Técnicos uruguayos ya tienen una vacuna experimental

Guerra a la hidatidosis

Un grupo de investigación sobre hidatidosis, liderado por el jerarca universitario, ha fabricado un kits sintético para diagnóstico, poniendo en marcha la firme posibilidad de fabricar una vacuna contra la enfermedad. La vacuna se encuentra en avanzada etapa de pruebas.

La Comisión Honoraria de Lucha contra la Hidatidosis mantiene registro de las 250 personas operadas de quiste hidático en 1998, lo que marca la incidencia de esta afección en el ser humano. Si bien el número de pacientes se redujo a la mitad respecto a los registros de hace una década, el camino a recorrer para erradicar este mal es aún muy largo.

Se está trabajando en varios frentes. Por un lado, está operando la propia comisión, en su tarea de desparasitar a los perros y tratando de educar a la sociedad para prevenir la enfermedad.

Mientras tanto, un grupo de investigadores está abocado a explorar nuevos métodos de prevención.

Resultados alentadores

El decano de la Facultad de Química explicó que en imunodiagnóstico se ha avanzado bastante, añadiendo que se ha hecho la identificación de las distintas moléculas que produce el parásito y que pueden ser útiles para el diagnóstico.

«Cada una de esas moléculas fue estudiada en forma detenida. Las sustancias que se reconocieron como importantes para el diagnóstico, fueron el antígeno B y antígeno cinco».

También se hizo un estudio bioquímico de esta sustancia que se ha llegado a conocer muy bien, «por lo que somos capaces de producirla por ingeniería genética, en un trabajo conjunto con un grupo de la Universidad de Río Grande Do Sul, obteniendo resultados que pueden patentarse», explicó Nieto.

Hasta el momento, se ha logrado sintetizar un pétido sintético que permite sustituir a todas las moléculas del parásito. Este funciona mejor que las propias proteínas de la larva de la tenia equinococus.

Se pueden también realizar análisis de sangre, para saber si la personas estuvo afectada por el parásito de hidatidosis. «Además de la producción del pétido sintético, se incorporó tecnología que puede ser usada para cualquier otra cosa y conexiones internacionales que nos permiten usar esa metodología con equipos de otra gente a los cuales accedemos. Alrededor de esto, se ha generado un equipo de investigación sólido y bien relacionado con la gente que trabaja en estas cosas en el resto del mundo».

El decano explicó que «hay un laboratorio de biotecnología, que desarrolla productos utilizables y desde hace años se están fabricando kits para el diagnóstico de diferentes enfermedades, entre ellas la hidatidosis. Después de encontrar un pétido sintético que funciona bien, lo usual es que se deje el ámbito de laboratorio y se pruebe en forma masiva. En este proceso, está trabajando y aportando sus conocimientos el laboratorio de biotecnología que dirige el profesor Batistoni

En el Instituto de Higiene de la Facultad de Medicina funciona un laboratorio de vacunas recombinantes que fue generado en colaboración con los departamentos de producción, microbiología y la cátedra de inmunología.

La vacuna antihidatidósica

El decano Nieto describió el procedimiento del joven investigador, doctor Alejando Chavalgoity, como «una vacuna contra la hidatidosis para aplicar en los perros». «La idea es vacunarlos para cortar el círculo y evitar que se infecten los humanos», destacó.

Nieto explicó que «se está desarrollando un proyecto de ingeniería genética que si tiene éxito y se logra que el perro no se infecte con el parásito, estaría desapareciendo la enfermedad».

La hidatidosis desde el punto de vista de la inmunología es una buena excusa para formar inmunólogos, por lo que en esta área se estudió siguiendo distintos caminos: uno de ellos fue el saber cuáles son los mecanismos que el parásito usa para escaparse del sistema inmune del hospedador.

Los parásitos han evolucionado junto con los mamíferos, logrando sobrevivir junto con el huésped. El equinococus, que produce la enfermedad, logra vivir entre 10 y 15 años sin que el hombre se percate de ello, con un alto nivel de capacidad para evadir la respuesta inmune

Para encarar este aspecto, hay un grupo de investigadores que ataca varios frentes del problema, intentando desglosar la interacción que hay entre el parásito y su hospedador. Para ello, se trabaja con animales de laboratorio como ratones, porque permiten una tarea mucho más sistemática.

No obstante, en la medida en que se avanza, se puede comenzar a hacer aplicaciones para ver qué sucede con las personas.

También se trabaja para conocer los efectos que tiene el parásito sobre las sitoquinas que secretan los linfocitos. Las sitoquinas son moléculas que transmiten un mensaje entre los linfocitos o de éstos hacia otras células. Por ello, la hipótesis de trabajo fue que este parásito debe, de alguna manera, desordenar la forma de comunicación entre las células del sistema inmune, para que la transmisión de mensaje sea equivocado y no lo ataquen eficazmente.

Otra de las líneas de investigación se orienta a identificar qué moléculas del parásito ayudan a producir estos efectos sobre las células del sistema inmune que funcionan en el individuo.

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