de lo bueno a lo malo, a veces, sin solución de continuidad.

Todo en Espantapájaros se aúna para esta excelente actuación, como va dicho cuidando todos los rubros. Se canta muy bien, se baila muy bien. Todo el espectáculo se disfruta no sólo por intencionalidades sino por la forma de plasmarlo sobre el escenario, con actuaciones sin fisuras. Hacer destaques en estas circunstancias podría resultar injusto dado el nivel de todos los que participaron. Simbolicemos en la presencia de Gilda Gutiérrez componiendo tanto a García Lorca, en forma impecable como a la «madraza» al decir de Pepe Veneno, en la parodia de Martín Aquino, también excelentemente interpretado por Chulín Márquez.

Gran momento de Espantapájaros que dejó el escenario con una merecida ovación.

El cierre no menos espectacular fue para Reina de La Teja.

Cantando muy bien, con una dinámica excepcional hizo volar casi como las aves que representaba, el tiempo de la actuación.

Con un texto fuertemente politizado, casi diría partidizado, Reina de La Teja aborda su actuación con un gran despliegue de elementos que enriquecen paso a paso su actuación.

Sus voces, su puesta en escena. Sus vestuarios multicolores, plenos de brillo y estéticamente atractivos y creativos. La Reina dejó el alma en el escenario, estableciendo nuevos parámetros para referencias en la categoría.

La tribuna vibró con su actuación, las banderas que se desplegaron en el escenario ya estaban ondeando al viento en las tribunas.

Es que también en esto, la Reina se confunde con su gente integrando un todo armónico y solidario entre la murga y los suyos, que en definitiva son una misma cosa, un pedazo muy grande del corazón de La Teja.

Reina cumplió y dio un gran espectáculo.

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